Bautismo

Análisis Interactivo: Bautismo y Salvación

Bautismo y Salvación

Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable

Introducción: La Cuestión Fundamental

El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.

La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable

El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.

"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."
- Marcos 16:16

Análisis de la secuencia salvífica:

1. Creer (πιστεύσας - pisteusas)
+
2. Ser Bautizado (βαπτισθεὶς - baptistheis)
=
3. Ser Salvo (σωθήσεται - sōthēsetai)

Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.

La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua

El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."
- 1 Pedro 3:21

TIPO: El Diluvio

  • Un mundo corrompido destinado al juicio.
  • El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
  • Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
  • El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.

ANTITIPO: El Bautismo

  • Una humanidad pecadora bajo condenación.
  • El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
  • El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
  • La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.

Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.

El Instrumento para el Perdón de los Pecados

El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.

Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés

+
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."

La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.

Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo

+
"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."

A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.

Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan

+
"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."

Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.

La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"

El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.

"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."
- Hechos 2:40-41

Análisis de la Conexión Causal:

  1. La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
  2. La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
  3. La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
  4. La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".

La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.

Conclusión Exegética

Los testimonios bíblicos, desde el mandato directo de Cristo hasta la exégesis tipológica y la práctica apostólica, convergen en una conclusión ineludible: el bautismo no es un apéndice opcional a la fe, sino una parte integral y necesaria del plan de salvación ordenado por Dios. Es el momento en que la fe obediente de un pecador arrepentido se encuentra con la gracia de Dios para el perdón de los pecados, resultando en la salvación a través del poder de la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, para quien desea obtener la salvación, la pregunta de Ananías resuena a través de los siglos: "¿Por qué te detienes?".

lunes, 15 de diciembre de 2008

ESCUELA BÍBLICA VACACIONAL



 

JESÚS EL AMIGO QUE ME PERDONA

Objetivo:

Recordando la negación de Pedro, el niño entenderá que aunque hayamos ofendido a Dios, él siempre está dispuesto a perdonarnos y restaurarnos, tal como lo hizo con Pedro.

Enfatizar en el niño la necesidad del perdón.

 

Texto base:

Lo prendieron, lo llevaron y lo condujeron a casa del Sumo sacerdote. Y Pedro lo seguía de lejos. Encendieron fuego en medio del patio y se sentaron alrededor; también Pedro se sentó entre ellos. Pero una criada, al verlo sentado al fuego, se fijó en él y dijo:  —También este estaba con él.

Pero él lo negó, diciendo: —Mujer, no lo conozco.

Un poco después, viéndolo otro, dijo: —Tú también eres de ellos.

Y Pedro dijo: —Hombre, no lo soy.

Como una hora después, otro afirmó, diciendo: —Verdaderamente también este estaba con él, porque es galileo.

Y Pedro dijo: —Hombre, no sé lo que dices.

Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: «Antes que el gallo cante, me negarás tres veces». Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.[1]

 

Introducción:

¿Cuántas veces hemos ofendido a un amigo? Luego nos sentimos mal, pensamos en cómo se sentirá, nos da pena verlo y parece que no hubiese solución a esa situación tan incómoda.

Sí existe una solución es el perdón.

A través de esta lección veremos que un amigo de verdad está dispuesto a perdonar y restaurar. Pedro era buen amigo de Jesús, sin embargo le falló, no le fue fiel, eso le hizo sentir muy mal, pero el Señor le perdonó y volvieron a ser verdaderos amigos.

 

Desarrollo:

·         La advertencia:

Ya el Señor Jesús le había advertido a Pedro lo que iría a pasar:

Después, Jesús le dijo a Pedro: —Pedro, escucha bien. Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos ustedes, y Dios se lo ha dado. Pero yo he pedido a Dios que te ayude para que te mantengas firme. Por un tiempo vas a dejarme solo, pero después cambiarás. Cuando eso pase, ayudarás a tus compañeros para que siempre se mantengan fieles a mí.

 Enseguida Pedro le dijo: —Señor, si tengo que ir a la cárcel contigo, iré; y si tengo que morir contigo, moriré.

 Y Jesús le dijo: —Pedro, hoy mismo, antes de que el gallo cante, vas a decir tres veces que no me conoces.[2]

Pedro estaba advertido. No podía decir que no le habían avisado del peligro y de la seriedad de la situación, su propio vida estaba en juego.

Todos nosotros somos igualmente vulnerables a caer, a ofender a Dios, como Pedro. Aunque le hayamos prometido serle fiel.  

·         La tragedia:

Las tragedias ocurren muchas veces por exceso de confianza.

Cuando decimos yo nunca en la vida haría eso, con eso es que hay que tener más cuidado, porque en los puntos en los que nos sentimos más seguros es donde ataca Satanás y muchas veces los encuentra desprotegidos, por confiados. Eso le pasó a Pedro.

Luego de ofender a Jesús negándole, el canto del gallo como que hizo aterrizar a Pedro, y se acordó de la advertencia que le había hecho Jesús. Se había descuidado y había caído.

¡Qué pesar sentiría! Pero no era todo, el divino maestro le mira sin reprocharle, no le dijo ¿si vé? ¡yo le dije! Eso hubiese sido mejor para Pedro, pero no lo miró para echarle en cara lo que había hecho sino que lo miró con ternura.  Y eso le partió el corazón a Pedro. ¿Qué sentirá el maestro, qué pensará de mí ahora?

Aunque Pedro acababa de negar a Jesús, Jesús con su mirada le dijo que a pesar de todo él no le iba a abandonar. ¡Qué consuelo es para nosotros el saber que si somos infieles, él permanece fiel.[3] Pedro encontró en Jesús al amigo que sí perdona.

Una sola mirada de Jesús hizo que Pedro se derritiera por dentro y derramase lágrimas de genuino arrepentimiento por su pecado.

·         La restauración:

El experimentar la vergüenza y el fracaso nos da la compasión y la comprensión que no tendríamos de otra forma. Ahora Pedro estaba listo para ayudar a sus hermanos en momentos semejantes.

Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres más que estos?

Él le respondió: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero.

Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como corderos.

Jesús volvió a preguntarle: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?

Pedro le contestó: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero.

Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como ovejas.

Por tercera vez le dijo: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?

Pedro se puso muy triste de que tres veces le había preguntado si lo quería. Entonces le contestó: —Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.

Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.[4]

Jesús estaba restaurando el ministerio de Pedro, un amigo ofendido perdonando y restaurando la amistad del amigo ofensor.

 

Conclusión:

Hay esperanza para aquel que aunque caiga en pecado, esté comprometido con Dios en seguir adelante con su ayuda.

Así como Jesús hace con nosotros también debemos hacer con nuestros amigos. Él perdonó y olvidó lo que Pedro hizo. No digamos yo perdono pero no olvido. Eso no es lo que hace Jesús.

Alguien acá habrá ofendido a Jesús. Recuerde que Jesús es el amigo que me perdona. ¿Por qué no hacemos las paces con él?

Oremos…



[1] Lucas 22: 54 al 62

[2] Lucas 22: 31 al 38

[3] 2 Timoteo 2: 13

[4] Juan 21: 15 al 17


 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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ESCUELA BÍBLICA VACACIONAL


JESÚS EL AMIGO QUE ME SALVA

Objetivo:

Al analizar el pasaje bíblico, el niño entenderá que sólo Jesús puede salvar. Que efectivamente el pecado lleva a un castigo pero Jesús nos lo quiere evitar.  Necesitamos entonces permitirle a él que nos salve.

 

Texto base:

Por la mañana volvió al Templo, y todo el pueblo vino a él; y sentándose, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, le dijeron: —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, y en la Ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

Esto decían probándolo, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: —El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, fueron saliendo uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los más jóvenes; solo quedaron Jesús y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: —Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

Ella dijo: —Ninguno, Señor.

Entonces Jesús le dijo: —Ni yo te condeno; vete y no peques más[1].

 

Introducción:

Salvación o condenación. Ese el asunto del tema de hoy.

¿Quién no ha cometido jamás un pecado?

El pecado nos lleva a la muerte, pero la gracia de Dios nos salva de ella y nos traslada a la Vida eterna. Es por eso que todos necesitamos de Jesús para que nos Salve.

 

Desarrollo:

Una mujer que se encontrara en el acto mismo de pecado debía morir apedreada. Era un castigo duro, pero eso era lo que la ley estipulaba en esos casos.

Los escribas y los fariseos querían tentar a Jesús con la pregunta, pues si él respondía que la mataran entonces estaría yendo en contra de sus principios y de su misión misma. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. [2]

Además Jesús era conocido y criticado por ser amigos de pecadores y de rameras.  A eso respondía Jesús: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.[3]

Pero si decía que no la mataran entonces estaría en contra de la ley de Moisés, violaría el mandamiento. Cualquiera podía pensar que Jesús estaba tolerando y hasta fomentando el adulterio.

La cuestión entonces se presentaba crítica, los fariseos y escribas pensaban que harían flaquear a Jesús en esta cuestión.

Frente a la insistencia de ellos entonces Jesús responde: Sí debe morir apedreada. Que lance la primera piedra el que nunca ha deseado cometer el mismo pecado.

Que sentencia tan sorprendente. Sí, la mujer era culpable, era pecadora, pero igual que ella eran quienes la acusaban. La biblia dice que todos se fueron sin arrojar ni una sola piedra. ¡Todos estaban condenados a muerte!

Los únicos que quedaron allí fueron la mujer adúltera, que no salió corriendo ni alegó nada, y Jesús, quien no había cometido pecado y por lo tanto era el único que podía lanzar la primera piedra. Pero no lo hizo, usó de misericordia con ella. Una mujer en miseria encontró la misericordia.

Ni yo te condeno; vete y no peques más. En otras palabras el único que podía ser juez y ejecutar la sentencia, libró o salvó esa mujer, advirtiéndole que no siguiera pecando, que no convirtiera en libertinaje la gracia de Dios.

Jesús es el amigo que nos salva.

Él es quien nos brinda una segunda oportunidad, lo hace por amor, por su misericordia, y nos desafía a que le obedezcamos.

Conclusión:

Todos necesitamos alguien que nos salve, ese alguien es Jesús.

Él conoce lo malo que hemos hecho así que no vale la pena negarlo. El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia.[4]

Hagamos una oración ahora y hablemos con Jesús, recuerde que él es el amigo que nos salva.



[1] Juan 8: 2 al 11

[2] Juan 3: 17

[3] Marcos 2: 17

[4] Probervios 28: 13


 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
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sábado, 6 de diciembre de 2008

LA METÁFORAS DEL MINISTERIO 6 DE 6


Las metáforas del ministerio 

según 2 Timoteo 2


VI.                    Es un siervo… V.24.

Y el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable con todos, apto para enseñar, paciente ante las injurias, que con suavidad corrija a los oponentes, en la esperanza de que posiblemente Dios conceda darles conversión (que los lleve) al reconocimiento de (la) verdad, y puedan volver a la sobriedad, (habiendo sido liberados) del lazo del diablo, en que habían estado cautivos para (hacer) su voluntad.

El último párrafo de este capítulo señala la naturaleza general de la conducta del siervo del Señor. Aquí tenemos un pasaje de consejos prácticos para el dirigente y maestro cristiano.

El ministro que es siervo de Jesucristo, debe tener ciertas cualidades:

1)      No debe ser contencioso – Busca pleitos – Altercados:

Timoteo es el siervo del Señor (Jesucristo). Como tal debe ser como su Señor, que era manso, humilde, pacífico: que no gritó, ni levantó su voz, ni la hizo oír en la calle; que cuando fue oprimido y afligido no abrió su boca, sino que fue como un cordero que es llevado al matadero; y que se negó a injuriar a los lo injuriaban:

Ø  No gritará, no alzará su voz ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que se extingue: por medio de la verdad traerá la justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra la justicia[1];

Ø  Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca[2];

Ø  ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, pero humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna[3];

Ø  Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas[4];

Ø  No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz[5];

Es cierto, la expresión el siervo del Señor se aplica no solamente a Timoteo, sino a todo ministro cristiano, y por consecuente su amonestación está vigente hoy. El siervo del Señor debe ser un excelente soldado, pero no debe ser rencilloso.

2)      El siervo es amable para con todos:

Esto es, afable, agradable, dulce, suave en la conversación y el trato, fácil de conversar con él, de conducta accesible, no irritable, intolerante, sar­cástico ni burlesco, ni siquiera hacia los que yerran.

Debe tratar de ganarlos. Por eso, debe ser amable con todos.

El siervo del Señor debe ser amable con todo el mundo; hasta cuando tenga que criticar y mostrar una falta, debe hacerlo con la cortesía del que nunca quiere herir.

En oposición a los hombres quisquillosos y discutidores, guarda una actitud apacigua­dora, una dulzura que los desarma a todos

3)      Es apto para enseñar:

La amabilidad es necesaria, porque el siervo del Señor debe ser apto para enseñar, capaz, de impartir consejo e instrucción.

Debe ser idóneo para enseñar; debe no sólo conocer la verdad, sino también ser capaz de comunicarla, y eso lo hará no tanto hablando acerca de ella como viviendo de tal manera que muestre a Cristo a los demás.

4)      El siervo de Dios sufre por la causa de Cristo:

Sin embargo, su amabilidad no siempre será apreciada o correspondida. A veces su enseñanza tendrá que enfrentarse con la burla abuso, con el insulto y la injuria. Cuando esto ocurre, debe ser paciente ante las injurias. Debe callar ante la maldad.

Debe ser comprensivo; como su Maestro, si le insultan, no debe devolver los insultos; debe po­der aceptar insultos e injurias, desprecios y humillaciones, como los aceptó Jesús.

Ø  Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados![6]

5)      Corrige con mansedumbre a los que se oponen:

No solamente debe ser amable en conducta exterior; debe ser suave o manso en su actitud o disposición interior, que con suavidad corrija a los oponentes:

Que a nadie difamen, que no sean amigos de contiendas, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con toda la humanidad;[7]

Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo;[8]

Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;[9]

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos;[10]

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas;[11]

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y rivalidad en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. No es esta la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica, pues donde hay celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz;[12]

Al contrario, santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. Tened buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal;[13]

Nótese aquí el juego de palabras en el original. Los oponentes, los que constantemente se están poniendo en oposición, nunca dejan de aparecer con cuestiones ignorantes o sin instrucción.

Así el apóstol dice a Timoteo:

ü  que instruya a éstos que están sin instrucción,

ü  que eduque a los faltos de educación,

ü  que discipline (en este caso, con la disciplina de la enseñanza) a los indisciplinados,

ü  que informe a los que están faltos de información.

En vez de entrar en sus cuestiones necias, debe mostrarles ama­blemente porque uno no debiera preocuparse de estas cosas y debe inmediatamente seguir dando la instrucción positiva para que el oponente pueda recibir así corrección.

6)      Pone el libertad a los oprimidos por el diablo:

Ahora se declara el propósito de esta obra didáctica y pastoral: en la esperanza de que posiblemente Dios pueda darles conver­sión (que los lleve) al reconocimiento de la verdad, y puedan volver a la sobriedad... Esta esperanza puede haber sido expresada de una manera vacilante posiblemente . . . pueda darles porque para los seguidores del error el contradecir había llegado a ser un hábito. Aun el oír la verdad les es difícil. Si se iba a producir un cambio, nadie sino Dios podría producirlo. Es el anhelo ferviente de Pablo que pueda todavía efectuarse esa gran transformación.

La palabra usada en el original para indicar este cambio básico significa más que arrepentimiento. Es conversión, una palabra que mira hacia adelante más que hacia atrás, mientras que arrepentimiento principalmente mira hacia atrás. Además, la conversión afecta no solamente las emociones, sino también la mente y la voluntad. En realidad, es en primer lugar un cambio completo en la perspectiva mental y moral. Es un cambio radical de punto de vista que conduce a un cambio radical en la vida. Así, aquí se la describe como que conduce al conocimiento de la verdad.

Pablo tiene la esperanza de que los adherentes de la falsa doctrina se conviertan de su hábito de dar mayor importancia a cosas insignifi­cantes, y reconozcan y confiesen la grande y maravillosa verdad revelada en el evangelio y centrada en Cristo.

En consecuencia, espera que puedan volver a la sobriedad. Por medio de la obra del ministerio los adversarios podrían volver a sus sentidos; podrían ser levantados de su sopor, siendo librados del lazo del diablo, esto es, del lazo puesto por el diablo, lazo con el cual los ha seducido para hacer su voluntad. Es claro que éste es el sig­nificado por las palabras que siguen de inmediato: en que habían estado cautivos (del diablo), para hacer la voluntad (del diablo).

Entonces, la verdadera conversión es un cambio radical:

(1) de la ignorancia al reconocimiento de la verdad (v. 23, v. 25);

(2)  de la intoxicación y el estupor a la sobriedad (v. 26a);

(3)  de la esclavitud a la libertad (v. 26b).

Huye de las pasiones juveniles; corre en persecución de la integridad en la compañía de los que invocan al Señor con una limpia conciencia. No tengas nada que ver con las discusiones necias y estúpidas, porque tú sabes que no producen más que peleas. El siervo del Señor no debe ser peleón, sino más bien amable con todos, idóneo para enseñar, sopor­tando, disciplinando a sus oponentes con cortesía. Puede que así Dios les conceda que se arrepientan, para que lleguen a conocer la verdad, y así escapen del lazo del diablo, cuando sean capturados vivos por un siervo de Dios para hacer la voluntad de Dios.

 

Dice así en la NVI: Y el servidor del Señor no debe altercar, sino, más bien, ser amable con todos, apto para enseñar y sin propensión al resentimiento. A quienes le contradigan, debe instruirles con dulzura, a la espera de que Dios les conceda un cambio de mentalidad que les conduzca al reconocimiento de la verdad, y a que vuelvan sobre sí mismos y escapen de los lazos del diablo, que los ha tenido cautivos y sometidos a su voluntad.

 

¿Cuántas de estas características llenamos nosotros como siervos de Jesucristo?



[1] Isaías 42: 2 al 4

[2] Isaías 53: 7

[3] Zacarías 9: 9

[4] Mateo 11: 29

[5] Mateo 12: 19

[6] 1 Pedro 2: 10 al 24

[7] Tito 3. 2

[8] Gálatas 6: 1 y 2

[9] Efesios 4: 1 al 3

[10] Colosenses 3: 12 al 15

[11] Santiago 1: 21

[12] Santiago 3: 13 al 18

[13] 1 Pedro 3: 15 al 17

 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
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ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN


Os digo: no, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13:3

Pedro les dijo: -Arrepentíos… Hechos 2:38

 

INTRODUCCIÓN:

Comúnmente el arrepentimiento se ha descrito como la muerte al pecado y a la naturaleza pecaminosa. El arrepentimiento es necesario para nacer de nuevo. Debe haber una muerte antes de que pueda ocurrir un nuevo nacimiento.

DEFINICIÓN:

Arrepentimiento es volverse del pecado y dedicarse a la enmendadura de la vida; sentir pesar o contrición; cambiar voluntariamente. La palabra griega en el Nuevo Testamento es metanoeo que literalmente significa cambiar de voluntad o propósito. Esta palabra indica siempre un cambio para lo mejor.

ASPECTOS NECESARIOS:

A lo menos hay tres aspectos necesarios en el arrepentimiento:

1.       un cambio intelectual (cambio de visión),

2.       un cambio emocional (cambio de sentimientos), y

3.       un cambio volitivo (cambio voluntario de propósito). 

Esto es bíblico: Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.[1] Así que  el arrepentimiento viene siendo un cambio de mente, corazón, y voluntad.

En el contexto bíblico, el arrepentimiento es un giro abandonando el pecado y volviéndose hacia Dios. En este sentido, el arrepentimiento es una transformación radical de mente, actitud, convicción y dirección. Es un acto voluntario del hombre en respuesta al llamado de Dios. Denota un giro activo, no sólo un sentimiento de pesar o una disculpa. Es más que una resolución moral o reforma; es una decisión espiritual y un cambio espiritual.

El arrepentimiento es el primer acto de fe, e incluye varios elementos importantes: el reconocimiento de pecado, la confesión de pecado, el remordimiento por el pecado, una decisión para abandonar el pecado, y en la medida de lo posible restituir el daño hecho.

ü  Reconocimiento de Pecado: Antes que alguien pueda arrepentirse del pecado debe comprender primero que es un pecador. "Respondiendo Jesús, les dijo: -Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento" (Mr 2:17; Lc 5:32). Todos los hombres han pecado, así que Jesús realmente vino al mundo entero. Sin embargo, su afirmación enseña que Él salvará sólo a aquellos que reconocen sus pecados. "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." (Mt 5:3). Todos  somos pobres espirituales sin Dios, pero sólo aquellos que reconocen su pobreza buscarán a Dios y hallarán las riquezas celestiales. Muchas personas moralmente buenas y devotamente religiosas encuentran difícil arrepentirse y recibir el Espíritu Santo, porque ellos no reconocen su gran necesidad y no desarrollan un sentido de urgencia. El arrepentimiento tiene lugar sólo cuando el hombre reconoce sus pecados y reconoce su necesidad de Dios.

ü  Confesión de Pecado: Una vez que alguien comprende que es un pecador debe confesarlo ante Dios. Dios ya lo sabe todo, pero Él exige una confesión honesta. "El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia." (Prov 28:13). Cuando las personas recibieron "el bautismo de arrepentimiento," de Juan ellos descendían al agua "confesando sus pecados" (Mr 1:4-5). Si uno peca después de la conversión, la confesión es todavía parte del arrepentimiento (I Jn 1:9). Confesamos los pecados directamente a Dios, porque Él es el único que puede perdonarlos (Is 43:25; Mr 2:7). No necesitamos un mediador terrenal porque Jesús como hombre es nuestro mediador y sumo sacerdote (I Ti 2:5; Heb 4:15-16). No obstante puede ser apropiado para alguien confesar su arrepentimiento abiertamente (Hec 19:18; Lc 17:3-4; Stg 5:16). La confesión debe ser tan pública como el pecado. Lo esencial de la confesión es reconocer a sí mismo y ante Dios que uno es un pecador que necesita el perdón de Dios, y pedirle ayuda a Dios para superar en el futuro la lucha contra el pecado.

ü  Remordimiento por el Pecado: debe haber remordimiento, un dolor genuino por los pecados cometidos. El haber pecado nos debe causar un sentimiento de pesar -tristeza-, y nuestro corazón se debe quebrantar a consecuencia de los pecados. "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios." (Sal 51:17). El pecador debe sentir en él un sabor del disgusto de Dios, no sólo un dolor o pesar humano. "La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de lo cual no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte." (II Cor 7:10). Muchas personas lamentan el haber pecado pero no se han arrepentido auténticamente. Sienten las consecuencias de pecado pero no se vuelven del pecado. A veces el pecado los pone en situaciones terribles y lo sienten e intentan dejarlo pero, cuando hay una oportunidad para escapar de esas situaciones terribles, continuarán viviendo en pecado. Muchas de ellas lloran en el altar porque sienten compasión de ellos mismos y están disgustados por su impotencia, pero no están entregando sus vidas totalmente a Dios. Éstos son ejemplos del dolor mundano que no produce arrepentimiento. El verdadero arrepentimiento es fruto de la tristeza que le causa a una persona el haber pecado, y que decide  cambiar su estilo de vida pecador, y no le pesa ni le duele hacer el cambio de vida.

ü  Decisión de abandonar el pecado: Prov 28:13 dice que es necesario tanto confesar como apartarse del pecado para obtener misericordia. Debe haber una conversión real del pecado hacia Dios. El arrepentimiento va más allá de un dolor por haber pecado; también incluye una determinación para hacer algo sobre esos pecados. El arrepentimiento va más allá de la confesión de pecados; también incluye el apartarse del pecado por medio  de la ayuda de Dios.  Juan Bautista hizo énfasis en este elemento del arrepentimiento. (Lc 3:7-8). Él se negó a bautizar a muchos que vinieron a él a menos que mostraran evidencias de su arrepentimiento. Para él, el arrepentimiento era mucho más que una decisión mental; era una decisión espiritual que provocó un cambio de vida. Pablo predicó a los hombres "que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento" (Hec 26:20). El verdadero arrepentimiento causa un cambio real en las acciones de uno.

ü  Restitución: Como parte de apartarse del pecado, la persona verdaderamente arrepentida buscará corregir el impacto de sus pecados pasados en los otros a la magnitud posible. Esto se llama restitución. (Lc 19:8).  Jesús enseñó, "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y presenta tu ofrenda." (Mt 5:23-24). El plan de Dios de perdón no permite a ningún hombre continuar disfrutando los beneficios terrenales de su pecado sin la restitución, ni elimina la necesidad de buscar perdón de alguien a quien él ha hecho mal.

EL ARREPENTIMIENTO ES MAS QUE SÓLO UNA EMOCIÓN

El arrepentimiento afecta el lado emocional de hombre, pues incluye tristeza, pesar, dolor, remordimiento. Normalmente trae lágrimas y otras demostraciones físicas de esta emoción. Sin embargo, una muestra de emoción no puede sustituir el verdadero arrepentimiento. Algunos responden a la presencia de Dios pero no tienen un arrepentimiento pleno. Dios permite a menudo sentir Su presencia como un medio de conducirnos al arrepentimiento, pero no debemos confundir este sentimiento con el arrepentimiento hacia él.

Cuando alguien se arrepiente, sentirá alegría porque está restaurada la comunión con Dios. También sentirá alivio porque él ha tomado la decisión correcta y ya no tiene que enfrentarse sólo al  pecado, el Señor Jesús estará con él. Sin embargo, no debe permitir  que esta alegría y ese alivio le impida ir más allá, pues Dios tiene mucho más para él. Dios quiere tratar eternamente con sus pecados pasados a través del bautismo en agua, y Dios quiere darle el Espíritu Santo. Algunas personas no se detienen cuando sienten la alegría de arrepentimiento, sino que proceden al bautismo en agua, otra experiencia jubilosa. Luego alabando a Dios, recibirán el Espíritu Santo y continúan escalando peldaños.

EJEMPLOS DE ARREPENTIMIENTO

1.       La parábola del hijo pródigo (Lc 15:11-32).

2.       La  parábola del fariseo y el publicano  (Lc 18:9-14).

3.       La oración de David después de su adulterio (Sal 51:1-4, 7, 9-12).

 

DIOS DA LA ORDEN DE ARREPENTIRSE

Ez 18:30-32; Ez 33:11. Estos pasajes retratan la compasión de Dios, la necesidad de arrepentimiento, y la definición de arrepentimiento como un giro dejando el pecado y volviéndose a Dios. Jesús predicó fuertemente el arrepentimiento Mt 3:1-11; 4:17; Mr 1:4-5, 15;. Lc 13:3, 5. Mientras Cristo estaba en tierra envió a Sus discípulos a que predicaran el arrepentimiento Mr 6:12 y aún antes de Su ascensión Él de nuevo los comisionó a predicar el arrepentimiento Lc 24:47. Pedro predicó arrepentimiento Hec 2:38; 3:19, y Pablo también Hec 17:30; 26:20.

ARREPENTIMIENTO Y CONVERSION

La palabra arrepentimiento viene de varias palabras griegas que significan cambios de miras y propósitos, cambio de corazón, cambio de mente, cambio de vida, transformación, etc. "Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Jehová el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar" (Isaias 55:7, Lucas 13:1-5). El arrepentimiento genuino, es la confesión y abandono de los pecados. Juan el bautista predicó el arrepentimiento, Jesús lo proclamó, y los apóstoles lo enfatizaron, tanto a judíos como a gentiles. Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38 y 17:30).



[1] Marcos 12: 30

 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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