Bautismo

Análisis Interactivo: Bautismo y Salvación

Bautismo y Salvación

Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable

Introducción: La Cuestión Fundamental

El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.

La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable

El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.

"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."
- Marcos 16:16

Análisis de la secuencia salvífica:

1. Creer (πιστεύσας - pisteusas)
+
2. Ser Bautizado (βαπτισθεὶς - baptistheis)
=
3. Ser Salvo (σωθήσεται - sōthēsetai)

Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.

La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua

El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.

"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."
- 1 Pedro 3:21

TIPO: El Diluvio

  • Un mundo corrompido destinado al juicio.
  • El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
  • Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
  • El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.

ANTITIPO: El Bautismo

  • Una humanidad pecadora bajo condenación.
  • El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
  • El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
  • La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.

Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.

El Instrumento para el Perdón de los Pecados

El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.

Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés

+
"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."

La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.

Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo

+
"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."

A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.

Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan

+
"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."

Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.

La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"

El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.

"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."
- Hechos 2:40-41

Análisis de la Conexión Causal:

  1. La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
  2. La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
  3. La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
  4. La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".

La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.

Conclusión Exegética

Los testimonios bíblicos, desde el mandato directo de Cristo hasta la exégesis tipológica y la práctica apostólica, convergen en una conclusión ineludible: el bautismo no es un apéndice opcional a la fe, sino una parte integral y necesaria del plan de salvación ordenado por Dios. Es el momento en que la fe obediente de un pecador arrepentido se encuentra con la gracia de Dios para el perdón de los pecados, resultando en la salvación a través del poder de la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, para quien desea obtener la salvación, la pregunta de Ananías resuena a través de los siglos: "¿Por qué te detienes?".

jueves, 22 de julio de 2010

Más sobre economía

8. Tesoros celestiales.

»No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino. Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye, porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.[1]

En el contexto cercano encontramos una disputa legal sobre un tema de propiedad. Un hermano estaba reclamando que había sido defraudado en cuanto a su porción de la herencia. Sin embargo, Jesús que aparentemente se negó a resolver el asunto llegó a la raíz del mismo dando una advertencia contra la avaricia o, como dicen algunas de las versiones bíblicas más antiguas, la codicia.

¿Sería que Jesús sabía a fondo el meollo del problema?

La codicia es el deseo de tener más de lo que uno realmente tiene y no necesariamente por envidia de lo que tengan los demás. No sólo lleva a la lucha, sino que también expresa una actitud fundamentalmente errada hacia la vida, según la cual las posesiones son todo lo que realmente importa.

Sólo se necesita que Dios saque ese sentimiento de la vida y en seguida se hará evidente lo inútiles que son las posesiones. El dinero no puede comprarlo todo. El rico no ha alcanzado las verdaderas riquezas de una correcta relación con Dios, para lo cual un paso ciertamente sería dar a los pobres. Para algunos la riqueza los convierte en necios; impíos y por lo tanto insensibles.

Entonces, ¿cómo deben verse las posesiones?

Los discípulos no deben preocuparse por la comida y el vestido (las dos necesidades esenciales para el cuerpo) como si fueran las cosas más importantes. La persona misma es más importante.

Si Dios alimenta a toda ave que vive sin preocupaciones y viste a las flores, seguramente más aun proveerá lo que es necesario para sus hijos. En cualquier caso, las preocupaciones no pueden de modo alguno prolongar la vida de una persona.

En un mundo donde la gente vive en una carrera desesperada, buscando mejores condiciones de vida, los discípulos deben buscar primero la voluntad de Dios y su salvación; entonces encontrarán que hay quien cuida de todas sus necesidades materiales. Por lo tanto, que vendan sus posesiones y las den a los necesitados, y fijen su deseo de un tesoro celestial que no pasará.

Una enseñanza tal puede parecer un estímulo a la pereza y a la falta de preocupación por los aspectos prácticos de cada día: "Dios proveerá; ¡por lo tanto no necesito hacer nada!" Sin embargo, Jesús no está hablando a los perezosos sino a los preocupados y a aquellos que son tentados a unirse a aquella carrera desenfrenada por amontonar riquezas.

Deben confiar en Dios y poner en orden sus prioridades.

Se anima a los discípulos acumular tesoros en el cielo y no en la tierra:

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le agrada daros el reino.

Jesús nos manda a no preocuparnos. Pero, ¿cómo lo evitamos? Solo nuestra fe puede liberarnos de la ansiedad que causa la codicia y la avaricia.

Es bueno trabajar y planificar con responsabilidad, pero no es bueno depender de nuestros métodos, pues nuestra planificación puede fracasar. La preocupación no sirve ya que no puede satisfacer ninguna de nuestras necesidades; la preocupación es una actitud necia porque el Creador del universo nos ama y sabe lo que necesitamos.

¡Aunque pequeña en número, la manada es amada por el Padre!

¡Cuán sublime y conmovedor el contraste entre este nombre tierno y compadeciente, "Manada Pequeña" y el "beneplácito" del Padre de darles el Reino! de la una parte se recuerda la insignificancia y desamparo de aquel puñado literal de discípulos, y de la otra levanta ante su vista el amor eterno que los encerraba, y los brazos eternos que estaban bajo ellos y la sublime herencia que los esperaba.

Dios como buen Padre no da el reino a los discípulos de mala gana. Al contrario. Es su beneplácito hacerlo. Lo hace con un intenso deleite.

El Padre da. Sus hijos debieran hacer lo mismo, en la forma limitada que les es posible, pero de todo corazón y generosamente.

Vended vuestras posesiones y dad a la caridad.

En líneas generales, esta misma idea se puede encontrar también en el Sermón del Monte.

A veces ha sido groseramente mal interpretado este pasaje, como si Jesús hubiera dicho a todos sus seguidores: "Vended todas vuestras posesiones y dad todo lo que produzca su venta a los pobres". El resultado sería que muy pronto la iglesia se convertiría en una carga para la sociedad.

Un texto debe explicarse a la luz de su contexto. Hace un momento Jesús había contado la parábola de aquel hombre rico insensato. Ese hombre quiso quedarse con todo. Aquí Jesús está combatiendo ese espíritu egoísta.

La verdadera interpretación de lo que el Maestro dice aquí se puede encontrar en pasajes como:

Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, enviaré a quienes vosotros hayáis designado por carta para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.[2]

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia, porque, en las grandes tribulaciones con que han sido probadas, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediéramos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor y luego a nosotros, por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito, para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en vuestro amor por nosotros, abundad también en esta gracia.  No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro. Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos.[3]

 El que es enseñado en la palabra haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.

No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe.[4]

Proveeos bolsas que nunca se gastarán, un tesoro en el cielo que nunca se agotará, donde ningún ladrón puede llegar y ninguna polilla puede arruinar.

En cuanto a la naturaleza del tesoro en el cielo véanse pasajes tales como:

»El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.»[5]

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme." Entonces los justos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Respondiendo el Rey, les dirá: "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis."

»Entonces dirá también a los de la izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces también ellos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?" Entonces les responderá diciendo: "De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis." Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.[6]

Ese tesoro sí puede ser simbolizado por "bolsas que nunca se gastan".

Además, nunca se agota. Siempre hay más, y más y todavía más.

Y más que todo, las riquezas de la vida celestial, ya comenzadas en principio en la tierra pero en su plenitud reservadas para los cielos, estarán completamente fuera del alcance de los ladrones y de la polilla.

Las Escrituras enseñan en todo lugar que los tesoros celestiales están a prueba de polillas y de ladrones, en otras palabras, que duran para siempre con todo su resplandeciente lustre como la posesión inamovible de los hijos del Padre celestial, porque nos habla de:

ü  una fidelidad que jamás será quitada (Sal. 89:33),

ü  una vida que nunca terminará (Jn. 3:16),

ü  una fuente de agua que nunca cesará de fluir dentro del que bebe de ella (Jn. 4:14),

ü  una dádiva que jamás se perderá (Jn. 6:37, 39),

ü  una mano de la cual no podrá ser jamás arrebatada una oveja (Jn. 10:28),

ü  un amor del cual nunca podremos ser separados (Ro. 8:39),

ü  un llamamiento que no será revocado jamás (Ro. 11:29),

ü  un fundamento que nunca será destruido (2 Ti. 2:19),

ü  y una herencia que no se marchitará jamás (1 P. 1:4, 5).

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Este "porque" da la razón por la cual es necesario obedecer las exhortaciones anteriores.

Naturalmente, si el verdadero tesoro de una persona, su objetivo final en todas sus luchas, es algo que pertenece a esta tierra—adquisición de dinero, fama, popularidad, prestigio, poder—entonces su corazón, el centro mismo de su vida, estará completamente absorbido por ese objetivo mundano. Todas sus actividades, incluidas las así llamadas religiosas, serán subordinados a esta única meta.

Por otra parte, si con gratitud sincera y humilde a Dios ha hecho del reino de Dios, es decir, del reconocimiento gozoso de la soberanía de Dios en su propia vida y en todas las esferas, su tesoro entonces allí es donde tendrá su corazón. En ese caso, el dinero será una ayuda en vez de un impedimento.

El "corazón" no puede estar en ambos lugares al mismo tiempo. Es el uno u el otro.

»Ningún siervo puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.»[7]

APLICACIÓN

Cristo insiste mucho en no dar lugar a preocupaciones confusas e inquietantes. Los argumentos aquí usados son para animarnos a echar sobre Dios nuestra preocupación, que es la manera correcta de obtener tranquilidad.

Una búsqueda angustiosa y ansiosa de las cosas de este mundo, aún de las necesarias, no va con los discípulos de Cristo.

Los temores no deben dominar cuando nos asustamos con pensamientos de un mal venidero, y nos disponemos a preocupaciones innecesarias sobre cómo evitarlo.

Si valoramos la belleza de la santidad, no codiciaremos los lujos de la vida. Entonces, examinemos si pertenecemos a esta manada pequeña.

Convertir el Reino de Dios en su preocupación primaria significa dar a Jesús el lugar de Señor y Rey en su vida. Él debe controlar cada aspecto: trabajo, distracciones, planes, relaciones. ¿Es el Reino solo uno de sus muchos intereses o es el centro de todo lo que hace? ¿Oculta algunos asuntos de su vida para evitar que estén bajo el control de Dios? Como su Señor y Creador, a Él le interesa ayudarle, satisfacer sus necesidades, así como también le guía para que sepa cómo usar lo que Él le da.

El dinero que se usa como fin en sí mismo pronto nos atrapa y nos separa de Dios, así también de los necesitados. La clave para usar el dinero con sabiduría es ver cuánto podemos emplear en los propósitos de Dios y no cuánto podemos acumular para nosotros. ¿Llega el amor de Dios hasta su billetera? ¿Le da su dinero libertad para ayudar a otros? Si es así, almacena tesoros en el cielo.

Si sus metas financieras y posesiones estorban su generosidad, amor a otros o servicio a Dios, venda lo que deba para poner en orden su vida.

¿Dónde invierte su tiempo, dinero y energías?

¿En qué piensa más?

¿Cómo debería cambiar la forma en que usa sus recursos para que reflejen con más claridad los valores del Reino?

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.[8]

El resultado de aplicar estos principios, es que Dios suple todas las necesidades. Esta es su garantía.

Ahora bien, no se debe confundir lo que dice Lucas y Mateo 6:33 con lo que algunos predican hoy en día respecto a la prosperidad, tal y como el mundo la entiende, o sea, poseer abundancia de bienes. Cuando establecemos prioridades bíblicas y vivimos de acuerdo a ellas, tenemos asegurada la provisión de Dios.

¡PENSEMOS!

¡Cuidado con los que enseñan que tenemos derecho a poseer grandes cantidades de dinero, a gozar de salud total, a no padecer enfermedades y a tener una vida sin problemas!

¡No es bíblico y, por ende, no es cierto!

 



[1] Lc 12.32-34

[2] 1 Co 16.2-3

[3] 2 Co 8.1-9

[4] Gl 6.6-10

[5] Mt 10.40-42

[6] Mt 25.34-46

[7] Lc 16.13

[8] Flp 4.19


 
 
Paz de Cristo!

ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor 
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia 
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM, Domingos 8 AM y 10 AM.
Calle 30 # 22 61, Cañaveral, Floridablanca.
http://adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




inactividad?

Un árbol no tiene poder por sí mismo para mantenerse. Sus raíces son como manos vacías extendidas hacia el ambiente. Depende del sol, del aire, de las nubes y del suelo. Ni siquiera tiene la fuerza necesaria para absorber la nutrición que necesita. El sol es la fuente de su energía. ¿Pero significa esto que el árbol permanece inactivo? De ningún modo; sus raíces y hojas, aunque completamente receptivas, son enormemente activas. Por ejemplo, se ha estimado que la cantidad de trabajo realizado por un árbol grande en un solo día elevando agua y minerales desde el suelo hacia las hojas equivale a la cantidad de energía gastada por una persona que lleva trescientos baldes de agua, de a dos a la vez, subiéndolos por una escalera de más de tres metros. Las hojas también son verdaderas fábricas. También son tremendamente activas.

 
 
Paz de Cristo!

ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor 
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia 
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM, Domingos 8 AM y 10 AM.
Calle 30 # 22 61, Cañaveral, Floridablanca.
http://adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




jueves, 15 de julio de 2010

Zaqueo

LAS RIQUEZAS: ZAQUEO

Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y, corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlo, porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: —Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa.

Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: —Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado.

Jesús le dijo: —Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.[1]

No todos los ricos se separaron tristemente de Jesús.

Zaqueo es un ejemplo de lo que es posible para Dios.

Los romanos vendían la tarea de cobrar los impuestos en una determinada zona al mejor postor. La persona designada no recibía sueldo por su trabajo; simplemente cobraba todo el dinero que podía y se guardaba lo que quedaba después de haber pagado la cantidad acordada con los romanos. El intento de Zaqueo de ver a Jesús, que era conocido popularmente como amigo de los cobradores de impuestos, muestra su interés en él y los extremos a que estaba dispuesto a llegar. Sea o no que Zaqueo esperaba quedar oculto, Jesús lo llamó con un pedido de alojamiento. Zaqueo mostró tanto arrepentimiento como gozo al darle la bienvenida. Jesús justificó su elección; había venido a traer salvación a un hombre que tenía tanto derecho a oír el evangelio como cualquier otro judío. Aquí se resume en forma completa y definitiva el propósito de la venida de Jesús: así como un pastor va y busca la oveja perdida para rescatarla del peligro, así Jesús como Hijo del Hombre busca y salva a los perdidos.

Jesús y Zaqueo

1. Entonces entró en Jericó y estaba pasando (por la ciudad).

La ciudad de las Palmeras. Aun antes del reinado de Herodes el Grande, Jericó ya era "un pequeño paraíso", con sus palmeras, rosales, etc. Herodes el Grande y su hijo Arquelao la habían hecho aun más hermosa. Allí habían edificado un gran palacio invernal y también un teatro y un hipódromo. Algunas de las calles estaban bordeadas por sicómoros. El clima era delicioso.

2. Aquí había un hombre llamado Zaqueo. Era un jefe de los cobradores de impuestos y era rico.

Este es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se menciona un "jefe de los cobradores de impuestos".

Los compradores de impuestos o "concesionarios" habían pagado una suma fija de dinero al gobierno romano por el privilegio de cobrar peaje sobre exportaciones e importaciones así como sobre cualquier mercadería que pasara por la región. Las principales oficinas de impuesto estaban ubicadas en Cesarea, Capernaum y Jericó. Los renteros podían subarrendar sus derechos a "jefes de publicanos" quienes empleaban "publicanos" para hacer las recaudaciones. Estos cobraban enormes sumas, todo lo posible según las circunstancias. De este modo los "publicanos" tenían la reputación de extorsionistas. Si era judío, era considerado por sus conciudadanos como traidor, pues estaba al servicio del opresor extranjero.

Los "publicanos" sabían que habían estado esquilando al público. La baja estima en que se tenía a los publícanos se nota en pasajes del evangelio. A veces se mencionaban juntos "publícanos" y "pecadores".

Zaqueo, debe haberse considerado un hombre muy prominente. Había sido puesto a la cabeza de todo el distrito tributario de Jericó y sus alrededores, una de las tres oficinas de impuestos principales de Palestina, estando las otras dos ubicadas en Cesarea y en Capernaum.

Una de las cosas por las cuales era famoso Jericó era el ungüento derivado del bálsamo. Josefo (Antigüedades XV. 96) llama el bálsamo "la cosa más preciosa que hay". Era fragante, aliviador y altamente apreciado por sus cualidades curativas. El comercio de este producto—y de otros bienes que abundaban en la región de Jericó—producía altos impuestos para el gobierno romano. Además, Jericó estaba en el corazón y centro de una vasta red de rutas comerciales, como es claro al ver el mapa. La ciudad tenía relaciones comerciales con Damasco, Tiro, y Sidón hacia el norte, Cesarea y Jope hacia el occidente y Egipto hacia el sur, al igual que con muchas otras ciudades y países en todas direcciones.

¡Por lo tanto, Zaqueo era un hombre bastante importante! Sin embargo, los judíos consideraban a los "publicanos" (incluyendo los jefes de publicanos) como traidores y ladrones. Paradójica e irónicamente, el nombre judío Zaqueo significa "justo", "puro" o "inocente".

3, 4. Estaba tratando de ver quien era Jesús, pero siendo de corta estatura no podía verlo a causa de la multitud. De modo que corrió hacia adelante y se subió a un sicómoro para verlo, puesto que Jesús estaba por pasar por ese camino.

Parece que Zaqueo ya había oído de Jesús y de su compasión.

La curiosidad inicialmente era su único motivo, aunque su resolución de no ser estorbado demostraba un interés más profundo en el Maestro.

Siendo de corta estatura, no podía ver a Jesús. Sin embargo, estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa para verlo. Por tanto, sabiendo hacia donde iba Jesús, rápidamente corrió delante de la multitud y no importando cuán importante era, se subió a un sicómoro, uno de los que habían sido plantados junto al camino. También se le llama higuera sicómoro y es altamente apreciado por la sombra que proporciona. Además, puesto que algunas de sus ramas salen del tronco cerca de la tierra, aun un hombre pequeño de estatura como Zaqueo podía treparlo con facilidad.  Algunos sicómoros alcanzan hasta 10 m de alto.

Obviamente Zaqueo esperaba no ser visto, puesto que alguien de su prominencia no desearía que lo vieran en tal situación.

5, 6. Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, bájate pronto, porque hoy debo quedarme en tu casa".—Entonces él se bajó rápidamente y lo recibió lleno de gozo.

Aquellos a quienes Cristo llama, deben humillarse y descender.

Es especialmente importante notar que aunque Zaqueo ciertamente estaba muy ansioso de ver a Jesús, fue Jesús y no el jefe de los cobradores de impuestos, el que tomó la iniciativa de establecer un contacto personal entre los dos. Fue Jesús quien estaba buscando y salvando.

También es significativo que Jesús no dice al hombre del árbol: "¿Será posible que tú me recibas hoy en tu casa?" Sino que dice: "Zaqueo date prisa en descender, porque hoy debo quedarme en tu casa". Y el Señor sabía muy bien que la gran multitud que les rodeaba estaría menos que complacida por estas palabras. Jesús debe quedarse en la casa del jefe de los cobradores de impuestos porque esto estaba en conformidad con el llamamiento del Salvador, en armonía con el propósito para el cual se había venido.

Zaqueo nunca había descendido más rápidamente de un árbol que ahora, y nunca con un gozo más grande.

7. Pero al ver (esto), toda la gente comenzó a refunfuñar: Ha ido a ser huésped de un pecador.

Es claro que la gente en general odia a Zaqueo. Teniendo en mente lo que se ha dicho anteriormente—a saber, que consideraban a los publicanos como extorsionistas y traidores—es comprensible, aunque no es excusable, la reacción de la gente. Sin embargo, lo que hace que su refunfuño sea aun más malvado es el hecho de que repetidas veces durante su ministerio, que ahora estaba casi al terminar, Jesús había explicado por qué tal actitud hacia los cobradores de impuestos era completamente reprensible.

¡Sin embargo, la gente continúa en su actitud desamorada!

8. Pero Zaqueo se puso de pie y dijo al Señor: Escúchame, Señor. Ahora mismo doy la mitad de mis posesiones a los pobres, y si he defraudado a alguien en algo, se lo devuelvo cuadruplicado.

Debemos suponer que Jesús ahora ha entrado en la casa del jefe de los publicanos. Y por supuesto que es natural creer también que a todos los que se reunieron allí el Señor Jesucristo les dirigió las palabras de vida.

La preocupación amorosa que Jesús había demostrado hacia Zaqueo hizo de éste un hombre cambiado. El cambio de corazón produjo un cambio de actuación.

Un cambio radical había sucedido al pequeño publicano. La evidencia de su transformación fue su confesión y nueva actitud hacia su empleo, el dinero y los necesitados.

Tan profundamente impresionado está, que en respuesta se levanta y afirma que aquí y ahora está dando la mitad de sus posesiones a los pobres. Esa es su ofrenda de acción de gracias.

¿Ha sido culpable de cobrar a veces (directa o indirectamente) demasiado dinero de alguien? Sí, lo ha sido. De modo que en presencia de todos ahora declara que va a devolver todo lo que ha tomado ilícitamente. No solamente eso, va a añadir algo más. Zaqueo ha decidido ahora restituir no el doble, que era lo que exigía le ley, sino cuatro veces la cantidad cobrada de más. De paso, queda comprobado con esta restitución cuádruple además de "la mitad de mis posesiones" (esto para los pobres) que Zaqueo había sido groseramente deshonesto, pues de qué otro modo, podría haber hecho una restitución tan generosa.

Pero sobre todo lo que demuestra esta acción es que las prioridades de vida para Zaqueo han cambiado y está dispuesto a dejarlo todo por lo que le ha dado Jesús.

9. Así que, Jesús le dijo: Hoy la salvación ha venido a este hogar, porque aun este hombre es un hijo de Abraham.

¿Qué es lo que le ha dado Jesús? La salvación, nada menos.

Vida eterna: la emancipación del mayor de los males y el ser puesto en posesión del mayor de los bienes.

Hoy, Jesús había llamado al publicano principal de aquel árbol y había entrado a su hogar con bendición. Por lo tanto, hoy, se había producido el gran milagro espiritual. El Gran Pastor había encontrado su oveja. No hay motivo para postergar tan majestuoso acto, «En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido.» Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación.[2]

Cristo ha venido a su casa, y donde Cristo va, lleva consigo la salvación. Vino a este mundo perdido a buscarlo y salvarlo. Su objetivo era salvar, donde no había salvación en ningún otro. Él busca a los que no lo buscan y ni preguntan por Él.

Cuando Jesús declara que Zaqueo es un hijo de Abraham, está usando "hijo de Abraham" en un sentido espiritual:

De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham.[3]

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa.[4]

En forma muy apropiada, Jesús añade:

10. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Zaqueo no había buscado a Jesús. Jesús había buscado… y hallado a Zaqueo. En unos pocos días el Buen Pastor iba a poner su vida por las ovejas, incluyendo a Zaqueo.

En esta época de la gracia, sigue en pie el mismo propósito. El Señor todavía está buscando como un pastor a la oveja perdida. No obstante, vendrá el día en que el Pastor se convierta en Juez y ¡ay de aquellos que tengan que confrontarlo! Es mejor aceptarlo hoy como nuestro Buen Pastor.

Aplicación:

Esta vez, Jesús se encuentra con un rico que había adquirido su riqueza deshonestamente.

A pesar de que Zaqueo era deshonesto y traidor, Jesús lo amaba y, en respuesta, el pequeño recaudador de impuestos se convirtió.

La historia del encuentro con ese publicano también demuestra que no hay hombre fuera del alcance del Señor, por muy malo que sea.

Esta historia prueba que puede haber cambios en el corazón de los ricos. Zaqueo lo tuvo.

Podemos observar que la nueva relación con Cristo produjo un gran cambio en su "estilo de vida".

Cuando entra Jesús en la vida y establece control sobre ella, entonces las características y hábitos de la vida antigua son remplazados por el fruto del Espíritu.

En toda sociedad ciertos grupos de personas se consideran «intocables» ya sea por su opinión política, conducta inmoral o estilo de vida. No debemos ceder a la presión social y evadir a este tipo de personas. Jesús las ama y ellas necesitan oír sus buenas nuevas.

 

 



Bibliografía:

Biblia De Estudio : LBLA. La Habra, CA : Editorial Fundación, Casa Editorial para La Fundación Bíblica Lockman, 2003

Biblia Del Diario Vivir. Editorial Caribe, 2000

Carson, D.A. ; France, R.T. ; Motyer, J.A. ; Wenham, G.J.: Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno. electronic ed. Miami : Sociedades Bíblicas Unidas, 2000

Hendriksen, William: Comentario Al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Lucas. Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2002

Henry, Matthew: Comentario De La Biblia Matthew Henry En Un Tomo. Miami : Editorial Unilit, 2003

Jamieson, Roberto ; Fausset, A. R. ; Brown, David: Comentario Exegético Y Explicativo De La Biblia - Tomo 2: El Nuevo Testamento. El Paso, TX : Casa Bautista de Publicaciones, 2002

Platt, Alberto T.: Estudios Bı́blicos ELA: Verdadero Hombre, Verdadero Dios (Lucas Tomo II). Puebla, Pue., México : Ediciones Las Américas, A. C., 1993

 

 

 



[1] Lc 19.1-10

[2] 2 Co 6.2

[3] Gl 3.9

[4] Gl 3.29


 
 
Paz de Cristo!

ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor 
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia 
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM, Domingos 8 AM y 10 AM.
Calle 30 # 22 61, Cañaveral, Floridablanca.
http://adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




sábado, 3 de julio de 2010

El mensaje de Juan E.B.V.

¡Ved aquí al Dios vuestro![1]

Si Jesús no es Dios, merece un premio Oscar[2]

1.       JESÚS AFIRMÓ SER DIOS:

Ningún líder religioso mundial ha declarado bien ser Dios, ni Confucio, ni Moisés, ni Mahoma, ni Buda, ni Pablo. Pero hay una excepción, Jesucristo es el único líder religioso que alegó ser Dios y, oh sorpresa!, ha convencido a millones de personas durante más de veinte siglos de que lo es.

¿Cómo pudo un hombre convencer a millones de  que es Dios?

El Sumo sacerdote le volvió a preguntar:

—¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

Jesús le dijo:

Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el Sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo:

—¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece?

Y todos ellos lo condenaron, declarándolo digno de muerte.[3]

La blasfemia fue la acusación que hicieron contra Jesús en el sanedrín. Ese fue el delito que provocó su juicio y su condena, según las narraciones que encontramos en los evangelios. Jesús se hizo a sí mismo Dios afirmando tener poderes sobrenaturales, y eso en cualquier humano era considerado blasfemia.

Los judíos volvieron a tomar piedras para tirárselas, pero Jesús les dijo:

—Por el poder de mi Padre he hecho muchas cosas buenas delante de ustedes; ¿por cuál de ellas me van a apedrear?

Los judíos le contestaron:

—No te vamos a apedrear por ninguna cosa buena que hayas hecho, sino porque tus palabras son una ofensa contra Dios. Tú no eres más que un hombre, pero te estás haciendo Dios a ti mismo.[4]

Lucas nos relata que frente a la insistencia de los judíos Jesús acepta el desafío y admite su identidad:

Dijeron todos: —Luego, ¿eres tú el Hijo de Dios?

Y él les dijo: —Vosotros decís que lo soy.

Entonces ellos dijeron: —¿Qué más testimonio necesitamos?, porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.[5]

Vosotros decís que lo soy es simplemente una expresión idiomática para decir Sí, las normas de cortesía de la época prohibían un o un no directo. Es similar al Tú lo has dicho de Mateo, era la manera tradicional en que un judío culto contestaba a una pregunta de importancia grave o con implicaciones tristes:

Entonces el Sumo sacerdote le dijo:

—Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo:

—Tú lo has dicho. Y además os digo que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el Sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

—¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece?

Y respondiendo ellos, dijeron:

—¡Es reo de muerte![6]

Marcos es aún más claro:

El jefe de los sacerdotes volvió a preguntarle:

—¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Dios que todos adoran?

Jesús le respondió:

—Sí, lo soy. Y ustedes me verán a mí, el Hijo del hombre, venir en las nubes del cielo con el poder y la autoridad que Dios todopoderoso me da.

Al escuchar esto, el jefe de los sacerdotes rompió sus ropas para mostrar su enojo, y dijo:

—Ya no necesitamos más pruebas. Dice que él es Dios. ¿Qué les parece? ¿Qué deciden?

Y todos estuvieron de acuerdo en que Jesús debía morir.[7]

Fue en consecuencia a lo que dijo Jesús que el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras siguiendo la costumbre de demostrar así el horror de la blasfemia pronunciada ante su presencia.

La cuestión relevante aquí no son las acciones del acusado sino su identidad. Ante sus jueces terrestres el salvador confesó su verdadera divinidad.

Los judíos debieron entender bien la respuesta de Jesús como una afirmación de que efectivamente él es Dios. Frente a tal declaración ellos tenían dos posibilidades:

1. constituir en blasfemia tal declaración, o

2. aceptar que en realidad Jesús es Dios.

El concilio judío vio todo tan claramente que lo quisieron crucificar como castigo a su blasfemia. Debemos reconocer que el pueblo judío no era una tribu de salvajes ignorantes sino un pueblo altamente religioso y culto.

Los judíos le respondieron:

—Nosotros tenemos una ley y, según nuestra ley, debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.[8]

2.       JESÚS AFIRMÓ SER EL PADRE:

Lo rodearon los judíos y le dijeron: —¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

Jesús les respondió: —Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen; yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo uno somos.[9]

Jesús es la manifestación en carne del Padre.

El término Dios Padre es bíblico y se refiere a Dios mismo.

La Biblia indica claramente que hay solamente un Padre:

un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos[10].

Está claro entonces que el término Padre es uno más de los títulos dados a Dios tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, especialmente.

Lo que tenemos ahora es que ¡Jesús afirmó ser su propio Padre!          

El Padre y yo uno somos.

Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo. Jesús les respondió: —Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?

Le respondieron los judíos, diciendo: —Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios.[11]

Los judíos habían insistido en una declaración clara de la identidad de Jesús, y éste satisface su demanda identificándose con el Padre. Es claro que los judíos entendieron que Jesús afirmaba ser Dios, lo había declarado delante de ellos, por lo que ellos procedieron a tomar en sus manos el juicio que correspondía por la blasfemia. Ni siquiera lo consideraron, no se detuvieron a pensar si la afirmación de ser Dios era verdadera o no.

Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo, quiere decir que ya antes los judíos habían intentado matar a Jesús:

Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: —Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: —De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuera, yo soy.

Tomaron entonces piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del Templo y, atravesando por en medio de ellos, se fue.[12]

a)      Conocer a Jesús es conocer al Padre

Ellos le dijeron: —¿Dónde está tu padre?

Respondió Jesús:—Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocierais, también a mi Padre conoceríais.[13]

Jesús le dijo: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocierais, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.

Felipe le dijo: —Señor, muéstranos el Padre y nos basta.

Jesús le dijo: —¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"? [14]

b)      Honrar a Jesús es honrar al Padre

para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió.[15]

Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene también al Padre.[16]

El que me odia a mí, también a mi Padre odia.[17]

c)       Creer en el Padre es creer en Jesús

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.[18]

d)      Las obras del Padre son las mismas obras de Jesús

¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.[19]

Jesús apeló una y otra vez a sus obras como evidencia más que convincente de su identidad. Los milagros que Jesús había realizado eran sus credenciales del Ungido de Dios. El problema era que los judíos no podían ver a Jesús más allá de su apariencia física, él era un hombre común y corriente.

Los milagros estupendos que Jesús había realizado eran precisamente lo que se esperaría de un Dios compasivo y omnipotente.

Jesús les respondió: —Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.[20]

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.[21]

3.       JESÚS RECIBIÓ ADORACIÓN COMO DIOS:

Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.[22]

"Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás."[23]

Y él dijo: —Creo, Señor —y lo adoró.[24]

Entonces los que estaban en la barca se acercaron y lo adoraron, diciendo: —Verdaderamente eres Hijo de Dios.[25]

 

APLICACIÓN:

Las autoridades judías no aceptaron como verdad la confesión de Jesús, lo trataron como criminal por pretender ser Dios.

¿Quién es Jesús para usted?

¿Cree usted en sus afirmaciones respecto a su identidad?

¿Qué decisión tomará usted el día de hoy?



[1] Isaías 40. 9

[2] Adaptación del Cap. 6 del libro Nueva Evidencia que Demanda un Veredicto, Josh McDowell, Ed. Mundo Hispano, 2004

[3] Marcos 14: 61 al 64

[4] Juan 10: 31 al 33 DHH

[5] Lucas 22: 70 y 71

[6] Mateo 26: 63 al 66

[7] Marcos 14: 61 al 64 en la versión TLA

[8] Juan 19: 7

[9] Juan 10: 24 y 25

[10] Efesios 4: 6

[11] Juan 10: 30 al 33

[12] Juan 8: 57 al 59

[13] Juan 8: 19

[14] Juan 14: 6 al 9

[15] Juan 5: 23

[16] 1 de Juan 2: 23

[17] Juan 15: 23

[18] Juan 14: 1

[19] Juan 14: 10 y 11

[20] Juan 15: 17 y 18

[21] Juan 10: 37 y 38

[22] Mt 2.11

[23] Mateo 4: 10 y Lucas 4: 8

[24] Juan 9: 38

[25] Mt 14.33


 
 
Paz de Cristo!

ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor 
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia 
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM, Domingos 8 AM y 10 AM.
Calle 30 # 22 61, Cañaveral, Floridablanca.
http://adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




Generalidades de la Escatología Bíblica

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