Bautismo

Análisis Interactivo: Bautismo y Salvación

Bautismo y Salvación

Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable

Introducción: La Cuestión Fundamental

El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.

La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable

El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.

"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."
- Marcos 16:16

Análisis de la secuencia salvífica:

1. Creer (πιστεύσας - pisteusas)
+
2. Ser Bautizado (βαπτισθεὶς - baptistheis)
=
3. Ser Salvo (σωθήσεται - sōthēsetai)

Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.

La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua

El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."
- 1 Pedro 3:21

TIPO: El Diluvio

  • Un mundo corrompido destinado al juicio.
  • El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
  • Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
  • El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.

ANTITIPO: El Bautismo

  • Una humanidad pecadora bajo condenación.
  • El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
  • El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
  • La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.

Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.

El Instrumento para el Perdón de los Pecados

El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.

Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés

+
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."

La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.

Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo

+
"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."

A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.

Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan

+
"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."

Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.

La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"

El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.

"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."
- Hechos 2:40-41

Análisis de la Conexión Causal:

  1. La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
  2. La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
  3. La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
  4. La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".

La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.

Conclusión Exegética

Los testimonios bíblicos, desde el mandato directo de Cristo hasta la exégesis tipológica y la práctica apostólica, convergen en una conclusión ineludible: el bautismo no es un apéndice opcional a la fe, sino una parte integral y necesaria del plan de salvación ordenado por Dios. Es el momento en que la fe obediente de un pecador arrepentido se encuentra con la gracia de Dios para el perdón de los pecados, resultando en la salvación a través del poder de la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, para quien desea obtener la salvación, la pregunta de Ananías resuena a través de los siglos: "¿Por qué te detienes?".

lunes, 22 de octubre de 2007

El imperio de los Medos y los Persas

 

Medos, Media

 

Media era el nombre de la parte NO de Irán, al SO del mar Caspio y al N de Ios montes Zagros, que abarcaba la actual provincia de Azerbaiján y parte del Kurdistán persa. Los habitantes llevaban el nombre de medos o medios y eran jafetitas (Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras. Gn. 10.2), cuyo linaje ario lo confirman Herodoto, Estrabón, y lo que todavía queda de su lengua. Los medos eran moradores de las estepas, y su nombre fue mencionado primeramente por Salmanasar III, quien incursionó por sus llanuras en 836 a.C. para conseguir sus famosos caballos, criados con suma pericia. Reyes asirios posteriores lo imitaron y procuraron mantener abiertos los pasos orientales para los mercaderes. Adad-nirari III (810–781 a.C.) afirma haber conquistado "la tierra de los medos y Parsua (Persia)", como lo hicieron Tiglat Pileser III (743 a.C.) y Sargón II (716 a.C.). Este último transportó israelitas a Media después de haber invadido la parte de la tierra gobernada por Dayaukku (Deioces), a quien exilió por un tiempo en Hamat (En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria y llevó a Israel cautivo a Asiria. Los estableció en Halah, en Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos… El rey de Asiria llevó cautivo a Israel a Asiria, y los estableció en Halah, junto al río Gozán en Habor, y en las ciudades de los medos. 2 R. 17.6; 18.11).

 

Esar-hadón obligó a sus vasallos mediante tratados, pero pronto estos se rebelaron y se unieron a los escitas (Asguza) y cimerios contra el declinante poderío de Asiria después del 631 a.C. Bajo Fraortes comenzaron los ataques abiertos que culminaron con la caída de Nínive (612 a.C.) y Harán (610 a.C.) ante Kiaxares de Media y sus aliados babilonios. Los medos controlaban todas las tierras al N de Asiria y tuvieron conflictos con Lidia hasta que se ratificó la paz en 585 a.C.

 

En el 550 a.C. Ciro de Ansánzx derrotó a Astiages y subyugó a Media, capturando la capital Ecbatana y agregando "rey de los medos" a sus títulos. Muchos medos recibieron cargos de responsabilidad, y sus costumbres y leyes fueron combinadas con las de los persas (Ahora, pues, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, que no puede ser abrogada… Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: —Sabes, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado. Dn. 6.8, 15). Media se usó a veces para denotar a Persia pero más generalmente se combinaba con la misma para denotar la parte principal de la nueva confederación (En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos: estos son los reyes de Media y de Persia. Dn. 8.20; Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se inscriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: "Que Vasti no se presente más delante del rey Asuero"; y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella. Est. 1.19). Los medos tomaron parte en la captura de Babilonia (Dn. 5.28: Tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas.), como los vieron los profetas Isaías (13.17: He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata ni codiciarán oro.) y Jeremías (51.11, 28: ¡Limpiad las flechas! ¡Embrazad los escudos! Jehová ha despertado el espíritu de los reyes de Media, porque contra Babilonia es su pensamiento, para destruirla. Porque la venganza es de Jehová, la venganza por su templo… ¡Preparad contra ella naciones, los reyes de Media, sus capitanes, todos sus príncipes y todo territorio de su dominio!). Al nuevo gobernante de Babilonia, Ciro, se le llamó "el medo" (Dn. 11.: También yo en el primer año de Darío, el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo.), siendo hijo de Asuero, de origen medo (Dn. 9.1: En el primer año de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos).

 

Posteriormente los medos se rebelaron bajo Darío I y II (409 a.C.). La historia de los judíos en Media se relata en Ester y los medos bajo los sirios (seléucidas) y partos se mencionan en el primer libro de Macabeos. Media fue organizada como la 11ª y la 18ª satrapías. Los medos se mencionan, con los partos y los elamitas, en Hch. 2.9. Después de los sasánidas Media se utilizó simplemente como término geográfico.

 

Persia, Persas

Los persas indoeuropeos, pastores nómadas del S de Rusia, probablemente penetraron en la meseta irania a fines del 2º milenio a.C. En el 836 a.C. Salmanasar III de Asiria recibió tributo de los gobernantes de Parsua, cerca del lago Urmia. Su sucesor encontró la tierra de Parsuas en el S, en la que finalmente se asentaron varias tribus. Todavía se llama Farsistán a esta zona al E del golfo Pérsico. Persépolis y Parsagarda fueron sus ciudades principales. El hebreo paµras, 'Persia', se refiere a esta tierra.

I. Historia persa y judía

 

Las primeras tradiciones del pueblo persa están registradas en el libro sagrado, el Zend-Avesta. Los primeros reyes que se registran gobernaron desde Ansán, al NO de Susa. Aquemenes al cual reyes posteriores atribuyeron la fundación de la dinastía probablemente reinó ca. 680 a.C. Su nieto, Ciro I, se opuso a Asurbanipal de Asiria, pero más tarde se sometió. Ciro II, nieto de Ciro I, se rebeló contra su amo medo, Astiages, lo mató y se apoderó de su capital, Ecbatana, en 550 a.C. A partir de entonces el idioma y las costumbres de los medos ejercieron gran influencia sobre los persas. A este éxito siguió la subyugación de Anatolia y la conquista de Creso de Lidia (547 a.C.). Luego se dirigió al E para extender su reino al NO de la India. Alrededor de 540 a.C. se sintió lo suficientemente fuerte para atacar Babilonia. Después de varias batallas entró triunfalmente en Babilonia el 29 de octubre del 539 a.C., diecisiete días después de que su ejército hubo tomado la ciudad (Dn. 5.30s: La misma noche fue muerto Belsasar, rey de los caldeos. Y Darío, de Media, cuando tenía sesenta y dos años, tomó el reino.). Pronto regresó el rey a Susa, pero su hijo Cambises permaneció en Babilonia para representarlo en las ceremonias religiosas. El imperio fue dividido en grandes regiones gobernadas por sátrapas, elegidos entre los nobles persas o medos, pero bajo los cuales se encontraban funcionarios nativos (cf. Dn. 6: Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas que gobernaran en todo el reino. Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas dieran cuenta, para que el rey no fuera perjudicado.). Diversas estatuas de dioses que habían sido llevadas a Babilonia por el último rey nativo, Nabonido (que quizás se refleja en Is. 46.1s: ¡Se ha postrado Bel, se abatió Nebo! Sus imágenes fueron puestas sobre bestias, sobre animales de carga, esas cosas que vosotros solíais llevar son puestas cual una carga sobre las bestias cansadas. Fueron humillados, se derrumbaron juntos; no pudieron escaparse de la carga, sino que ellos mismos tuvieron que ir en cautiverio.), volvieron a sus respectivos santuarios. Como no había imagen de Yahvéh que pudiera llevarse de vuelta a Jerusalén, Ciro devolvió a los judíos los preciosos utensilios que Nabucodonosor había sacado del templo (Esd. 1.7ss:  El rey Ciro, por su parte, hizo entrega de los utensilios del templo del Señor, que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén y llevado al templo de sus dioses. Ciro los devolvió por conducto de Mitrídates, el tesorero, quien después de contarlos los entregó a Sesbasar, gobernador de Judá. La cuenta de los objetos fue la siguiente: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veintinueve cuchillos, treinta tazas de oro, cuatrocientas diez tazas de plata de inferior calidad, y mil objetos más. El total de objetos de oro y plata fue de cinco mil cuatrocientos. Todo esto lo llevó Sesbasar de vuelta a Jerusalén, al regresar de Babilonia con los desterrados.). Más importante aun, dio autorización real para la reconstrucción del templo a cualquier judío que deseara volver a Judá (Esd. 1.1–4: En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, y para que se cumpliera la palabra del Señor anunciada por Jeremías, el Señor impulsó a Ciro a que en todo su reino promulgara, de palabra y por escrito, este decreto: "Ciro, rey de Persia, declara lo siguiente: El Señor, Dios de los cielos, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le construya un templo en Jerusalén, que está en la región de Judá. Así que, a cualquiera de ustedes que pertenezca al pueblo del Señor, que Dios lo ayude, y vaya a Jerusalén, que está en Judá, a construir el templo del Señor, el Dios de Israel, que es el Dios que habita en Jerusalén. Y a cualquiera de los sobrevivientes que emigre del lugar donde ahora vive, que le ayuden sus vecinos con plata, oro, bienes y ganado, además de donativos para el templo de Dios en Jerusalén.). Un tal Sesbasar fue nombrado gobernador (Esd. 5.14: También nos dijeron que el rey Ciro sacó del templo de Babilonia los utensilios de oro y plata que Nabucodonosor había tomado del templo de Dios en Jerusalén y llevado al templo de Babilonia, y que se los entregó a un tal Sesbasar, al cual había nombrado gobernador.). Evidentemente se trataba de un oficial especial responsable ante el rey. El gobernador de la provincia "del otro lado del río" (la región al O del Éufrates) evidentemente no tenía conocimiento del edicto de Ciro cuando en el 520 a.C. trató de demorar las obras. Su carta fue a su superior, el sátrapa que estaba a cargo de Babilonia y el O. No se encontró registro alguno entre los archivos que se guardaban en Babilonia, pero se halló un memorando en Ecbatana, ciudad en la que Ciro había residido durante el primer año de su reinado. Darío I (522–486 a.C.) confirmó el decreto, y ordenó a sus funcionarios que ayudaran a los judíos.

 

Darío y su sucesor Jerjes I (486–465 a.C.) pusieron considerable energía en su esfuerzo por conquistar a los griegos del Peloponeso, que era casi la única zona que había quedado fuera del imperio persa en el mundo conocido, porque Cambises II (530–522 a.C.) había anexado Egipto en el 525 a.C. La derrota en Maratón (490 a.C.), a manos de un pequeño ejército gr. fue el único revés que sufrió Darío. Su reorganización de las satrapías, su sistema de comandancias militares, y su introducción de la acuñación de monedas, como también de sistemas legales y postales, duraron tanto como el imperio. Estas medidas, junto con un considerable grado de autonomía otorgado a los pueblos tributarios, contribuyeron grandemente a la estabilidad del imperio, y permitieron la supervivencia de una comunidad tan pequeña como Judá, en la que funcionarios judíos actuaban como gobernadores.

Bajo Artajerjes I (465–424 a.C.) los asuntos judíos tuvieron representación oficial en la corte. Parece que Esdras fue "secretario de estado para asuntos judíos". Se lo acreditó como enviado especial para reorganizar el culto en el templo de Jerusalén (458 a.C.). El estímulo que recibieron los ansiosos judíos los llevó a exceder los términos de la comisión de Esdras, y reconstruyeron los muros de la ciudad. El rey se enteró de esto por el gobernador de Samaria, que evidentemente tenía cierta responsabilidad sobre Judá. El monarca ordenó el cese de las obras al comprobar en los registros que la ciudad se había rebelado contra reyes anteriores (Entonces el rey Artajerjes les envió la siguiente respuesta: "A Rehúm el comandante, a Simsai el secretario, y a sus compañeros que viven en Samaria y en el resto de la provincia al oeste del río Éufrates: saludos. "En relación con la carta que ustedes me han enviado, y cuya traducción ha sido leída en mi presencia, ordené que se hiciera una investigación. Se ha encontrado, en efecto, que esa ciudad se ha rebelado anteriormente contra los reyes, que se han organizado en ella revueltas y rebeliones, y que hubo en Jerusalén reyes poderosos que dominaron en la provincia al oeste del río Éufrates, a los cuales se pagaba tributo, impuestos y derechos. Por lo tanto, ordenen a esos hombres que detengan las obras y que, hasta nueva orden mía, no se reconstruya la ciudad. No descuiden este asunto, para que no aumente el mal en perjuicio del reino." Cuando la carta del rey Artajerjes fue leída en presencia de Rehúm, de Simsai el secretario, y de sus compañeros, todos ellos fueron inmediatamente a Jerusalén, y por la fuerza obligaron a los judíos a detener las obras. Esd. 4.17–23). Artajerjes se encontraba frente a una rebelión en Egipto (ca. 460–454 a.C.), de modo que no podía permitir la construcción de una fortaleza tan cercana a dicho país. Pero el copero del rey era un judío, Nehemías, que pudo contrarrestar los efectos de este decreto, y logró que lo nombraran Gobernador de Judá (Y como todo el pueblo lloraba al oir los términos de la ley, tanto el gobernador Nehemías como el maestro y sacerdote Esdras, y los levitas que explicaban la ley al pueblo, dijeron a todos que no se pusieran tristes ni lloraran, porque aquel día estaba dedicado al Señor, su Dios. Neh. 8.9), con permiso para reconstruir los muros (445 a.C.). No hay registros sobre las relaciones entre los gobernantes persas y los judíos después de este período. Cuando el imperio persa estuvo bajo el poder de Alejandro (331 a.C.), los judíos simplemente transfirieron su lealtad de un monarca a otro.

 

II. Cultura persa

 

La lengua persa indoeuropea se escribía con un alfabeto cuneiforme compuesto por 51 signos silábicos simples, pero su uso estaba limitado casi exclusivamente a los monumentos imperiales. La cancillería imperial empleaba la lengua y los caracteres arameos para las comunicaciones oficiales. Se llevaban a cabo traducciones en idiomas locales (cf. Est. 3.12; 8.9 y 10: El día trece del primer mes del año fueron llamados los secretarios del rey, los cuales escribieron las órdenes de Amán a los gobernadores regionales y provinciales y a las autoridades de cada nación. Estas órdenes fueron escritas en la escritura y la lengua propias de cada provincia y pueblo, y firmadas en nombre del rey Asuero y selladas con el sello real… Los secretarios del rey fueron llamados inmediatamente. Era el día veintitrés del mes tercero, o sea el de Siván, y todo lo que ordenó Mardoqueo fue escrito a los judíos, a los gobernadores regionales y provinciales y a las demás autoridades de las ciento veintisiete provincias que se extendían desde la India hasta Etiopía, en la lengua y escritura propias de cada provincia. También a los judíos se les escribió en su lengua y escritura. Las cartas fueron firmadas en nombre del rey Asuero y, después de sellarlas con el sello real, fueron enviadas por medio de correos que montaban veloces caballos de las caballerizas del rey).

 

Diversos objetos encontrados en diferentes sitios dan testimonio del lujo de la corte persa, como lo describe el libro de Ester. Cierto número de bajos relieves en piedra muestran al rey y sus cortesanos, y el tributo de sus vencidos. Los retratos de los diferentes grupos raciales son ejemplos particularmente buenos del arte persa de esculpir la piedra. El tesoro de Oxo (actualmente en el Museo Británico en su mayor parte) y otros objetos encontrados por casualidad muestran la artesanía de orfebres y joyeros. Los cuencos y vasos de oro y plata macizos ilustran sobre la riqueza de los reyes. Podemos ver la influencia griega en algunas obras de los persas; y entre las listas de dependientes de palacio aparecen artesanos griegos.

 

III. La religión persa

 

Los primitivos persas reverenciaban a los dioses de la naturaleza, la fertilidad, y los cielos. La tribu de los magos componía, casi exclusivamente, la clase de los sacerdotes. Algún tiempo después del año 1000 a.C. Zoroastro proclamó una religión de elevados ideales morales bajo el principio de "haz el bien, odia el mal". Para él existía un dios, Ahura-mazda, el Bien, representado por el fuego y el agua de la purificación. En contraposición con el bien había un tenebroso poder del Mal. Darío I adoptó este credo, pero pronto se perdió entre cultos más antiguos. Las doctrinas de Zoroastro sobrevivieron y se esparcieron ampliamente por otros países. Podemos ver su influencia en los escritos del judaísmo primitivo y según algunos estudiosos, en el NT.

 

Bibliografía. .[1]

°J. Bright, La historia de Israel, 1985;

J. Muchelet, La Biblia en la humanidad, s/f;

R. Ghirshman, Persia, 1964;

P. Petit, Historia de la antigüedad, 1979;

C. F. Pfeiffer, "Persia", °DBA, pp. 520–522;

M. Noth, El mundo del Antiguo Testamento, 1976, pp. 115ss.

A. T, Olmstead, History of the Persian Empire, 1948;

J. Bright, A History of Israel², 1972, pp. 409–414;

R. N. Frye, The Heritage of Persia², 1975;

E. Porada, Ancient Iran, 1965;

M. Boyce, History of Zoroastrianism, 1, 1975



[1]Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982.



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29 puntos interesantes sobre Babilonia



Babilonia y la biblia

1. El territorio en el SO de Asia, actualmente el S de Irak, que obtuvo su nombre de la ciudad capital, Babilonia. También se lo llamaba Sinar (Y fueron cabeceras de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, ciudades en la tierra de Sinar… Aconteció que cuando salieron de oriente hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Gn. 10.10; 11.2; Asimismo, acontecerá en aquel tiempo que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el resto de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Is. 11.11; Cuando vi entre el botín un hermoso manto de Sinar y 200 siclos (2.28 kilos) de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso, los codicié y los tomé; todo eso está escondido en la tierra dentro de mi tienda con la plata debajo. Jos. 7.21 NBLH) y, más tarde, la tierra de los caldeos (Jer. 24.5: Yo, el Señor, el Dios de Israel, digo: Como a higos buenos miraré al pueblo de Judá, que mandé desterrado de aquí al país de los caldeos; Ez. 12.13: Yo le echaré encima mi red y lo atraparé con ella. Lo llevaré a Babilonia, tierra de los caldeos, tierra que no podrá ver, y allí morirá.). En la época más remota llevaba el nombre de Sinar, para las regiones del N, y Sumer para la región aluvial del S y las ciénagas que bordean el golfo Pérsico; un territorio que posteriormente se llamó estrictamente Caldea, término aplicado a todo el país después del surgimiento de la dinastía caldea. Por ello a los babilonios (bƒneÆ baµb_el,'hijos de Babilonia') se les llama también caldeos (ceñidos por la cintura con talabartes y llevando turbantes de colores en la cabeza, todos ellos con apariencia de capitanes, a la manera de los hombres de Babilonia, de Caldea, tierra de su nacimiento… Así, pues, se unieron a ella los hombres de Babilonia en su lecho de amores, y la contaminaron… Los de Babilonia y todos los caldeos, los de Pecod, Soa y Coa, y todos los de Asiria con ellos; jóvenes codiciables, gobernadores y capitanes, nobles y hombres notables, que montan a caballo todos ellos. Ez. 23.15, 17, 23). Babilonia, regado por los ríos Tigris y Éufrates, era probablemente el lugar del Edén y de la torre de Babel, y la tierra a donde fueron llevados al exilio los judíos.

2. Este pequeño territorio llano de unos 20.000 km² estaba limitado al N por Asiria (Samarra-Jebel Hamrín como límite), en el E por los montes que bordean Elam, en el O por el desierto arábigo, y en el S por las costas del golfo Pérsico. Se discute todavía si la línea de la costa mencionada ha cambiado apreciablemente desde épocas antiguas. Las ciudades principales, de las que Babilonia (Babel), Warka (Erec), y Agade son las primeras que se mencionan en el AT, con Nipur, Ur, Eridu, y Lagás, se encontraban todas sobre o cerca del Éufrates.

3. El período dinástico primitivo (ca. 2800–2400 a.C.): Este período vio el advenimiento de la monarquía y la fundación de grandes ciudades. Según la lista de reyes de Sumer, ocho o diez reyes gobernaron antes del diluvio en las ciudades de Eridu, Badtibirra, Larak, Sipar, y Suruppak. El gobernador de esta última es el héroe del relato sumerio sobre el diluvio (cf. Noé). Hubo, sin embargo, una fuerte tradición literaria sobre un diluvio en Babilonia desde ca. 2000 a.C.

4. Después del diluvio "la realeza descendió nuevamente del cielo" y los gobernantes de Kis y Uruk (Erec) incluyen a Gilgamés y a Agga, los héroes de una serie de leyendas, que bien pueden ser personajes históricos. Varias ciudades-estados florecieron con centros en Uruk, Kis, Ur (tumbas reales), Lagás, Suruppak, Abu Salabikh, y hasta Mari al N. A menudo más de un gobernante poderoso procuró dominar Babilonia al mismo tiempo, y las refriegas eran frecuentes. Así la 1ª dinastía en Lagás fundada por Ur-Nanse terminó cuando Urukagina, reformador social (ca. 2351 a.C.), derrotó a Enannatum y poco después a Lugalzagesi de Umma, que se había apoderado de las ciudades de Lagás, Ur, y Uruk, estableció la primera o "proto-" dominación imperial de Sumer hasta el Mediterráneo.

5. Una familia semítica fuerte fundó una nueva ciudad en Agade y más o menos al mismo tiempo puede haber restaurado la ciudad de Babilonia. Esta dinastía "acádica" o sargónide (2371–2191 a.C.), así llamada por el nombre de su fundador Sargón ideó una nueva técnica de guerra con el arco y la flecha, y pronto derrotó al déspota Lugalzagesi de Umma, Kis y Uruk con el fin de obtener todo Sumer. Este rey llevó sus armas hasta el Mediterráneo y Anatolia. Su autoridad ampliamente extendida la mantuvo su nieto Naram-Sin hasta que los gutios de las montañas del E saquearon la región N de Babilonia (2230–2120 a.C.) y mantuvieron el control de la economía hasta que fueron vencidos por una coalición dirigida por Utuhegal de Uruk. Su gobierno fue, no obstante, más bien local y más fuerte al E del río Tigris. Lagás bajo su ensi, o gobernante, Gudea (ca. 2150 a.C.), se mantuvo independiente y dominó Ur y las ciudades meridionales. Gudea extendió gradualmente su territorio y amplió sus expediciones hasta Siria (Ebla) con el fin de obtener madera, piedras preciosas y metales, y así aumentó la prosperidad de su ciudad. El renacimiento o "edad de oro" sumerio que siguió se caracterizó por su riqueza económica y artística.

6. Después del reinado de Utuhegal de Uruk y Namahani, yerno de Gudea, en Lagás, Ur volvió a ser el centro del poder. Ur-Nammu (2113–2096 a.C.) reedificó la ciudadela con su zigurat y sus templos en Ur y en Uruk, Isín, y Nipur levantó estatuas de sí mismo en los templos que eran controlados por personas nombradas por él. Gradualmente Ur extendió su influencia hasta Asur y Biblos, y por un tiempo se les reconoció honores divinos a sus sucesores, lo cual se representaba en los monumentos y sellos mediante una especie de cobertura con cuernos para la cabeza, que representaba la divinidad.

Honores similares parecen habérsele tributado a Naram-Sin antes. Muchos miles de documentos revelan la administración y la religión de este período, cuando Ur comerciaba con lugares tan distantes como la India. El fin llegó tras severos períodos de hambre, y los gobernantes sumerios fueron desplazados por invasores de Elam y por grupos semíticos seminómades de los desiertos occidentales. Es posible que la migración de Taré y Abraham (Gn. 11.31) tuviera lugar en esta época de cambio en la fortuna de Ur

7. Los territorios anteriormente controlados por Ur fueron divididos entre los jefes locales de Asur, Mari sobre el Éufrates superior, y Esnunna. Isbi-Irra en Isín y Naplanum en Larsa establecieron gobiernos independientes, dividiendo así la lealtad de los sumerios, que anteriormente estaban unidos. Luego Kudurmabug de Yamutbal, al E del río Tigris, puso a su hijo Warad-Sin como gobernador de Larsa. Fue seguido por Rim-Sin, que se hizo cargo de Isín pero no logró afianzarse debido al creciente poder de la ciudad de Babilonia, donde una serie de gobernadores vigorosos de la 1ª dinastía (amorrea) de dicha ciudad (1894–1595 a.C.) ejercieron el poder. El sexto de la línea, Hamurabi (1792–1750 a.C., según la cronología más aceptada), finalmente derrotó a Rim-Sin y por el resto de la década de su reinado gobernó desde el golfo Pérsico hasta Mari, donde derrotó a Zimrilim, un semita que antes había echado a Yasmah-Adad, hijo de Samsi-Adad I de Asiria.

A pesar de esta victoria, Hamurabi no era tan poderoso como su tocayo en Alepo, y las cartas de Mari, que ofrecen un panorama notable de la diplomacia, el comercio, la historia, y la religión de aquellos tiempos, demuestran que no sometió Asiria, Esnunna, ni otras ciudades en Babilonia. Las relaciones entre la ciudad de Babilonia, Elan, y el O en esta época hacía posible una coalición tal como la que se describe en Gn. 14. Con el deterioro de la influencia sumeria el creciente poder de los semitas recibió realce dado el lugar otorgado a Marduk como el dios nacional, y esto alentó a Hamurabi para que revisara las leyes de la ciudad de Babilonia con el fin de dar cabida a ambas tradiciones. El texto que contiene este "código" de 282 leyes se basa en las reformas anteriores de Urukagina, Ur-Nammu, y Lipit-Istar.

8. La ciudad de Babilonia, como ocurrió a menudo en su historia, había de caer como consecuencia de un asalto sorpresivo del N. Alrededor del 1595 a.C. el hitita Mursili I atacó la ciudad y los casitas de las montañas del E paulatinamente se apoderaron del territorio, gobernando posteriormente desde una capital nueva (Dur-Kurigalzu) edificada por Kurigalzu I (ca. 1450 a.C.). En los siglos que siguieron el imperio babilónico se mostró débil, si bien independiente, excepto por lo que hace a breves períodos cuando estuvo bajo control asirio directo (p. ej. Tukulti-Ninurta I, 1244–1208 a.C.). Las incursiones arameas eran frecuentes, y dichas incursiones bien pueden haber dejado libres a los israelitas para establecerse en el S de la Palestina y más tarde ampliar sus fronteras bajo Salomón con poca oposición de parte de estos pueblos del desierto (Asiria). Periódicamente hubo héroes nacionales que pudieron mantener algún control y el comercio en el orden local, como cuando Nabucodonosor I (1124–1103 a.C.) derrotó a Elam, pero pronto Tiglat-pileser I volvió a establecer el dominio asirio.

9. En la época de Nabu-nasir (Nabonasar), aproximadamente, cuyo reinado (747–735 a.C.) marcó el comienzo de una nueva era, comenzó una prolongada lucha de Babilonia para independizarse de Asiria. Tiglat-pileser III de Asiria se proclamó "Rey de Sumer y Acad", tomó las manos de Bel (Marduk) y de este modo reclamó el trono en la ciudad de Babilonia en el 745 a.C., usando su otro nombre Pul(u). Quince años después tuvo que llevar el ejército asirio para luchar contra el rebelde Ukin-zer de Bit-Amuk-kani. Lo derrotó en Sapia y deportó muchos prisioneros. Un jeque rival, Marduk-apla-iddina II, del distrito del S de Bit-Yakín, le pagaba tributo a Tiglat-pileser en esta época. Sin embargo, la preocupación con el sitio de Samaria por Salmanasar V y Sargón II en 726–722 dio a Marduk-apla-iddina (Merodac-baladán) su oportunidad para intrigar. Durante diez años (721–710 a.C.) mantuvo el trono en la ciudad de Babilonia, hasta que el ejército asirio atacó Der, derrotó a Humbanigas de Elam, y ocupó la ciudad. El ejército asirio se corrió hacia el S, pero Merodac-baladán fue mantenido como gobernante local. Dice mucho en favor de la diplomacia de Sargón el que lo haya retenido como súbdito leal durante el resto de su reinado.

10. Al morir Sargón en 705 a.C., empero, Merodac-baladán volvió a intrigar contra sus amos, y es probable que haya sido él, más bien que Ezequías, el que inició las tratativas para una alianza contra Asiria (En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió mensajeros con cartas y presentes a Ezequías, porque había oído que Ezequías había caído enfermo. Ezequías los atendió y les mostró toda la casa de sus tesoros, la plata y el oro, las especias y ungüentos preciosos, su depósito de armas y todo lo que había en sus tesoros. Ninguna cosa quedó que Ezequías no les mostrara, tanto en su casa como en todos sus dominios. Entonces el profeta Isaías fue a ver al rey Ezequías, y le preguntó:—¿De dónde vinieron esos hombres y qué te dijeron? Ezequías le respondió:—De lejanas tierras han venido, de Babilonia. Isaías le volvió a preguntar:—¿Qué vieron en tu casa? Ezequías respondió:—Vieron todo lo que había en mi casa. Nada quedó en mis tesoros que no les mostrara. Entonces Isaías dijo a Ezequías:—Oye esta palabra de Jehová: "Vienen días en que todo lo que está en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dice Jehová. Y algunos de los hijos que salgan de ti, que hayas engendrado, los tomarán para que sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia". Entonces Ezequías dijo a Isaías:—La palabra que has hablado de parte de Jehová es buena. Pues pensaba: «Al menos en mis días habrá paz y seguridad». 2 R. 20.12–19). La oposición de Isaías estaba bien fundada, porque los babilonios mismos pusieron a su propio conciudadano Marduk-zakir-sum en el trono en el 703 a.C. Esto liberó la mano de Merodac-baladán y se hizo proclamar rey de la ciudad de Babilonia, aun cuando vivió en la ciudad más acogedora de Borsippa. Senaquerib marchó contra él, derrotó a los rebeldes y a sus aliados elamitas en batallas libradas en Cuta y en Kis, y entró en Babilonia, donde puso en el trono al proasirio Bel-ibni. Bit-Yakín fue saqueada, pero Merodac-baladán ya había huido a Elam, donde murió antes de que Senaquerib pudiera reunir una fuerza naval punitiva en el 694 a.C.

11. Por un tiempo Esar-hadón, hijo de Senaquerib, tuvo responsabilidades especiales como virrey en la ciudad de Babilonia, y cuando llegó al trono en 681 hizo mucho para reparar los templos de la ciudad y restablecer sus fortunas. Puede haber sido en relación con esto que temporariamente deportó allí a Manasés (por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales apresaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas, lo llevaron a Babilonia. 2 Cr. 33.11). En razón de que los elamitas siguieron instigando a las tribus babilónicas, Esar-hadón dirigió una campaña contra los "territorios del mar" en el 678 a.C. e instaló a Naid-Marduk como jefe. En mayo de 672 Esar-hadón hizo que todos sus vasallos jurasen apoyar a su hijo Asurbanipal como príncipe heredero de Asiria, y a su hijo Samas-sum-ukín como príncipe heredero de Babilonia. A su muerte en el 669 este arreglo entró en vigor y dio buen resultado bajo la influencia de la reina madre. No obstante, para el 652 a.C. el hermano gemelo en la ciudad de Babilonia se declaró en rebelión abierta contra el gobierno central, y su muerte siguió al saqueo de la ciudad en el 648. Asurbanipal atacó Elam también y capturó Susa, de donde fueron llevados prisioneros, juntamente con rebeldes babilonios, para ser ubicados en Samaria (fueron a ver a Zorobabel y a los jefes de familia, y les dijeron:—Edificaremos con vosotros, porque, como vosotros, buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón, rey de Asiria, que nos hizo venir aquí. Esd. 4.2). Kandalanu fue designado virrey de Babilonia (648–627 a.C.), mientras que Asurbanipal mantuvo el control directo del centro religioso de Nipur. Estas preocupaciones en el S desviaron la atención de Asiria del O, y las ciudades-estados en Palestina pudieron dar pasos tendientes a obtener la independencia bajo Josías. El final del reinado de Asurbanipal es oscuro, pero puede haber ocurrido poco después de la muerte de Kandalanu. En el interregno que siguió, las tribus locales se reunieron para apoyar al caldeo Nabopolasar contra el asirio Sin-sar-iskún.

12. Nabopolasar, gobernador de los "territorios del mar" cerca del golfo Pérsico, era caldeo (kaldu, de donde Caldea), ocupó el trono en la ciudad de Babilonia el 22 de noviembre del 626, y de inmediato hizo la paz con Elam. Al año siguiente derrotó a los asirios en Sallat, y para el 623 Der se había librado de su yugo. La Crónica babilónica, la fuente principal y fidedigna para este período, guarda silencio sobre los años 623–616 a.C., época para la cual Nabopolasar había echado a los asirios hacia los ríos Éufrates y Tigris. En el 614 los medos se unieron a los babilonios para atacar Asur, y los mismos aliados, tal vez con apoyo escita, capturaron Nínive en el verano del 612 a.C., tras lo cual los babilonios persiguieron a los refugiados hacia el O. Las campañas babilónicas en Siria fueron seguidas del asalto a Harán en el 609 y de incursiones contra las tribus serranas septentrionales en 609–606 a.C. Nabopolasar, ya anciano, confió el ejército babilónico al príncipe heredero Nabucodonosor, quien luchó contra los egipcios en Kumuhi y Quramati (Éufrates superior).

13. En mayo-junio de 605 a.C. Nabucodonosor hizo un ataque sorpresivo a Carquemis, saqueó la ciudad, y aniquiló al ejército egipcio en Hamat. Por ello los babilonios se dedicaron a saquear toda la Siria hasta la frontera con Egipto, pero no parecen haber invadido la zona montañosa de Judá (El rey de Egipto nunca más salió de su tierra, porque el rey de Babilonia se apoderó de todo lo que era suyo desde el río de Egipto hasta el río Éufrates. 2 R. 24.7; cf. Dn. 1.1: En el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén, y la sitió.). Joacim, vasallo de Necao II, se sometió a Nabucodonosor, quien se llevó rehenes, incluido Daniel, a Babilonia. Mientras estaba en Palestina, Nabucodonosor tuvo conocimiento de la muerte de su padre (15 de agosto de 605 a.C.) y de inmediato cruzó el desierto para "tomar las manos de Bel", y de este modo reclamar el trono, el 6 de setiembre de 605 a.C.

14. En el 604 a.C. Nabucodonosor recibió el tributo de "todos los reyes del territorio hatti (siropalestino)", entre los que debe haber estado Joacim. Ascalón, empero, se negó y fue saqueada, hecho que tuvo profunda repercusión sobre Judá (Gaza se rapó la cabeza, Ascalón ha perecido, y el resto de su valle; ¿cuándo dejarás de sajarte? Espada de Jehová, ¿cuándo vas a descansar? ¡Vuelve a tu vaina, reposa y sosiégate! Pero ¿cómo reposarás, si Jehová te ha enviado contra Ascalón y contra la costa del mar? Allí te ha destinado. Jer. 47.5–7). Una carta aramea pidiendo auxilio al faraón para defenderse del ejército babilónico que avanzaba puede referirse a dicha época. En el 601 los babilonios lucharon contra los egipcios, y ambas partes sufrieron grandes pérdidas; los babilonios no volvieron a salir durante el año siguiente, con el fin de reacondicionar su ejército. Probablemente fue como resultado de esto que Joacim, desoyendo a Jeremías (Jer. 27.9–11: Y vosotros no prestéis oído a vuestros profetas, adivinos, soñadores, agoreros o encantadores, que os hablan diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. Porque ellos os profetizan mentira, para haceros alejar de vuestra tierra y para que yo os arroje y perezcáis. Pero a la nación que someta su cuello al yugo del rey de Babilonia y lo sirva, la dejaré en su tierra, dice Jehová, la labrará y habitará en ella.), transfirió su lealtad a Necao II después de haber estado sometido a Babilonia durante tres años (2 R. 24.1: Llegó también a la ciudad Nabucodonosor, rey de Babilonia, cuando sus siervos la tenían sitiada.).

15. Como preparación para realizar futuras campañas el ejército babilónico atacó a las tribus árabes en 599/8 (Acerca de Cedar y de los reinos de Hazor, asolados por Nabucodonosor, rey de Babilonia. Así ha dicho Jehová: Levantaos, subid contra Cedar y destruid a los hijos del oriente. Sus tiendas y sus ganados tomarán. Sus cortinas, todos sus utensilios y sus camellos tomarán para sí, y gritarán contra ellos: "¡Hay terror por todas partes!". ¡Huid, marchaos muy lejos, habitad en lugares profundos, moradores de Hazor!, dice Jehová; porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó consejo contra vosotros y contra vosotros ha preparado un plan. ¡Levantaos, subid contra una nación pacífica que vive confiadamente, dice Jehová, que ni tiene puertas ni cerrojos, que vive solitaria! Sus camellos serán por botín y la multitud de sus ganados por despojo. Los esparciré a todos los vientos, dispersados hasta el último rincón; de todos lados les traeré su ruina, dice Jehová. Hazor será guarida de chacales, quedará desolada para siempre. Nadie morará allí; ningún ser humano habitará en ella. Jer. 49.28–33). En el mes de Quisleu de su séptimo año (dic. de 598) Nabucodonosor sacó su ejército una vez más y, según la Crónica babilónica, "sitió la ciudad de Juda, capturándola en el segundo día de Adar. Capturó a su rey, designó un gobernante elegido por él y, habiendo tomado muchos despojos de la ciudad, lo mandó todo a Babilonia". La caída de Jerusalén el 16 de marzo de 597, la captura de Joaquín, la designación de Matanías-Sedequías, y el comienzo del exilio judío están, por lo tanto, registrados como en el AT (En aquel tiempo subieron contra Jerusalén los siervos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la ciudad fue sitiada. Llegó también a la ciudad Nabucodonosor, rey de Babilonia, cuando sus siervos la tenían sitiada. Entonces Joaquín, rey de Judá, junto con su madre, sus siervos, sus príncipes y sus oficiales, se rindió al rey de Babilonia. En el octavo año de su reinado, el rey de Babilonia lo tomó prisionero. Después sacó de allí todos los tesoros de la casa de Jehová y los de la casa real. Tal como lo había dicho Jehová, rompió en pedazos todos los utensilios de oro que había hecho Salomón, rey de Israel, en la casa de Jehová. Se llevó cautiva a toda Jerusalén, a todos los príncipes y a todos los hombres valientes, en número de diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto la gente pobre del país. Asimismo se llevó cautivos de Jerusalén a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos de la tierra. A todos los hombres de guerra, que fueron siete mil, a los artesanos y herreros, que fueron mil, y a todos los hombres fuertes y aptos para la guerra, se llevó cautivos el rey de Babilonia. Luego el rey de Babilonia puso como rey en lugar de Joaquín a Matanías, su tío, y le cambió el nombre por el de Sedequías. 2 R. 24.10–17; Los demás hechos de Joacim, las abominaciones que hizo, y lo que en él se halló, está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. Reinó en su lugar su hijo Joaquín. Ocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová. Al cabo de un año el rey Nabucodonosor mandó que lo llevaran a Babilonia, juntamente con los objetos preciosos de la casa de Jehová, y puso a Sedequías,, su hermano, como rey sobre Judá y Jerusalén. 2 Cr. 36.8–10).

16. Al año siguiente Nabucodonosor parece haber marchado contra Elam (cf. Jer. 49.34–38: Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías acerca de Elam, al comienzo del reinado de Sedequías, rey de Judá, diciendo: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: »Yo quiebro el arco de Elam, parte principal de su fortaleza. Traeré sobre Elam los cuatro vientos desde los cuatro puntos del cielo, y los aventaré a los cuatro vientos. No habrá nación a donde no lleguen fugitivos de Elam. Y haré que Elam se acobarde ante sus enemigos y ante quienes buscan su vida. Traeré sobre ellos mal y el ardor de mi ira, dice Jehová, y enviaré espada que los persiga hasta acabar con ellos. Yo pondré mi trono en Elam, y destruiré a su rey y a sus príncipes, dice Jehová. Pero acontecerá en los últimos días, que yo haré volver a los cautivos de Elam, dice Jehová».). La Crónica babilónica está trunca a partir del 595 a.C., pero Jeremías registra otras operaciones babilónicas contra Judá cuando se rebeló Sedequías (52.3ss: E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo lo que hizo Joacim. Y a causa de la ira de Jehová contra Jerusalén y Judá, llegó a echarlos de su presencia. Y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.

Aconteció, pues, a los nueve años de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, que vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon contra ella. Por todas partes levantaron terraplenes para atacarla. Y permaneció sitiada la ciudad hasta el undécimo año del rey Sedequías. En el mes cuarto, a los nueve días del mes, cuando el hambre en la ciudad era ya tan grave que no había pan para el pueblo, se abrió una brecha en el muro de la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron. Salieron de noche de la ciudad por el camino de la puerta entre los dos muros que había cerca del jardín del rey, y se fueron por el camino del Arabá mientras los caldeos mantenían su cerco a la ciudad. Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey hasta la llanura de Jericó. Allí dieron alcance a Sedequías, a quien todo su ejército había abandonado. Entonces apresaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, a Ribla, en tierra de Hamat, donde pronunció sentencia contra él. Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías ante sus ojos; y también degolló en Ribla a todos los jefes de Judá. A Sedequías, el rey de Babilonia le sacó los ojos, lo ató con grillos y lo hizo llevar a Babilonia, donde lo encarceló hasta el día de su muerte.

En el mes quinto, a los diez días del mes, que era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que solía permanecer cerca del rey de Babilonia. Él quemó la casa de Jehová, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén. Destruyó a fuego todo edificio grande. Todo el ejército de los caldeos que venía con el capitán de la guardia destruyó los muros en todo el contorno de Jerusalén. E hizo deportar Nabuzaradán, capitán de la guardia, a los pobres del pueblo, a toda la otra gente del pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y a todo el resto de la multitud del pueblo. Pero Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó de los pobres del país para que fueran viñadores y labradores.

Los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, las basas y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y llevaron todo el bronce a Babilonia. Se llevaron también los calderos, las palas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas y todos los utensilios de bronce usados en el culto, los incensarios, tazones, copas, ollas, candelabros, escudillas y tazas; tanto lo de oro como lo de plata, se lo llevó el capitán de la guardia. En cuanto a las dos columnas, el mar y los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas que había hecho el rey Salomón en la casa de Jehová, el peso de todo este bronce resultó incalculable. Respecto a las columnas, la altura de cada una de ellas era de dieciocho codos, y un cordón de doce codos la rodeaba. Su espesor era de cuatro dedos, y eran huecas. El capitel de bronce que había sobre la columna era de cinco codos de altura; y tenía el capitel a su alrededor una red y granadas, todo de bronce. Y lo mismo era lo que tenía la segunda columna con sus granadas. Había noventa y seis granadas en cada hilera; en total eran cien alrededor de la red.

Tomó también el capitán de la guardia a Seraías, el principal sacerdote, a Sofonías, el segundo sacerdote, y a tres guardas del atrio. Y de la ciudad tomó a un oficial que era capitán de los hombres de guerra, a siete hombres de los consejeros íntimos del rey, que estaban en la ciudad, y al principal secretario de la milicia, que pasaba revista al pueblo del país, para la guerra, y a sesenta hombres del pueblo que se hallaron dentro de la ciudad. Los tomó, pues, Nabuzaradán, capitán de la guardia, y los llevó al rey de Babilonia, en Ribla. El rey de Babilonia los hirió y los mató en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue deportada Judá de su tierra.

Este fue el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: En el año séptimo, a tres mil veintitrés hombres de Judá. En el año dieciocho de Nabucodonosor, llevó él cautivas de Jerusalén a ochocientas treinta y dos personas. El año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivos a setecientos cuarenta y cinco hombres de Judá. El total, pues, de las personas fue de cuatro mil seiscientas.). Jerusalén fue destruida en 587 a.C. y otra deportación tuvo lugar en 581 (2 R. 25.8–21: En el mes quinto, a los siete días del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey de Babilonia. Incendió la casa de Jehová, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén; también prendió fuego a todas las casas de los príncipes. Todo el ejército de los caldeos que acompañaba al capitán de la guardia derribó los muros que rodeaban a Jerusalén. Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, se llevó cautivos a los del pueblo que habían quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia y a los que habían quedado de la gente común. Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó algunos de los pobres de la tierra para que labraran las viñas y la tierra.

Los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, las basas y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová, y se llevaron el bronce a Babilonia. También los caldeos se llevaron los calderos, las paletas, las despabiladeras, los cucharones y todos los utensilios de bronce con que ministraban: incensarios, cuencos, los objetos de oro y de plata; todo se lo llevó el capitán de la guardia. No era posible calcular el peso de las dos columnas, el mar y las basas que Salomón había hecho para la casa de Jehová. La altura de una columna era de dieciocho codos y tenía encima un capitel de bronce; la altura del capitel era de tres codos, y sobre el capitel había una red y granadas en derredor, todo de bronce. Igual labor había en la otra columna con su red.

El capitán de la guardia tomó entonces presos al primer sacerdote Seraías, al segundo sacerdote Sofonías y a tres guardas de la vajilla. Apresó a un oficial de la ciudad que tenía a su cargo los hombres de guerra, a cinco hombres de los consejeros del rey que estaban en la ciudad, al principal escriba del ejército, que llevaba el registro de la gente del país, y a sesenta hombres del pueblo de la tierra que se encontraban en la ciudad. Nabuzaradán, capitán de la guardia, los tomó y los llevó a Ribla ante el rey de Babilonia. Y el rey de Babilonia hizo que los mataran en Ribla, en tierra de Hamat.

Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra.), con lo cual Judá quedó como provincia dependiente bajo Gedalías (v. 22–26: Al pueblo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, dejó en tierra de Judá, le puso como gobernador a Gedalías hijo de Ahicam hijo de Safán. Cuando todos los príncipes del ejército y su gente oyeron que el rey de Babilonia había puesto por gobernador a Gedalías, se presentaron ante él en Mizpa. Eran Ismael hijo de Netanías, Johanán hijo de Carea, Seraías hijo de Tanhumet, el netofatita, y Jaazanías, hijo de un maacateo, acompañados de los suyos. Gedalías les hizo juramento a ellos y a los suyos, y les dijo: «No temáis de servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia y os irá bien».

Pero en el mes séptimo llegó Ismael hijo de Netanías hijo de Elisama, de la estirpe real, acompañado de diez hombres, hirieron y mataron a Gedalías, así como a los de Judá y a los caldeos que estaban con él en Mizpa. Entonces se levantó todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el mayor, con los capitanes del ejército, y se fueron a Egipto por temor a los caldeos.).

17. Hay un texto babilónico que ofrece un vistazo de una invasión a Egipto en 568–7 a.C. (Jer. 46: Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías, contra las naciones.

Acerca de Egipto: contra el ejército del faraón Necao, rey de Egipto, que estaba cerca del río Éufrates, en Carquemis, a quien destruyó Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá:

«¡Preparad escudo y pavés, y venid a la guerra!

¡Uncid los caballos, y montadlos vosotros, jinetes!

¡Cubríos con los yelmos, limpiad las lanzas y poneos las corazas!

¿Por qué los veo aterrados, retrocediendo?

Sus valientes fueron deshechos y huyeron sin volver la vista atrás.

¡Hay miedo por todas partes!, dice Jehová.

No huya el ligero ni escape el valiente; al norte, junto a la ribera del Éufrates

tropezaron y cayeron.

¿Quién es este que sube como un río y cuyas aguas se mueven como los ríos?

Es Egipto, que como un río se ensancha, cuyas aguas se mueven como los ríos y que dijo: "Subiré, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y a los que en ella moran".

¡Subid, caballos!

¡Carros, corred enloquecidos!

¡Que salgan los valientes: los etíopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud que toman y entesan arco!

Mas ese día será para Jehová, Dios de los ejércitos, día de retribución, para vengarse de sus enemigos.

La espada devorará, se saciará y se embriagará con la sangre de ellos.

Porque un sacrificio será para Jehová, Dios de los ejércitos, en la tierra del norte, junto al río Éufrates.

¡Sube a Galaad y toma bálsamo, virgen, hija de Egipto!

Por demás multiplicarás las medicinas, pues no hay curación para ti.

Las naciones conocieron tu afrenta y tu clamor llenó la tierra, porque el valiente tropezó contra el valiente y ambos cayeron juntos».

Palabra que habló Jehová al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para asolar la tierra de Egipto:

«¡Anunciadlo en Egipto y hacedlo saber en Migdol!

¡Hacedlo saber también en Menfis y en Tafnes!

Decid: "¡Ponte en pie y prepárate, porque la espada devorará tu comarca!".

¿Por qué ha sido derribada tu fortaleza?

¡No pudo mantenerse firme, porque Jehová la empujó!

Multiplicó los caídos, y cada uno cayó sobre su compañero; y dijeron: "¡Levántate! ¡Volvamos a nuestro pueblo, a la tierra de nuestro nacimiento!

¡Huyamos ante la espada vencedora!".

Allí gritaron: "¡El faraón, rey de Egipto, no es más que ruido; dejó pasar el tiempo señalado!".

Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como el Tabor entre los montes y como el Carmelo junto al mar, así vendrá el enemigo.

Hazte equipaje de cautiverio, moradora hija de Egipto, porque Menfis será un desierto, será asolada hasta no quedar morador.

»Una becerra hermosa es Egipto, mas viene destrucción: ¡Del norte viene!

Sus soldados mercenarios, también en medio de ella son como becerros engordados; porque también ellos se volvieron atrás, huyeron todos sin detenerse, porque vino sobre ellos el día de su quebrantamiento, el tiempo de su castigo.

»Su voz será como un silbido de serpiente, porque vienen los enemigos: vienen a ella con hachas, como leñadores.

Cortarán sus bosques, dice Jehová, aunque sean impenetrables; porque son más numerosos que langostas, ¡son innumerables!

Se avergonzará la hija de Egipto; entregada será en manos del pueblo del norte».

Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: «Yo castigo a Amón, dios de Tebas, al faraón y a Egipto, a sus dioses y a sus reyes; tanto al faraón como a los que en él confían. Los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos; pero después será habitado como en los días pasados, dice Jehová.

»Pero tú no temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel; porque he aquí yo te salvaré de lejos, a ti y a tu descendencia, de la tierra de vuestra cautividad.

Volverá Jacob, descansará, será prosperado y no habrá quién lo atemorice.

Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo.

Sí, destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado.

Sin embargo, a ti no te destruiré del todo, aunque te castigaré con justicia.

¡En manera alguna te dejaré sin castigo!».).

18. El exiliado Joaquín, a quien se menciona en tablillas para raciones encontradas en Babilonia (fechadas 595–570 a.C.), fue tratado favorablemente por el sucedor de Nabucodonosor, Amel-Marduk (Evil-merodac, 562–560 a.C.; 2 R. 25.27-30: Aconteció en el año treinta y siete del cautiverio de Joaquín, rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veintisiete días del mes, que Evil-merodac, rey de Babilonia, en el primer año de su reinado, liberó a Joaquín, rey de Judá, sacándolo de la cárcel. Le habló con benevolencia y puso su trono más alto que los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia. Le cambió los vestidos de prisionero y Joaquín comió siempre delante de él, todos los días de su vida. Diariamente le fue dado su sustento de parte del rey, día tras día, todos los días de su vida.). Este rey fue asesinado por el yerno de Nabucodonosor, Neriglisar (Nergal-sarezer, 560–556 a.C.), que hizo campañas en Cilicia con el objeto de detener el naciente poderío de Lidia. Su hijo, Labasi-Marduk, reino sólo 9 meses hasta que Nabonido tomó el trono e inmediatamente marchó a Cilicia, donde, según Herodoto, medió entre Lidia y Media. Está última luego amenazó la Babilonia imperial, de la que Nabonido fue expulsado debido a que el pueblo no quiso aceptar sus reformas. Hizo campañas en Siria y el N de Arabia, donde vivió en Tema por diez años mientras su hijo Belsasar actuaba como corregente en la ciudad de Babilonia. Alrededor del 544, cuando su pueblo y los reyes de Arabia, Egipto, y los medos adoptaron una actitud favorable, Nabonido regresó a su capital (AS 8, 1958), pero para esa época el país estaba debilitado y dividido.

19. Ciro, que se había apoderado de Media, Persia, y Lidia, entró en la ciudad de Babilonia el 16 de octubre de 539 a.C., después que la hubo capturado su general Gobrias. El curso del río Eufrates había sido desviado en Opis para permitir que los invasores penetraran las defensas a lo largo del río seco. Belsasar fue muerto (Dn. 5.30 y 31: La misma noche fue muerto Belsasar, rey de los caldeos. Y Darío, de Media, cuando tenía sesenta y dos años, tomó el reino.) y Nabonido fue exiliado a Carmania. El criterio de considerar a Darío el medo como Ciro (según Dn. 6.28 Daniel prosperó durante los reinados de Darío y de Ciro, el persa.) o como Gubaru no deja de ser una posibilidad.

20. El reinado de Ciro en la ciudad de Babilonia (539–530 a.C.) fue justo y favorable para con los judíos, cuyo retorno del exilio alentó (En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra de Jehová anunciada por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro, rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito en todo su reino, este decreto:

«Así ha dicho Ciro, rey de Persia: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea Dios con él, suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa a Jehová, Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde habite, que las gentes de su lugar lo ayuden con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén».

Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y levitas, todos aquellos a quienes Dios puso en su corazón subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén. Y todos los que habitaban en los alrededores los ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, además de toda clase de ofrendas voluntarias. El rey Ciro sacó los utensilios de la casa de Jehová que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén y había depositado en la casa de sus dioses. Los sacó, pues, Ciro, rey de Persia, por medio del tesorero Mitrídates, el cual los contó y se los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá. La cuenta de ellos es esta: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veintinueve cuchillos, treinta tazas de oro, otras cuatrocientas diez tazas de plata, y otros mil utensilios. En total, los utensilios de oro y de plata eran cinco mil cuatrocientos. Todo esto lo hizo llevar Sesbasar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén. Esd. 1.1–11; cf. Is. 44.24–28 y 45.13: Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: «Yo Jehová, que lo hago todo, que despliego yo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios y desvanezco su sabiduría.

Yo soy el que despierta la palabra de su siervo y lleva a cabo el plan de sus mensajeros; el que dice a Jerusalén: "Serás habitada", y a las ciudades de Judá: "Serán reconstruidas y reedificaré sus ruinas".

Yo soy el que dice a las profundidades: "¡Secaos! ¡Yo haré secar tus ríos!".

Yo soy el que dice de Ciro: "Es mi pastor y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: 'Serás edificada', y al Templo: 'Serán puestos tus cimientos'"»).

21. Por un lapso breve su hijo Cambises actuó como corregente hasta que murió su padre peleando en las montañas del NE. Invadió Egipto, pero su muerte (522 a.C.) provocó una insurrección, y los que pretendían el trono se apoderaron del mismo, hasta que en dic. de 522 Darío I restableció la ley y el orden. Durante su reinado (522–486 a.C.) permitió a los judíos que reedificasen el templo en Jerusalén bajo Zorobabel (Sobornaron además contra ellos a algunos consejeros para frustrar sus propósitos, durante todo el tiempo que Ciro fue rey de Persia y hasta el reinado de Darío, rey de Persia. Esd. 4.5; En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, fue dirigida esta palabra de Jehová, por medio del profeta Hageo, a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, el sumo sacerdote. Hag. 1.1; En el octavo mes del año segundo de Darío, llegó esta palabra de Jehová al profeta Zacarías hijo de Berequías hijo de Iddo. Zac. 1.1).

22. En adelante la tierra de Babilonia fue gobernada por reyes de Persia; Jerjes (Asuero, 486–470 a.C.), Artajerjes I (464–423 a.C.) y Darío II (423–408 a.C.), quien podría ser el "Darío el persa" nombrado así en Neh. 12.22, para distinguirlo de "Darío el medo".

23. Después de la captura de Babilonia, la que planeaba reedificar, Alejandro III (Magno) gobernó la ciudad (331–323 a.C.) y fue seguido por una línea helenística; Felipe Arrideo (323–316 a.C.) y Alejandro IV (316–312 a.C.). El país pasó luego a manos de los Seléucidas (312–64 a.C.) y luego a los partos (arsácidas) y sasanios hasta su conquista por los árabes en el 641 d.C.

24. Desde el período neobabilónico en adelante hubo una cantidad de asentamientos judíos en Babilonia, que mantenían vínculos con Judea, y después de la caída de Jerusalén en el año 70 d.C. tuvieron influencia en relación con la diaŒspora.

25. A partir del 3º milenio a.C. se compilaron listas de nombres de deidades con sus títulos, epítetos, y templos. Si bien en la versión final de la biblioteca de Ninive en el ss. VII a.C. ellas alcanzaban una cifra superior a los 2.500, muchas pueden relacionarse con deidades sumerias anteriores, asimiladas por los semitas después de la época de la 1 dinastia babilónica (ca. 1800 a.C.), de modo que el número real de deidades adoradas en cualquier período determinado era considerablemente inferior.

26. Los dioses principales eran Anu (sumerio An) el dios celestial, con su templo pripcipal E.anna en Uruk (Erec). Se trataba del Él semítico, y su mujer Innana, o Innín, fue posteriormente confundida con Istar. Tendencias sincretistas similares pueden descubrirse con Enlil, el dios del aire, cuyos atributos fueron posteriormente asumidos por Bel (Baal) o Marduk (Merodac). Su esposa, llamada Ninlil o Ninhursag, fue posteriormente equiparada también con Istar. La tercera deidad de la tríada suprema era Ea (sum. Enki), 'señor de las aguas profundas', dios de la sabiduría y, por ello, particularmente favorable para con la humanidad, por la que intercedía y a la que reveló los medios para conocer el pensamiento de los dioses valiéndose de la adivinación. Su templo É.abzu estaba en Eridu, y su mujer llevaba los nombres de Dam-gal, Nin-mah, o Damkina, la gran esposa de la tierra y el cielo.

27. Entre las otras deidades principales se encontraba la Istar semítica, al principio quizá una deidad masculina (cf. ár. >Athtar). Pero luego, al asumir los poderes de Innana por el mismo procedimiento del sincretismo, Istar se convirtió supremamente en la diosa del amor y en la heroína de la guerra. Se consideraba que era hija de Sin. Sin, el dios luna babilónico (sum. su<en) era adorado junto a su mujer Ningal en templos de Ur y Haran. Se afirmaba que era hijo de Anu o de Enlil. Samas, cuya mujer Aya también fue considerada más tarde como una forma de Istar, era el sol en su fuerza (sum. utu), el hijo de Sin, el dios del poder, la justicia, y la guerra. Sus templos principales (É.babbar, 'la casa del sol') se encontraban en Sippar y Larsa, si bien, como en el caso de todas las deidades principales, su culto se perpetuó en santuarios en otras ciudades también.

28. Adad, de origen semita occidental, era el dios de las tormentas, el Addu o Hadad cananeo-arameo. Nergal y su mujer Ereskigal gobernaban el mundo inferior, y por lo tanto era el señor de las plagas (Irra), las fiebres, y las dolencias. Con el surgimiento de los amorreos el culto de Marduk (sum. amar.utu, 'el toro joven del sol'), el hijo mayor de Enki, adquirió preponderancia en la ciudad de Babilonia. El poema épico de la creación (enuma elisû) es una pieza relativa a la creación del universo y del orden restaurado por Marduk, cuyos 50 títulos se mencionan. Nabu (Nebo), dios de la ciencia y de la escritura, tenía su templo (É.zida) en muchas ciudades, incluyendo Nínive, Cala, y Borsippa. Muchas deidades eran de importancia en ciertas localidades. Así Asur (an.sûar) se convirtió en el dios nacional de Asiria. Amurru (mar.tu, 'el oeste'), que se equipara con Anu, Sin, y Adad, era una deidad semítica occidental como lo era Dagón (Tamuz). Dummuzi era un dios de la vegetación cuya muerte, pero no su resurrección, forma el tema de un mito de Istar. Ninurta era el dios babilónico y asirio de la guerra y la caza (que tal vez se refleje en el Nimrod bíblico).

29. El mundo superior estaba poblado por dioses Igigu, y el inferior por Annunaku. Todo el reino espiritual y material estaba regulado por leyes (me) divinas, de las que se conocen más de cien, que van desde "deidad" hasta "victoria" y "un instrumento musical", e. d. rasgos y complejos culturales. Los dioses eran inmortales pero tenían poder limitado. Los mitos, en los que figuran pocas deidades principales, ilustran su carácter antropomórfico y la concepción de que todo objeto (p. ej. una piedra) está imbuido de "vida". Los espíritus y los demonios abundan. Los sumerios procuraron resolver por diversos modos teológicos los problemas inherentes en su sistema politeísta. Así los mitos se relacionan principalmente con cuestiones tales como el origen del universo, la fundación y el gobierno del mundo, y la creación del hombre y la búsqueda de la inmortalidad, como en el poema épico del diluvio, y la relación del hombre con el mundo espiritual.





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Generalidades de la Escatología Bíblica

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