Bautismo

Análisis Interactivo: Bautismo y Salvación

Bautismo y Salvación

Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable

Introducción: La Cuestión Fundamental

El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.

La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable

El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.

"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."
- Marcos 16:16

Análisis de la secuencia salvífica:

1. Creer (πιστεύσας - pisteusas)
+
2. Ser Bautizado (βαπτισθεὶς - baptistheis)
=
3. Ser Salvo (σωθήσεται - sōthēsetai)

Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.

La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua

El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."
- 1 Pedro 3:21

TIPO: El Diluvio

  • Un mundo corrompido destinado al juicio.
  • El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
  • Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
  • El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.

ANTITIPO: El Bautismo

  • Una humanidad pecadora bajo condenación.
  • El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
  • El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
  • La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.

Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.

El Instrumento para el Perdón de los Pecados

El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.

Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés

+
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."

La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.

Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo

+
"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."

A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.

Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan

+
"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."

Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.

La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"

El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.

"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."
- Hechos 2:40-41

Análisis de la Conexión Causal:

  1. La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
  2. La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
  3. La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
  4. La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".

La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.

Conclusión Exegética

Los testimonios bíblicos, desde el mandato directo de Cristo hasta la exégesis tipológica y la práctica apostólica, convergen en una conclusión ineludible: el bautismo no es un apéndice opcional a la fe, sino una parte integral y necesaria del plan de salvación ordenado por Dios. Es el momento en que la fe obediente de un pecador arrepentido se encuentra con la gracia de Dios para el perdón de los pecados, resultando en la salvación a través del poder de la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, para quien desea obtener la salvación, la pregunta de Ananías resuena a través de los siglos: "¿Por qué te detienes?".

lunes, 24 de noviembre de 2008

LO QUE CREEMOS


LECCIÓN DOS: EL HOMBRE Y EL PECADO

 

CREACION DEL HOMBRE


En el principio Dios creó al hombre inocente, puro y santo.


Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra».

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.[1]


Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente.[2]


Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo, varón y hembra los creó y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día que fueron creados.[3]

El espíri

tu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida.[4]


Él respondió, les dijo: ¿No habéis oído que el que los hizo al principio varón y hembra los hizo?[5]


El propósito del Señor para con el hombre, fue el de coronarlo de honra y de gloria en medio de la creación. Su alta dignidad, según el propósito original de Dios, se destaca bien en el Salmo 8.


El hombre fue creado para ser administrador de la creación, pues aunque esta pertenece a Dios, fue puesta bajo los pies del hombre. Dios tenía derecho de decidir a quién le dejaba el señorío de la tierra y ese  privilegio fue reservado para Adán y su descendencia.


Por tanto, a la vista de Dios, el hombre tiene el mayor valor en el universo entero.


Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?[6]

Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.[7]


Pero, ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, está permitido hacer el bien en sábado.[8]


¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?[9]


Los que confían en sus bienes y de sus muchas riquezas se jactan,         ninguno de ellos podrá, en manera alguna, redimir al hermano ni pagar a Dios su rescate (pues la redención de su vida es de tan alto precio que no se logrará jamás)[10]


El hombre está dotado de libre albedrío, pues Dios quería que Su criatura, corona de la creación, correspondiera li­bremente a Su amor por medio de la obediencia pronta pero voluntaria.


Dios creó al hombre para eternidad. Para que viva en una permanente comunión con él. Comunión que no puede ser rota ni siquiera por la muerte.


Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos.[11]


Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aun más allá de la muerte.[12]


No sabemos cuánto tiempo disfrutaría el hom­bre del dominio de la naturaleza en plena inocen­cia y en comunión con Dios, pero las Escrituras pasan rápidamente a la narración de la caída.

 

CAIDA DEL HOMBRE


El hombre estaba creado para depender de Dios y para hacer Su voluntad, pero el diablo, con gran sutileza, le señaló un camino alternativo: seréis como Dios... Al volver las es­paldas a Dios, el hombre murió espiritualmente y el mundo se hundió en el caos del pecado y de la rebelión. La muerte física es la consecuencia ine­vitable de este estado espiritual.


Por el pecado de desobediencia, Adán y Eva, los primeros hombres de la raza humana, cayeron de su santo estado y Dios los expulsó del edén. Desde entonces por la desobediencia de un hombre, el pecado entró en el mundo.


He aquí solamente esto he hallado: Que Dios hizo al hombre recto pero ellos buscaron muchas perversiones.[13]


Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.[14]


Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Antes de la Ley ya había pecado en el mundo; pero donde no hay Ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.


Pero el don no fue como la transgresión, porque si por la transgresión de aquel uno muchos murieron, la gracia y el don de Dios abundaron para muchos por la gracia de un solo hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó, porque, ciertamente, el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.


Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida. Así como por la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos.[15]


Según las enseñanzas de Romanos, cuando Adán pecó toda la raza humana pecó con él, de forma que existe una raíz de pecado original en todo hijo de Adán, aun antes de que cometa actos concretos y voluntarios de pecado. Esta doctrina se halla implícita en toda la Biblia. Es como una funesta «ley de gravedad» que inclina a todo hombre hacia el pecado. El germen de todo pecado está en todos los hombres y se desarrolla en circunstancias propi­cias.


Pero frente a Adán como cabeza de la humanidad perdida, el apóstol Pablo señala a Cristo como postrer Adán y Cabeza de una humanidad redimida por Su gran acto de obediencia en la Cruz. Nadie se perderá, pues, por ser hijo de Adán, sino por rechazar la redención que está en Cristo.


El hombre normal es un ser responsable y se condena porque ama las tinieblas más que la luz. Las profundas huellas del pecado no pueden borrar la obra de la Cruz, donde el Hombre representativo, quien era, además, el Señor de la gloria, fue hecho pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.[16]


La identificación del hombre con su Salvador por medio del arrepentimiento y la fe, le trae vida; pero aparte de este gran remedio de Dios, opera infaliblemente la ley: Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará[17], sea en el tiempo, sea en la eternidad.


Sólo Dios es el Juez justo, el Árbitro moral de su Universo, y a Él solo compete juzgar y aplicar la sentencia, que se pronunciará según las normas de la más perfecta justicia:

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos.[18]


Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, sobre el judío en primer lugar, y también sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno: al judío en primer lugar y también al griego, porque para Dios no hay acepción de personas.

Todos los que sin la Ley han pecado, sin la Ley también perecerán; y todos los que bajo la Ley han pecado, por la Ley serán juzgados, pues no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino que los que obedecen la Ley serán justificados. Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos en el día en que Dios juzgará por medio de Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.[19]


pues escrito está: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios».

De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.[20]


Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo y ningún lugar se halló ya para ellos. Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos, y fueron juzgados cada uno según sus obras. La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego.[21]



[1] Génesis 1: 26 y 27

[2] Génesis 2: 7

[3] Génesis 5: 1 y 2

[4] Job 33: 4

[5] Mateo 19: 4

[6] Mateo 6: 30

[7] Mateo 10: 31

[8] Mateo 12: 12

[9] Mateo 16: 26

[10] Salmo 49: 6 al 8

[11] Eclesiastés 3: 11

[12] Salmo 48: 14

[13] Eclesiastés 7: 29

[14] Romanos 3: 23

[15] Romanos 5: 12 al 19

[16] 2 Corintios 5: 21

[17] Gálatas 6: 7

[18] Hechos 17: 30 y 31

[19]Romanos 2: 5 al16

[20] Romanos 14: 11 y 12

[21] Apocalipsis 20: 11 al 15

 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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sábado, 15 de noviembre de 2008

EL AMOR FRATERNAL


Permanezca el amor fraternal.[1]

 

Introducción:

 

Los historiadores comentan que los paganos al ver los seguidores de Jesús perseguidos, en la época de las persecuciones imperiales, exclamaban admirados: ¡Ved cómo se aman entre sí! ¡Mirad cómo están dispuestos a morir unos por los otros!

 

Una de las más importantes características de un verdadero cristiano es el amor. Amor hacia los demás, pero sobre todo amor hacia sus hermanos. Jesucristo mismo lo dijo, ese sería el rasgo distintivo de sus discípulos: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.[2]

 

¿Con qué calidad de amor nos amó el Señor? ¡Se entregó en la cruz por nosotros!

 

Y así como él nos ama quiere que nos amemos unos a otros.

 

Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.[3]

 

Philadelfia: AMOR AL HERMANO. Philo, amor fraternal. Amor de familia.

 

Tan distintivo debe ser el amor entre nosotros que no se concibe la idea de un hermano que no ame a otro: Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: «El que ama a Dios, ame también a su hermano».

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró ama también al que ha sido engendrado por él. [4]

 

DESARROLLO:

 

Todos los creyentes somos miembros de una gran familia, de una importante familia, la familia de Dios. Tenemos todos un mismo Padre.

 

Los lazos que unen a los miembros de esta familia son mucho más seguros y duraderos que los que unen a los miembros de una familia meramente física. Así que debemos hacer todo lo que esté en nuestro poder para ser y permanecer afectos unos a otros con tierno amor.

 

Aunque el evangelio nos enseña a amar a todos, ese tierno amor fraternal, que incluye comprensión, intimidad, y unidad espiritual, queda reservado para el círculo más íntimo de la familia, es decir aquí sí se vale discriminar entre quienes aman a Dios y quienes lo odian.

 

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe.[5] Debemos mostrarnos afectuosos en nuestro amor hacia los hermanos.

 

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.[6] El amor debe ser absolutamente sincero. El verdadero amor cristiano está limpio de egoísmo, de hipocresía, de apariencia, de segundas intenciones.

 

Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros.

 

Los verbos abundar y rebosar son sinónimos cercanos, el Señor quiere que los creyentes no solo crezcan en esta hermosa virtud que es el amor, sino que puedan realmente abundar, que abunden de tal forma quesea como un océano de amor que llene los bordes, los sobrepase y se derrame.

 

Que el amor rebose a tal grado que no solo alcance a los cristianos sino incluso a los de afuera, siendo amor de los unos para con los otros y para con todos.

 

Hay un propósito noble en este deseo del apóstol: Que él afirme vuestros corazones, que os haga irreprochables en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

 

El Señor a través del amor nos fortalece, y una vida fortalecida en Dios estará menos inclinada al mundo. Una vida fortalecida en Dios tenderá más bien a vivir apartada del pecado, es decir, en santidad y en consecuencia vendrá a ser irreprensible.

 

¿Dónde comenzó todo? En el amor fraternal.

 

El amor fraternal se demuestra entonces en nuestra vida, que debe ser un verdadero ejemplo de vida cristiana: Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que, de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Ya sabéis las instrucciones que os dimos por el Señor Jesús. La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor, no en pasión desordenada, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano, porque, como ya os hemos dicho y testificado, el Señor es vengador de todo esto. Dios no nos ha llamado a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.

 

Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros;  el apóstol Pablo es un verdadero maestro, al decir que no es necesario escribir acerca del amor fraternal, puesto que los lectores habían sido enseñados por Dios y estaban mostrando aquella enseñanza en sus vidas, queda en óptimas condiciones para señalar algunas deficiencias de la manera más prudente.

 

Todos los hermanos en Cristo Jesús con los que los tesalonicenses entraron en contacto, en lo extenso de toda la provincia, conocieron y experimentaron el genuino amor fraternal. y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda Macedonia.

 

Así que lo único que queda por hacer es insistirles en que lo sigan haciendo: Pero os rogamos, hermanos, que abundéis en ello más y más.[7]

 

Al obedecer a la verdad, mediante el Espíritu, habéis purificado vuestras almas para el amor fraternal no fingido. Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro, pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre…Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia, y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, ya que habéis gustado la bondad del Señor.[8]

 

APLICACIÓN:

 

El amor genuino, profundo, constante y abnegado de los unos por los otros es la característica distintiva del cristiano.

 

El amor fraternal debe ser una actitud y una acción constante y perdurable. El amor cristiano no es mera emoción pasajera, no es un sentimiento y nada más, es un compromiso que se expresa en acciones concretas para satisfacer las necesidades del amado.

 

La unidad de los hermanos en Cristo debe ser tal que el dolor de uno se sienta en todos. En los primeros años de historia de la iglesia, ningún cristiano que sufriera por su fe se vería olvidado o abandonado por sus hermanos.

 

Hay en el capítulo trece del libro a los Hebreos una lista de aplicaciones del amor fraternal, quizás en nuestra situación actual las expresiones prácticas del amor fraternal no sean siempre las mismas que en el primer siglo, pero la exhortación a que permanezca el amor fraternal está  vigente todavía hoy.

 

Conservando los mismos principios bíblicos de la iglesia del primer siglo:

ü  la hospitalidad,

ü  la solidaridad con los que tienen problemas,

ü  la pureza,

ü  y el contentamiento,

ü  entre otros,  

 

Debemos rogar al Espíritu Santo que nos guíe a encontrar las aplicaciones prácticas actuales del amor fraternal.

 

La esencia del amor es descubrir las necesidades de los otros y tomar acción para satisfacerlas. Hace mucha falta en nuestros días que la iglesia sea conocida por su amor fraternal.

 

En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios.

Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas y las de su hermano, justas.

Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.[9]

 

Demostrémosle a nuestros hermanos el amor de Cristo ministrando a sus necesidades.



[1] Hebreos 13: 1

[2] Juan 13: 34 y 35

[3] Juan 15: 12 y 13

[4] 1 Juan 4: 20 al 5: 1

[5] Gálatas 6: 10

[6] Romanos 12: 10

[7] 1 Tesalonicenses 3: 12 al 4: 10

[8] 1 Pedro 1: 22, 23, y 2: 1 al 3

[9] 1 Juan 3: 10 al 18


 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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LO QUE CREEMOS

LECCIÓN UNO

 

Creemos que la Biblia es inspirada por Dios, la infalible Palabra de Dios. Toda Escritura es inspirada Divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en Justicia.[1]

 

La Biblia es la única autoridad dada por Dios que el hombre posee y por lo tanto, toda doctrina, fe, esperanza y toda instrucción para la iglesia debe basarse en la Biblia y estar en armonía con ella.

 

Debe ser leída y estudiada por todos los hombres y no puede ser plenamente comprendida sino bajo dirección del Espíritu Santo. Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.[2]

 

Tenemos también la Palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por la voluntad humana, sino que los Santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.[3]

 

NATURALEZA DE DIOS

 

Creemos en el solo Dios Viviente, eterno, infinito en poder, santo en naturaleza, atributos y propósitos; y que posee Divinidad absoluta e indivisible.

 

La Escritura afirma, asume y declara que el conocimiento de Dios es Universal. porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó: Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa… Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben… Esos, aunque conocen el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican… mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos.[4]

 

Dios es indivisible, inmaterial, sin partes, sin cuerpo y por lo tanto libre de toda limitación. Él es Espíritu. Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren[5].

 

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.[6]

 

Entonces le respondió Jesús: —Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.[7]

 

Nuestro Dios es uno.

 

Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es[8].

 

Jesús le respondió: —El primero de todos los mandamiento es: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.[9]

 

un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos.[10]

 

EMANUEL: DIOS CON NOSOTROS

 

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los Padres por los Profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo, a quien, constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.[11]

 

El Dios invisible prometió darse a conocer y lo cumple mediante el cuerpo que Él emplea para la realización de su obra, a través del velo estos es, de su carne[12].

 

...por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo, Holocausto y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije:

He aquí que vengo, Oh Dios, para hacer tu voluntad como en el rollo del libro está escrito de mí.[13]

 

Creemos en que Jesús es Dios:

 

Entonces Tomás respondió y le dijo: —¡Señor mío y Dios mío! [14]

 

A ellos también pertenecen los patriarcas, de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.[15]  

 

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna[16].

 

Creemos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre:

 

El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.[17]

 

Este solo Dios verdadero se manifestó así mismo en el Antiguo Testamento, en varias maneras en el Hijo cuando caminó entre los hombres y como el Espíritu Santo después de la ascensión.

 

El solo Dios verdadero, Jehová del Antiguo Testamento, tomó sobre sí mismo la forma de hombre y como el hijo del hombre, nació de la virgen María.

 

Como Pablo dice: E indiscutiblemente, grande es el Misterio de la Piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria[18].

 

A lo suyo vino, pero los suyos no lo recibieron.[19]

 

Este solo Dios verdadero, se manifestó en la carne, es decir en su hijo Jesucristo:

 

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.[20]

 

Creemos que: en Él (Jesús) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.[21]

 

Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda la plenitud.[22]

 

Por lo tanto, Jesús en su humanidad era hombre; en su Divinidad era y es Dios. Su carne era el cordero o sacrificio de Dios, Él es el único mediador entre Dios y el hombre.

Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre.[23]

 

Jesús por parte de su padre era Divino, por parte de su madre Humano; por eso fue conocido como el hijo de Dios y también como el hijo del hombre, o el Dios hombre.

 

EL NOMBRE

 

Dios usó diferentes títulos tales como Elohim, Dios, el Dios Todopoderoso, el Shadai, Jehová y especialmente el Señor Jehová, el nombre redentor en el Antiguo Testamento.

 

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre admirable, consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.[24]

 

La profecía de Isaías se cumplió cuando se le puso nombre al hijo de Dios. Y dará a luz un hijo y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta cuanto dijo: He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo. Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es Dios con nosotros.[25] Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.[26]



[1] 2 Timoteo 3: 16

[2] Lucas 24: 47

[3] 2 Pedro 1: 19 al 21

[4] Romanos 1:19, 20, 28, 32; y 2:15

[5] Juan 4: 24

[6] Lucas 24: 39

[7] Mateo 16: 17

[8] Deuteronomio 6: 4

[9] Marcos 12: 29

[10] Efesios 4: 6

[11] Hebreos 1: 1 y 2

[12] Hebreos 10: 20

[13] Hebreos 10: 5 al 7

[14] Juan 20: 28

[15] Romanos 9: 5

[16] 1 Juan 5: 20

[17] 1 Corintios 15: 47

[18] 1 de Timoteo 3: 16

[19] Juan 1: 11

[20] 2 Corintios 5: 19

[21] Colosenses 2: 9

[22] Colosenses 1: 19

[23] 1 Timoteo 2: 5

[24] Isaías 9: 6

[25] Mateo 1: 21 al 23

[26] Hechos 4: 12



 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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Generalidades de la Escatología Bíblica

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