Bautismo

Análisis Interactivo: Bautismo y Salvación

Bautismo y Salvación

Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable

Introducción: La Cuestión Fundamental

El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.

La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable

El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.

"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."
- Marcos 16:16

Análisis de la secuencia salvífica:

1. Creer (πιστεύσας - pisteusas)
+
2. Ser Bautizado (βαπτισθεὶς - baptistheis)
=
3. Ser Salvo (σωθήσεται - sōthēsetai)

Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.

La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua

El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."
- 1 Pedro 3:21

TIPO: El Diluvio

  • Un mundo corrompido destinado al juicio.
  • El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
  • Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
  • El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.

ANTITIPO: El Bautismo

  • Una humanidad pecadora bajo condenación.
  • El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
  • El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
  • La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.

Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.

El Instrumento para el Perdón de los Pecados

El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.

Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés

+
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."

La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.

Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo

+
"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."

A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.

Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan

+
"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."

Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.

La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"

El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.

"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."
- Hechos 2:40-41

Análisis de la Conexión Causal:

  1. La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
  2. La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
  3. La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
  4. La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".

La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.

Conclusión Exegética

Los testimonios bíblicos, desde el mandato directo de Cristo hasta la exégesis tipológica y la práctica apostólica, convergen en una conclusión ineludible: el bautismo no es un apéndice opcional a la fe, sino una parte integral y necesaria del plan de salvación ordenado por Dios. Es el momento en que la fe obediente de un pecador arrepentido se encuentra con la gracia de Dios para el perdón de los pecados, resultando en la salvación a través del poder de la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, para quien desea obtener la salvación, la pregunta de Ananías resuena a través de los siglos: "¿Por qué te detienes?".

domingo, 3 de mayo de 2009

Algunas Características de un buen siervo de Jesucristo II


Palabra fiel es esta y digna de ser recibida por todos: que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

Esto manda y enseña.

1 Timoteo 4: 9 al 11

 

INTRODUCCIÓN

Estos principios bíblicos no solo se aplican a los pastores o líderes de la Iglesia local sino a cada creyente en particular.

Estas cartas a Timoteo y la que va dirigida a Tito han sido llamadas Cartas Pastorales, debido a que van dirigidas a dos jóvenes ministros y al gran número de consejos ministeriales que en ellas se encuentran. Así que las cartas pastorales son útiles para delinear las características de los siervos de Dios en todos los tiempos. 1 y 2 de Timoteo y Tito deben ser el manual de consulta rápida para cada uno de los servidores de Dios pues hay principios enseñados allí por el Espíritu Santo que nunca debemos pasar por alto.

¿Qué tan duro debe trabajar un pastor en el ministerio?

¿Puede llegar el punto en que trabaja demasiado o que trabaje muy poco?

A los cristianos en general, como siervos de Dios, ¿también les podemos aplicar estas mismas preguntas?

Hablaremos en esta mañana del esfuerzo físico que demanda el ministerio, pero también hablaremos del contenido y la forma de la enseñanza que debe impartir el siervo de Dios.

¿Cómo se debe enseñar la palabra de Dios? ¿Cómo se debe presentar el evangelio?

Tanto el contenido como la manera de enseñar varían mucho en diferentes iglesias. ¿Nos dice la biblia qué debemos enseñar y cómo hacerlo?

Por ahora, recordemos inicialmente quienes somos siervos de Jesucristo:

SIERVO DE JESUCRISTO: no es solo aquel que de tiempo completo hemos sido llamados a trabajar en la obra de Dios, sino que realmente lo es todo aquel que ha sido salvo, los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. A todos nos ha llamado el Señor a servir.

Ya hemos estudiado cuatro de las características de un buen siervo de Jesucristo descritas en este pasaje de 2 de Timoteo 4:

Un buen ministro de Jesucristo:

  1. ADVIERTE DEL ERROR A LA CONGREGACIÓN

Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo.[1]

Un buen siervo de Jesucristo:

2.       ES UN ESTUDIANTE EXPERTO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.[2]

Un buen siervo de Jesucristo:

3.       DESECHA LO QUE NO SIRVE

Desecha las fábulas profanas y de viejas.[3]

Un buen siervo de Jesucristo es:

4.       DISCIPLINADO EN SU PIEDAD PERSONAL

Ejercítate para la piedad.[4]

 

Continuemos ahora con el estudio de dos características más descritas en el pasaje que tomamos inicialmente:

 

Un buen siervo de Jesucristo es:

5.       LABORIOSO

por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios[5]

Alguna vez un cómico dijo "Tan terrible es el trabajo que hasta pagan por hacerlo", sin embargo el trabajo es un valor fundamental.

Cuando alguien se refiere a nosotros como "muy trabajadores" nos sentimos distinguidos y halagados: los demás ven en nosotros la capacidad de estar horas y horas haciendo "muchas cosas importantes".

La laboriosidad significa hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias. Pero laboriosidad no significa únicamente "cumplir" nuestro trabajo. También implica el ayudar a quienes nos rodean incluso durante nuestro tiempo de descanso.

Podemos, fácilmente, dar una apariencia de laboriosidad cuando adquirimos demasiadas obligaciones para quedar bien, aún sabiendo que no podremos cumplir oportunamente.

A una imagen de mucha actividad pero con pocos resultados se le llama activismo, "mucho ruido y pocas nueces". Es entonces cuando se hace necesario analizar con valentía los verdaderos motivos por los que actuamos, para no engañarnos, ni pretender engañar a los demás cubriendo nuestra falta de responsabilidad.

La pereza es la manera común de entender la falta de laboriosidad. Quien con el pretexto de descansar de su intensa actividad -cualquier día y a cualquier hora- pasa demasiado tiempo en el sofá o en la cama viendo televisión "hasta que el cuerpo reclame movimiento", poco a poco perderá su capacidad de esfuerzo hasta ser incapaz de permanecer mucho tiempo trabajando o estudiando.

Para ser laborioso se necesita estar activo, hacer cosas que traigan un beneficio a nuestra persona, o mejor aún, a quienes nos rodean.

El siervo excelente está entregado al trabajo duro.

El ministerio no es solo una búsqueda de cosas celestiales y espirituales, es también trabajo físico, debemos tener los pies en la tierra.

Trabajamos duro porque lo que hacemos tiene implicaciones eternas. Tenemos el futuro eterno en mente, no estamos lidiando con cosas pasajeras. Es de suma importancia lo que hacemos.

Por tanto, procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables, porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.[6]

Porque nos presentaremos finalmente ante Dios trabajamos duro, él nos recompensará por lo que hayamos hecho. Vale la pena el esfuerzo.

Pero no solo por la recompensa, sino también por amor a los perdidos, el destino eterno de los que escuchan nuestra predicación: Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres.[7]

Trabajar hasta el punto de estar agobiado, de agonizar. El ministerio requiere tal trabajo que estaremos exhaustos, agonizaremos en ese trabajo porque los beneficios son eternos.

El verdadero liderazgo requiere esfuerzo, cuanto más alto sea el liderazgo más grande el esfuerzo.

¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos, más abundante; en azotes, sin número; en cárceles, más; en peligros de muerte, muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he sido náufrago en alta mar; en caminos, muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez. Y además de otras cosas, lo que sobre mí se añade cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno?[8]

¿Qué motivaba a Pablo a trabajar tan duro? ¿Lo hacía por fama, por remuneración económica, por su reputación, por recompensas temporales? NO!

Lo que hacemos lo hacemos pensando en la eternidad, el Dios viviente nos recompensará eternamente: por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.[9]

Trabajo duro, laboriosidad. Eso caracteriza al siervo excelente.

Hay una frase aquí que ha causado problemas a algunos el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

Dios no va a salvar a todos los hombres al final estén como estén, la Biblia no se contradice.

Detengámonos un momento acá:

La Biblia enseña que hay un lugar de tormento, de aislamiento, y de soledad eterna: el infierno. Este lugar está reservado para castigar eternamente a Satanás y sus ángeles, pedo allí también irán a parar todos aquellos que no crean en Jesucristo.

cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.[10]

Dios es potencialmente el salvador de todos los hombres, pero eficazmente de todos aquellos que creen.

Todos los hombres disfrutan de salvación en cierto sentido pero plenamente sólo los creyentes en Jesucristo. Todos los hombres experimentan los beneficios del poder salvador de Dios, pero no la salvación eterna. Los creyentes disfrutan de los beneficios y de la salvación eterna misma.

Recuerdan lo que les pasó a los Israelitas: No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos pasaron el mar; que todos, en unión con Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar, todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo. Pero de la mayoría de ellos no se agradó Dios, por lo cual quedaron tendidos en el desierto.[11]

El que alguien disfrute de un beneficio de Dios no garantiza su salvación:

No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". Entonces les declararé: "Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!"[12]

 

Un buen siervo de Jesucristo:

6.       ENSEÑA CON AUTORIDAD

Esto manda y enseña.[13]

Te suplico encarecidamente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su Reino, que prediques la palabra y que instes a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.[14]

Pablo enseña a Timoteo que lo que debe predicar es la Palabra de Dios, no sus propios argumentos, teorías, o deducciones.

No más predicaciones tímidas, sin trascendencia, sin contenido bíblico.

Dios nos manda a predicar no sugerencias divinas sino mandamientos divinos.

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, acreditándolo ante todos al haberlo levantado de los muertos.[15]

La exposición de la palabra de Dios exige un tono de autoridad, pues es Dios mismo quien habla por medio de su siervo.

Cuando terminó Jesús estas palabras, la gente estaba admirada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.[16]

No se refiere a gritos o saltos, no me puedo imaginar al Maestro es esas andanzas emocionalistas.

Como te rogué que te quedaras en Éfeso cuando fui a Macedonia, para que mandaras a algunos que no enseñen diferente doctrina ni presten atención a fábulas y genealogías interminables (que acarrean discusiones más bien que edificación de Dios, que es por fe), así te encargo ahora.[17]

No son sugerencias, son mandamientos.

No son tonos tímidos o inseguros, que buscan no inquietar  a los oyentes. Quien viene por primera vez a oír la voz de Dios debe salir de este lugar inquietado por ella.

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos y generosos. De este modo atesorarán para sí buen fundamento para el futuro, y alcanzarán la vida eterna.[18]

Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.[19]

No es nuestra autoridad, es la de Dios.

Una enseñanza con autoridad que exige obediencia a la voz de Dios.

¿Cual es fundamento de esta autoridad?

ü  El convencimiento de que la Biblia es la palabra de Dios, no que contiene, sino que es la palabra de Dios. No es como cualquier otro libro.

ü  Estar convencidos de lo que dice, saber cuál es el mensaje de ella.

ü  El compromiso de comunicarla. Debe ser nuestro compromiso con Dios. Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciara el evangelio! Por eso, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.[20]

ü  Preocupación por la gente que escucha la palabra de Dios. Conocerles y amarles. La gente necesita conocer ese mensaje de Dios.

 

APLICACIÓN

Estamos invitados a servir a nuestro Señor, pero no podemos hacerlo de cualquier manera, y para eso es necesaria la preparación.

Como vamos camino hacia la perfección, vamos buscando lo excelente, debemos entonces procurar ser excelentes siervos de Jesucristo.

Ya hemos recibido seis consejos que debemos ir incorporando en nuestra vida de servicio y veremos que Dios nos lleva a cumplir su propósito en nuestra vida:

*      Denunciemos el error,

*      dediquémonos al estudio bíblico,

*      desechemos lo que no sirve,

*      ejercitémonos para la piedad,

*      trabajemos duro, y

*      enseñemos con autoridad.

Debemos ser íntegros, vivir lo que predicamos. Solo así podemos ser realmente los siervos que nuestro Dios desea que seamos.

Que lo que digamos compruebe lo que hacemos. Lo que hacemos habla más fuerte que lo que decimos.

Enseñemos la palabra de Dios con amor y autoridad.

Si alguien no conoce todavía al salvador, es necesario que crea en él, pues solo así amándole, obedeciéndole, entregándose a él hoy, es la única manera de alcanzar salvación.



[1] 1 Timoteo 4: 6a

[2] 1 Timoteo 4: 6b

[3] 1 Timoteo 4: 7a

[4] 1 Timoteo 4: 7b

[5] 1 Timoteo 4: 10                                                                                                       

[6] 2 Corintios 5: 9 y 10

[7] 2 Corintios 5: 11a

[8] 2 Corintios 11: 23 al 29

[9] 1 Timoteo 4: 10

[10] 2 Tesalonicenses 1: 7 al 9

[11] 1 Corintios 10: 1 al 5

[12] Lucas 7: 21 al 23

[13] 1 Timoteo 4: 11

[14] 2 Timoteo 4: 1 y 2

[15] Hechos 17: 30 y 31

[16] Mateo 7: 28 y 29

[17] 1 Timoteo 1: 3 y 4

[18] 1 Timoteo 6: 17 al 19

[19] Tito 2: 15

[20] 1 Corintios 9: 16 y 17


 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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lunes, 27 de abril de 2009

La resurección de Jesucristo 1


Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. De pronto hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. De miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Pero el ángel dijo a las mujeres: «No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos y va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis. Ya os lo he dicho».

Mateo 28: 1 al 7

 

LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO ¿ENGAÑO O REALIDAD?

 

 

INTRODUCCIÓN

Desde siempre hombre y mujeres han respondido a la muerte de sus seres queridos con un gemido semejante al de Job: El hombre que muere, ¿volverá a vivir?[1]

Los santos del Antiguo Testamento guardaban la esperanza de que después de la muerte sus cuerpos serían resucitados a una vida eterna con Dios. Aunque no tenían la claridad que nosotros tenemos después de la resurrección de Cristo, ellos guardaban una fe firme en otra vida después de la muerte. Se creía en una resurrección final que todos los justos estaban esperando en el lugar de los espíritus llamado Seol en hebreo y en griego Hades.

Abraham, por ejemplo, es el primero de quien con claridad se relata que creía en la resurrección:

Entonces dijo Abraham a sus siervos: —Esperad aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros.[2]

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac: el que había recibido las promesas, ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: «En Isaac te será llamada descendencia», porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir.[3]

Job lo declara con las siguientes palabras: Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán, no los de otro.[4]

Isaías profetiza: Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra entregará sus muertos.[5]

Daniel dice: Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua… En cuanto a ti, tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.[6]

Hay además unos cuantos ejemplos de resurrección de muertos a la vida terrenal, pero a diferencia de la resurrección única de Jesús, cada uno de estos ejemplos tuvo que morir otra vez:

ü  El hijo de la viuda de Sarepta: —Dame acá tu hijo—le dijo él.

Lo tomó entonces Elías de su regazo, lo llevó al aposento donde él vivía y lo puso sobre su cama. Luego clamó a Jehová diciendo: «Jehová, Dios mío, ¿también a la viuda en cuya casa estoy hospedado vas a afligir, haciendo morir su hijo?».

Se tendió sobre el niño tres veces y clamó a Jehová: «Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma a este niño».

Jehová oyó la voz de Elías, el alma volvió al niño y este revivió. Tomó luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, lo entregó a su madre y le dijo:—Mira, tu hijo vive.[7]

ü  El hijo de la sunamita: Cuando Eliseo llegó a la casa, el niño ya estaba muerto, tendido sobre su cama. Entró él entonces, cerró la puerta detrás de ambos y oró a Jehová. Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas. Se tendió así sobre él y el cuerpo del niño entró en calor. Luego se levantó y se paseó por la casa de una a otra parte. Después subió y se tendió sobre el niño nuevamente. Entonces el niño estornudó siete veces y abrió sus ojos. Eliseo llamó a Giezi y le dijo: «Llama a la sunamita».

Giezi la llamó y, cuando ella entró, él le dijo: «Toma tu hijo». Apenas ella entró, se echó a sus pies, postrada en tierra. Después tomó a su hijo y salió.[8]

ü  Otro más en el sepulcro de Eliseo: Aconteció que estaban unos sepultando a un hombre cuando súbitamente vieron una banda armada; entonces arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Pero tan pronto tocó el muerto los huesos de Eliseo, revivió y se puso en pie.[9]

ü  La hija de Jairo: Mientras él les decía estas cosas, llegó un dignatario y se postró ante él, diciendo: —Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá… Cuando entró Jesús en la casa del dignatario y vio a los que tocaban flautas y a la gente que hacía alboroto, les dijo: —Apartaos, porque la niña no está muerta, sino que duerme.

Y se burlaban de él. Pero cuando la gente fue echada fuera, entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. Y se difundió esta noticia por toda aquella tierra.[10]

ü  Muchos más en el ministerio público de Jesús: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio.[11]

ü  El hijo de la viuda de Naín: Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, que era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: —No llores.

Acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: —Joven, a ti te digo, levántate.

Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. Todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado a su pueblo».

Y se extendió la fama de él por toda Judea y por toda la región de alrededor.[12]

ü  Lázaro: Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: —¡Lázaro, ven fuera!

Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: —Desatadlo y dejadlo ir.[13]

ü  Muchos Santos a la hora de morir Jesús: los sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y después que él resucitó, salieron de los sepulcros, entraron en la santa ciudad y aparecieron a muchos.[14]

ü  Dorcas: Aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. Como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: «No tardes en venir a nosotros».

Pedro se levantó entonces y fue con ellos. Cuando llegó, lo llevaron a la sala, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: «¡Tabita, levántate!».

Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él le dio la mano y la levantó; entonces llamó a los santos y a las viudas y la presentó viva. Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor. [15]

ü  Eutico: Un joven llamado Eutico estaba sentado en la ventana, y rendido de un sueño profundo por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándolo, dijo: —No os alarméis, pues está vivo.

Después de haber subido, partió el pan, lo comió y siguió hablando hasta el alba; y luego se fue. Llevaron vivo al joven, y fueron grandemente consolados.[16]

Como podemos ver hubo resurrección de muertos a esta vida mortal antes de Cristo, durante su ministerio terrenal, y después de su ascensión hasta nuestros días, pero ninguna comparable con la resurrección de Jesucristo que es una resurrección a una vida de inmortalidad, es la victoria definitiva sobre la muerte. Habiendo conquistado la muerte Jesucristo jamás tendrá que enfrentarla de nuevo. Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él.[17]

Cuando no examinamos las bases o fundamentos de nuestra fe, Satanás usa nuestra ignorancia para atacar nuestra creencia, sembrando dudas en nuestra mente. Hagamos un pequeño esfuerzo intelectual por llegar a ser obreros que no tienen de qué avergonzarse y que usan bien la Palabra de Verdad.

Decía Luis Pasteur: "Un poco de ciencia nos aparta de DiosMuchanos aproxima".  De tal modo que les animo a que examinemos sin miedo y de manera minuciosa esta valiosa doctrina de la resurrección de Cristo.

Al final concluiremos que la resurrección corporal de Jesucristo es:

*      Uno de los engaños más malvados, viciosos y desalmados que jamás se hayan impuesto sobre los seres humanos, o

*      El hecho más extraordinario de la historia de la humanidad.

Otros ya han hecho este trabajo, demoraron años investigando y recopilando evidencias, y al final llegaron a la misma conclusión. Por mencionar algunos:

Ø  Lew Wallace, famoso militar, político y escritor norteamericano se propuso refutar seriamente la deidad de Cristo y su resurrección y terminó escribiendo un famoso libro defendiéndolas Ben Hur: Una historia de Cristo;

Ø  Frank Morison, un abogado británico se dedicó a escribir un libro que sirviera para repudiar la resurrección de Jesucristo, y escribió un libro titulado ¿Quién movió la piedra? Confirmando las más claras evidencias de la resurrección de Cristo;

Ø  Josh McDowell, doctor en leyes, académico norteamericano que pasó de ser ateo a defensor del cristianismo al decidir preparar una tesis que examinara la evidencia histórica de la fe cristiana con la finalidad de refutarla. Plasmo la tesis resultante en su libro Evidencia que demanda un veredicto, que no es otra cosa que la recopilación de la evidencia encontrada que apoya la historicidad del cristianismo en lugar de refutarla.

Ø  Francis S. Collins, médico, físico y químico, especialista en genética y quien lideró el Proyecto Genoma Humano y ganó por ello el premio Príncipe de Asturias en 2001. Collins inicialmente era ateo y buscando pruebas intelectuales que lo reafirmaran en su ateísmo, reconoce que en un punto los hechos lo llevaron a admitir que la fe en Dios era más racional que no creer, terminó convirtiéndose al  cristianismo y escribió el libro ¿Cómo habla Dios? dónde relata sus experiencias y expone sus conclusiones.

 

1.       LA IMPORTANCIA DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe.

1 Corintios 15: 14

La resurrección de Jesucristo y el cristianismo permanecen de pie juntos o caen juntos. Pues sin la creencia en la resurrección sencillamente la fe cristiana no hubiese llegado a existir, los discípulos habrían quedado destruidos y derrotados. Seguramente hubieran recordado a Jesús como su amado maestro, pero los efectos de la crucifixión y la sepultura hubieran silenciado para siempre cualquier esperanza de que Jesús fuera el Mesías. La cruz hubiera permanecido como el triste y vergonzoso fin de su carrera.

Para ilustrar esto sencillamente traigamos a memoria las palabras de los discípulos de Jesús que después de su muerte y sepultura caminaban hacia Emaús:

Dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. Hablaban entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero los ojos de ellos estaban velados, para que no lo reconocieran.

Él les dijo: —¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?

Entonces él les preguntó: —¿Qué cosas?

Y ellos le dijeron: —De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo lo entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y lo crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él fuera el que había de redimir a Israel. Sin embargo, además de todo, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las cuales antes del día fueron al sepulcro; como no hallaron su cuerpo, volvieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no lo vieron.

Entonces él les dijo: —¡Insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria?

Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo: —Quédate con nosotros, porque se hace tarde y el día ya ha declinado.

Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que, estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: —¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino y cuando nos abría las Escrituras?

Levantándose en esa misma hora, volvieron a Jerusalén; y hallaron a los once reunidos y a los que estaban con ellos, que decían: —Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.

Entonces ellos contaron las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan.[18]

De tal modo que el origen del cristianismo se da con la certeza de los primeros discípulos de que Dios había resucitado a Jesús de entre los muertos. La verdad del cristianismo se basa en la resurrección corporal de Cristo.

La resurrección de Jesús es el punto central de toda predicación apostólica. Son más de cien los pasajes del Nuevo Testamento que hacen referencia a esta verdad central, fue el punto principal del testimonio de los apóstoles.

Aunque Pablo es quien más espacio le dedica a esta doctrina, no surgió con él. Pedro en su primer discurso en día de Pentecostés proclama como verdad central la resurrección de Jesús. En el relato de Hechos de los Apóstoles vemos que los apóstoles predicaron la doctrina de la resurrección a judíos y a gentiles. Lo hicieron en Jerusalén, Antioquía de Pisidia, Atenas, Roma, etc. Es decir, esta doctrina era parte fundamental de la predicación apostólica y básica para la fe cristiana.

Negar la resurrección de Cristo sería negar la veracidad del relato histórico del Nuevo Testamento.  Si los libros del Nuevo Testamento muestran ser precisos en términos de confiabilidad histórica, tal y como sucede, esta es una buena razón inicial para aceptar la resurrección como una verdad objetiva.

Negar la resurrección de Jesús es ir en contra de toda la evidencia pertinente que estaba disponible en la iglesia primitiva.

La resurrección de Jesucristo nos abre un caudal de esperanza. Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo final.[19]

La resurrección de Jesucristo es nuestra certeza de vida eterna. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros.[20]

Jesús mismo lo enseñó: »No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.[21]

Si Jesucristo no resucitó no es Dios. Jesús afirmó ser Dios, por ejemplo él dijo: —De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuera, yo soy.[22] Abraham había vivido al menos dos mil años antes de Jesús, de tal manera que existir desde antes que existiera Abraham equivale a tener la misma existencia de Dios.

Y para colocar otro ejemplo de sus afirmaciones de divinidad, Jesús también dijo: El Padre y yo uno somos.[23] Cosa que entendieron claramente quienes le oían, por eso su reacción: Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo. Jesús les respondió: —Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?

Le respondieron los judíos, diciendo: —Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios.[24]

Estas y cualquiera otra de sus afirmaciones  de ser Dios pierden valor y son una total falsedad si Cristo no resucitó en el mismo cuerpo físico que fue puesto en la tumba. La resurrección corporal de Jesús tiene un valor probatorio como evidencia de la divinidad de Cristo. Sería absurdo declarar como Dios a alguien que estuviera en la tumba.

La resurrección de Jesús crea un abismo insalvable entre el cristianismo y las grandes religiones del mundo. Todos los millones y millones de judíos, budistas y mahometanos que existen en el mundo están de acuerdo en que sus fundadores nunca han salido del polvo de la tierra en una resurrección victoriosa sobre la muerte, cosa distinta ocurre con los millones de cristianos en el mundo.

Los restos de Abraham, Buda, Confucio, Lao-Tzu, Zoroastro, Mahoma, y todos los demás, están aún aquí en la tierra, en cambio la tumba de Jesús está vacía.

Con la resurrección Dios colocó un sello de aprobación a todo lo que hizo y dijo Jesús. que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos.[25]

Jesús había dicho que tenía poder para entregar su vida y para volverla a tomar. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.[26] Si Jesús no hubiese resucitado esto no se habría cumplido, pero su resurrección fue el visto bueno de parte de Dios de que todas sus declaraciones fueron verdad.

Cuando le pidieron señal Jesús indicó que la única señal sería su resurrección: —La generación mala y adúltera demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.[27] Arriesgó deliberadamente el cumplimiento de este evento como su credencial única y suficiente para demostrar que realmente era el Mesías.

La resurrección convirtió la catástrofe en victoria.  Sin la resurrección la muerte de Jesús no habría significado más que la humillación y maldición de parte de Dios; pero en vista de la resurrección de Jesucristo podemos considerar su muerte como el evento por medio del cual se obtiene el perdón de los pecados.

Si la resurrección no es un hecho histórico, entonces el poder de la muerte permanece inquebrantable; y con ello el efecto del pecado; y la importancia de la muerte de Cristo queda sin certificación; y en este orden de ideas los creyentes están aún en sus pecados precisamente como estaban antes de oír el mensaje del nombre de Jesús.

Un evangelio sin la doctrina de la resurrección no tiene mensaje alguno de redención.

De ser falsa la resurrección Pablo y sus colegas serían unos impostores de la peor calaña. Si la resurrección de Cristo es una mentira, entonces quienes la proclaman como verdad son unos mentirosos.

Quienes niegan esta doctrina tratan a Dios de mentiroso y a los apóstoles de testigos falsos.

Ahora bien,  si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos,  ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección? Si no hay resurrección,  entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado,  nuestra predicación no sirve para nada,  como tampoco la fe de ustedes.

Aún más,  resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo,  lo cual no habría sucedido,  si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan,  tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado,  la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados.

En este caso,  también están perdidos los que murieron en Cristo.

Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida,  seríamos los más desdichados de todos los mortales.

Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos,  como primicias de los que murieron. De hecho,  ya que la muerte vino por medio de un hombre,  también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos.[28]

 

CONCLUSIÓN

La doctrina de la resurrección de Jesucristo es fundamental para la fe cristiana.

Si no existiera la resurrección, los predicadores predicarían falsedades, los cristianos estarían aún en sus pecados y los creyentes que han muerto estarían perdidos para siempre.

 

 



[1] Job 14: 14a

[2] Génesis 22: 5

[3] Hebreos 11: 17 al 19

[4] Job 19: 25 al 27

[5] Isaías 26: 19

[6] Daniel 12: 2 y 13

[7] 1 Reyes 17: 19 al 23

[8] 2 Reyes 4: 32 al 37

[9] 2 Reyes 13: 21

[10] Mateo 9: 18 y 23 al 26

[11] Mateo 11: 5

[12] Lucas 7: 12 al 17

[13] Juan 11: 43 y 44

[14] Mateo 27: 52 y 53

[15] Hechos 9: 37 al 42

[16] Hechos 20: 9 al 12

[17] Romanos 6: 9

[18] Lucas 24: 13 al 35

[19] 1 Pedro 1: 3 al 5

[20] Romanos 8: 11

[21] Juan 14: 18 y 19

[22] Juan 8: 58

[23] Juan 10: 30

[24] Juan 10: 31 al 33

[25] Romanos 1: 4

[26] Juan 10: 17 y 18

[27] Mateo 12: 39 y 40

[28] 1 Corintios 15:  12 al 21


 
 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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