Bautismo
Bautismo y Salvación
Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable
Introducción: La Cuestión Fundamental
El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.
La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable
El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.
"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."- Marcos 16:16
Análisis de la secuencia salvífica:
Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.
La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua
El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.
"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."- 1 Pedro 3:21
TIPO: El Diluvio
- Un mundo corrompido destinado al juicio.
- El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
- Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
- El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.
ANTITIPO: El Bautismo
- Una humanidad pecadora bajo condenación.
- El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
- El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
- La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.
Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.
El Instrumento para el Perdón de los Pecados
El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.
Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés
+"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."
La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.
Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo
+"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."
A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.
Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan
+"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."
Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.
La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"
El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.
"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."- Hechos 2:40-41
Análisis de la Conexión Causal:
- La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
- La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
- La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
- La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".
La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.
domingo, 22 de octubre de 2017
LA INSPIRACIÓN Y EL TESTIMONIO DE LOS APÓSTOLES
Al igual que su Maestro, los discípulos de Jesús afirmaban «Está
escrito» para señalar la autoridad divina de cuanto se halla
registrado en la Biblia.
10. El Evangelio apostólico, basado en la Escritura
El ministerio oficial de Cristo comenzó con un «Está escrito» (Mateo
4:4). Asimismo, la proclamación del Evangelio da comienzo con esta
frase: «Como está escrito en.…» (Marcos 1:2).
Así como Cristo justificaba su obra con la solemne exclamación: «Así
está escrito y así fue necesario que el Cristo padeciese, y
resucitase.…» (Lucas 24:46), asimismo los apóstoles vindican el
Evangelio que predican, detalle sobre detalle, mediante su apelación a
las Escrituras: «Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las
Escrituras» y «resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1.a
Corintios 15:3–4; cf. Hechos 8:35; 17:3; 26:22, y también Romanos
1:17; 3:4, 10; 4:17; 11:26; 14:11; 1.a Corintios 1:19; 2:9; 3:19;
15:45; Gálatas 3:10, 13; 4:22, 27). El Evangelio que proclamaron los
apóstoles era un mensaje basado en la Escritura (Hechos 17:2; 18:24,
28). Aún más, invitaban a que se examinara su enseñanza,
contrastándola con la Revelación del Antiguo Testamento (Hechos
17:11), es decir: la Escritura existente entonces.
11. La vida cristiana, inspirada en la Escritura
A) La santidad de vida es una exigencia de la Escritura,
según los apóstoles, y de ahí que la inculquen en sus discípulos (1.a
Pedro 1:16).
B) Los deberes cristianos han de fundarse en la Escritura
(Hechos 23:5; Romanos 12:19).
C) La «perfecta ley del amor» tenía sanción divina (Santiago 2:8).
D) Las circunstancias de la vida, los eventos y las
experiencias eran contrastados mediante el examen de las Escrituras
para poder ver su significado último y profundo (Romanos 2:26; 8:36;
9:33; 11:8; 13:9, 10; 2.a Corintios 4:13).
12. La Escritura tiene que cumplirse
Tal principio era verdad para Cristo y también lo fue para sus apóstoles.
Era necesario que la Escritura dada por David, mediante la acción del
Espíritu Santo, hallara su cumplimiento (Hechos 1:16). Aquí tenemos,
en un buen ejemplo, los varios elementos o instrumentos de que se vale
Dios para hacernos llegar su mensaje en forma escrita.
Es suficiente que algo se halle en la Escritura (1.a Pedro 2:6) para
que tenga autoridad absoluta, dado que lo que se contiene en ella es
la declaración del Espíritu Santo por medio de la instrumentalidad de
un autor humano y, por lo tanto, siendo mensaje de parte de Dios debe
ser verdad y hallar cumplimiento.
13. Las declaraciones de la Escritura son declaraciones divinas
Lo que dice la Escritura lo dice Dios mismo:
«Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he
levantado.…» (Romanos 9:17).
«Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe
a los gentiles.…» (Gálatas 3:8).
Afirmaciones sorprendentes que personifican el Libro de Dios. Se da
una identificación entre «Dios» y «Escritura». ¿A qué se debe ello?
Simplemente, es la expresión de una profunda convicción: la palabra de
la Escritura puede ser identificada con la Palabra de Dios. No fue la
«Escritura» —en tanto que tal— la que habló a Faraón, o la que dio las
grandes y maravillosas promesas a Abraham, sino Dios. Pero los
conceptos «Escritura» y «Dios» se hallan tan unidos en la mente de los
escritores del Nuevo Testamento que, con toda naturalidad,
personifican el registro escrito de la Revelación y se refieren a la
Escritura como si ésta hablara, o previera, para señalar el hecho de
que Dios habló y previó.
A) La palabra bíblica es palabra divina
Los dos ejemplos citados no son únicos. Hay un buen número de otros
casos similares: Marcos 15:28; Juan 7:38, 42; 19:37; Romanos 4:3;
10:11; 11:2; Gálatas 4:30; 1.a Timoteo 5:18; Santiago 2:23; 4:5 y ss.
Ciertamente, como dice Santiago, la Escritura no habla en vano
(Santiago 4:5).
B) Se le atribuyen a Dios las palabras bíblicas
Los apóstoles citan a Dios como diciendo lo que la Escritura afirma.
Encontramos expresiones como ésta: «Soberano Señor, tú eres Dios.… que
por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amontinan las
gentes.…?» (Hechos 4:25, citando el Salmo 2:1); también: «Por lo cual,
como dice el Espíritu Santo: Si oyereis su voz.…» (Hebreos 3:7,
citando Salmo 95:7–11). Todavía otro ejemplo: «.… Dios ha cumplido.… y
en cuanto a que le levantó de los muertos.… lo dijo así: Os daré las
misericordias.… Por eso dice también en otro Salmo.…» (Hechos 13:34,
citando a Isaías 55:3 y Salmo 16:10).
En cada uno de estos ejemplos las palabras atribuidas a Dios no fueron
palabras salidas literalmente de la boca de Dios, no se trata de
declaraciones de Dios consignadas en la Escritura, sino de textos
bíblicos. Son pasajes de la Escritura que se le atribuyen a Dios.
Si unimos lo dicho en el primer punto y en este segundo, si meditamos
en los dos grupos de pasajes —aquel en que las Escrituras adquieren
una personificación y hablan como Dios y, luego, aquel otro grupo de
textos en el que se habla de Dios como si fuera la misma Escritura—
nos damos cuenta de cuán estrecha, habitual, era para los apóstoles la
identificación en sus mentes de la palabra de las Escrituras y la
Palabra de Dios.
Podemos todavía comprobar esta identificación en aquellos pasajes en
los que se produce una especie de «cadena de citas» y en los cuales se
reúnen juntos un cierto número de textos procedentes de diferentes
libros, pero relacionados estrechamente los unos con los otros.
B. Warfield ofrece un ejemplo elocuente de estas cadenas de citas
sacado del primer capítulo de la carta a los Hebreos en sus Biblical
Studies. Podemos empezar en el versículo 5:
«Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te
he engendrado hoy.…»; y otra vez:
Cita del salmo 2:7 colocada en los labios de Dios.
Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo?
Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:
Cita de 2.a Samuel 7:14 en la que Dios mismo es el que habla.
Adórenle todos los ángeles de Dios.
Cita de Deuteronomio 32:43 (Versión Septuaginta) o bien Salmo 97:7;
en ninguna de las dos citas posibles es Dios el que habla
directamente.
Ciertamente, de los ángeles dice:
El que hace a sus ángeles espíritus y a sus ministros, llama de fuego.
Cita del salmo 104:4, en donde tampoco habla Dios directamente y es
aludido en tercera persona.
Mas del Hijo dice:
Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo.…
Y:
Cita del salmo 45:6, 7, en donde tampoco es Dios el que habla
directamente, sino a quien se dirige el salmista.
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son
obra de tus manos.…
Cita del salmo 102:25, 27, en donde tampoco habla Dios directamente,
sino que más bien se le habla a él.
Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra.…?
Cita del salmo 110:1, en la cual es Dios mismo quien habla directamente.
Tenemos en este ejemplo pasajes en los cuales Dios es quien habla
directamente y otros en los que, más bien, los escritores bíblicos le
hablan a él. Pero todos estos textos —todos sin excepción— son
atribuidos a Dios. ¿Por qué? Simplemente, porque tienen en común que
todos ellos son palabras de la Escritura, y en tanto que palabra de la
Escritura son Palabras de Dios.
De manera similar, en Romanos 15:9 y ss. se encuentra una serie de
citas, la primera de las cuales es ofrecida con el término: «como está
escrito.…», y las otras, por medio de la frase: «Y otra vez», o bien:
«Y otra vez dice.» Las citas son tomadas de Deuteronomio 32:43; Salmo
18:49; Salmo 117:1, y la última de Isaías 11:10. Solamente la última
—la única designada por su autor humano en este pasaje— es una palabra
directa de Dios en el texto del Antiguo Testamento.
CUESTIONARIO:
1. ¿Es verdad que lo que dice la Escritura lo dice Dios mismo?
2. Explique Hechos 1:16 y vea el alcance de la doble
instrumentalidad en la formación de los escritos bíblicos: la acción
del Espíritu y la colaboración humana.
3. ¿Por qué Dios asume como suyas palabras pronunciadas por
sus siervos?
Grau, J. (1973). Introducción a la Teología (Vol. 1, pp. 196–201).
Barcelona: Editorial Clie.
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ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor
http://adonayrojasortiz.blogspot.com
LA INSPIRACIÓN Y EL TESTIMONIO DE JESÚS
8. ¿Qué opinión le merecía a Cristo la Escritura?
Jesucristo se refirió al Antiguo Testamento en términos inequívocos
para señalar que se trataba de un conjunto de libros inspirados.
A) «Está escrito»
Esta expresión era una fórmula técnica entre los judíos para
designar un libro sagrado y divinamente inspirado.
Jesús la emplea para referirse a 4 de los 5 libros del Pentateuco,
al libro de los Salmos, a Isaías, a Malaquías y a Zacarías (Mateo 4:4,
6, 7; 11:10; Marcos 14:27; Lucas 4:4–12).
B) «Ni una jota ni una tilde pasará de la Ley»
En esta frase que encontramos en Mateo 5:18, Jesús usa el vocablo
«Ley» para designar no sólo el Pentateuco sino la totalidad de las
Escrituras, como lo prueba el v. 17, en donde declara que no ha venido
para abrogar «la Ley o los Profetas». Para Cristo —como para los
judíos de su tiempo—, «Ley» y «Profetas» eran términos sinónimos e
intercambiables que describían el conjunto de los escritos sagrados
del Antiguo Testamento.
C) «La Escritura no puede ser quebrantada»
Expresión contundente de la alta y suprema autoridad de las
Escrituras en opinión de Cristo mismo (Juan 10:34).
En este pasaje tenemos, además, otra prueba de lo que afirmábamos
más arriba. Para referirse a la Escritura, Cristo habla de la «Ley»
(«¿no está escrito en vuestra Ley?», v. 34); ahora bien, la cita que
da no es del Pentateuco, sino del libro de los Salmos, la tercera
división de la Biblia hebrea. En este caso, «Ley» aparece como
sinónimo de «Salmos».
Obsérvese, por añadidura, que lo que aquí Cristo vindica no es una
sola parte de la Revelación escrita —los salmos o la Ley—, pues hemos
visto que ambos conceptos han de entenderse como sinónimos e
intercambiables, sino la totalidad de dicha Revelación, ya que alude a
ella en singular —è graphé: la Escritura (no las Escrituras)—, con lo
que se subraya la idea de unidad fundamental de los libros inspirados
y con ello la autoridad que todos ellos, y cada uno, encierran.
Los judíos concedían autoridad de «Ley» a toda la Escritura y así
solían designarla con este vocablo que se convirtió en designación
técnica (Juan 12:34). Jesús siguió la misma práctica. En Juan 15:25
afirma algo que estaba «escrito en la Ley», para citar el Salmo 35:19.
Igual hicieron los apóstoles: Pablo se refiere a los Salmos y a Isaías
(1.a Corintios 14:21) como la Ley (cf. también Romanos 3:19).
Vimos cómo Pedro (2.a Pedro 1:16–21) identificaba toda la Escritura
con el vocablo «profecía», y comprobamos ahora cómo esta misma
identificación puede darse mediante el uso de la palabra «Ley». Estos
tres términos: Ley, Profecía y Escritura son estrictamente sinónimos y
subrayan la unidad de la Escritura como Revelación inspirada de Dios.
La palabra «quebrantar» («la Escritura no puede ser quebrantada») es
otro término muy en boga entre los judíos para señalar la infracción
del sábado, o de las leyes (Juan 5:18; 7:23; Mateo 5:19). Aquí
significa que es totalmente imposible negar la autoridad de la Biblia,
pretender anularla o vulnerarla sin consecuencias nefastas. El
pensamiento de Jesús en este pasaje (Juan 10:34 y ss.) indica que si
la Escritura no puede ser quebrantada —y alude en esta oración al
carácter unitario de la misma— ninguna parte de ella puede serlo
tampoco; y así la cita, en concreto, que aporta a los judíos debe ser
tomada con todo el peso de autoridad que deriva por ser parte de la
Biblia.
Con esta afirmación, Cristo afirma de la manera más contundente que
la autoridad de la Escritura es única y suprema. Y ello tiene que ver
con todas sus partes, aun las más mínimas. La cita del Salmo 82:6 es,
en cierto modo, una frase casi casual en la pluma del salmista. ¿Qué
significa, pues, esto? Que para el Salvador la autoridad de la Biblia
abarca incluso sus formas más aparentemente casuales de expresión. Si
es así, la inspiración divina controla todos los escritos originales
tal como salieron de la pluma de los autores inspirados. De ahí que S.
Pablo pudiera decir: «Toda Escritura es inspirada.…» (2.a Timoteo
3:16) y cada una de sus partes.
D) «Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito.…»
Todo el Antiguo Testamento señala a Cristo. Así, es necesario que se
cumpla todo lo que está escrito de él en la «Ley», en los Profetas y
en los Salmos (Lucas 24:44). La expresión «es necesario» tiene
carácter enfático («muy enfático» señala B. Warfield); ¿por qué?,
porque «así está escrito y así fue necesario.…» (v. 46). Es insensato
todo el que alberga dudas sobre lo que está escrito en la Biblia (v.
25 y ss.). Aquí de nuevo aparece el factor sinónimo que identifica una
parte de la Escritura con la totalidad de la misma («Moisés.… todos
los profetas.… todas las Escrituras» —v. 27, cf. v. 25—).
Con frecuencia advertía Jesús a sus discípulos de que «todo lo que
estaba escrito acerca de él» debía hallar cabal cumplimiento (Marcos
14:19; Juan 13:18; 17:12; Marcos 9:12, 13). Sobre la base de las
declaraciones bíblicas, anunció que ciertos acontecimientos iban a
acaecer pronto («seréis escandalizados en mí; porque está escrito.…»
—Mateo 26:31 y 54; Marcos 14:27; cf. Lucas 20:17).
E) «Escudriñad las Escrituras»
Jesús no censura a los judíos por ser lectores de la Biblia; todo lo
contrario, les anima a continuar siéndolo. Pero en las palabras del
Señor hay un tinte de amargura porque los judíos leían las Escrituras
con un velo puesto sobre el corazón (cf. 2.a Corintios 3:15 y ss.).
«Escudriñad las Escrituras.…»: cosa necesaria.
«a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna»:
pensamiento correcto, si no fuera por el velo que os oculta el
objetivo mismo de la Biblia y la verdad de Aquel de quien da
testimonio: Jesucristo, autor de la vida.
«ellas son las que dan testimonio de mí»: «ellas son» es un término
muy enfático y la expresión «dan testimonio» significa un proceso
continuo de testimonio. «y no queréis venir a mí para que tengáis
vida»: ¡Esta es la tragedia!
La finalidad de la Escritura es conducir a Aquel que da vida. El
fracaso de los judíos estribaba, no en que las Escrituras fuesen
insuficientes, sino en la manera como se acercaban a la Biblia. El
fallo se halla, por consiguiente, en el hombre y no en el Libro de
Dios.
F) «¿No habéis leído.…?»
En cinco ocasiones Jesús dirigió una misma pregunta a diferentes
personas: «¿No habéis leído.…?», refiriéndose a las Escrituras y en
las cuales él trataba de hallar el argumento que debía convencer a sus
interlocutores.
Estas cinco ocasiones se nos relatan en los textos siguientes: Mateo
12:3–5, sobre el sábado; Mateo 19:4, sobre el divorcio; Mateo 21:16,
parábola de los labradores malvados, y Mateo 22:31, sobre la
resurrección de los muertos.
De estas declaraciones de Jesús se infiere que el Salvador apelaba a
la Escritura para hallar la solución a todos los grandes problemas
básicos de la vida y de la muerte. Sus respuestas demuestran que todo
cuanto dijo e hizo lo llevó a cabo porque tenía la firme convicción de
que estaba plenamente justificado, apoyado y refrendado por la
Escritura.
9. ¿Se acomodó Cristo a su tiempo?
Por la serie de textos que hemos venido estudiando, se llega a la
conclusión de que Jesús concedía tanta autoridad a la Escritura debido
a que la consideraba Palabra de Dios, no porque —además, y
correctamente— sus contemporáneos (a diferencia de muchos
contemporáneos nuestros) la considerasen como a tal.
El testimonio de Jesús afirma, inequívocamente, que todo lo que está
escrito en la Biblia es Palabra de Dios y por lo tanto merece el
máximo respeto y acatamiento.
Es cierto que su concepto de la Escritura era, asimismo, el
prevaleciente en su tiempo. Pero no nos queda ninguna duda de que era
el sostenido por Cristo sobre la base, no de que fuera la opinión
común, sino porque como Hijo de Dios y mediante su conocimiento
humano-divino sabía que tal concepto era verdad. Esto explica que los
grandes instantes de su ministerio terrenal vengan enmarcados en
textos bíblicos que salieron de sus labios para consuelo, fortaleza o
testimonio. En la tentación, en la cruz y en la agonía, Jesús se
sirvió de la Palabra inspirada de su Padre (Mateo 4; Juan 19:28,
etc.). En estos momentos supremos es inaudito imaginar que Jesús
hiciera uso de unos escritos por el mero hecho de que eran
popularmente aceptados, si no hubiese sabido que eran, al mismo
tiempo, portadores de la Palabra divina.
Que Cristo no seguía fácilmente las modas de su tiempo, se echa de ver
en la actitud que tomó frente a la «tradición» de los rabinos judíos
(Mateo 15:3–6; Marcos 7:7–9), mucho más popular que el acatamiento a
la Sagrada Escritura. No se entenderían los ataques durísimos de Jesús
en contra de la tradición y su silencio con respecto a las Escrituras
si éstas no tenían más valor que aquélla.
Jesús se opuso a la manera como sus contemporáneos celebraban y
entendían las normas del Antiguo Testamento sobre el sábado (Marcos
2:27), sobre la pureza externa (Marcos 7:15), sobre el divorcio
(Marcos 10:2), etc. El vino, no a abrogar la Ley, sino a cumplirla
(Mateo 5:17); pero ¿cómo?, ¿a la manera legalista de los rabinos?,
¿según la letra.…? Todo lo contrario; Cristo cumplió la Ley
demostrando en su vida perfecta el sentido espiritual y profundo de la
misma, con menoscabo y desprecio de las formas externas de la
tradición rabínica.
Por lo que concierne a los escritos del Nuevo Testamento, hemos
estudiado en las lecciones anteriores suficientemente las promesas y
la dirección de Cristo por su Espíritu Santo sobre las personas de los
apóstoles, para que abundemos ahora otra vez en ello. Remitimos a lo
dicho en las primeras cuatro lecciones.
CUESTIONARIO:
1. ¿Qué opinión le mereció a Jesús el Antiguo Testamento?
2. ¿Qué quería señalar Cristo al exclamar: «¡Está escrito!»?
3. ¿Qué abarcaba la expresión judía «Ley» en tiempos de
Cristo: los primeros libros de la Biblia (el Pentateuco) o la
totalidad de las Escrituras?
4. ¿Creía Cristo en la inspiración de las Escrituras y en su
suprema autoridad o, por el contrario, se amoldaba al sentir de su
tiempo?
Grau, J. (1973). Introducción a la Teología (Vol. 1, pp. 190–195).
Barcelona: Editorial Clie.
--
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor
http://adonayrojasortiz.blogspot.com
LA INSPIRACIÓN
2.a TIMOTEO 3:15, 16
5. La "inspiración" según S. Pablo
El texto clave ahora es:
2.a Timoteo 3:15–16
En esta sección Pablo explica a Timoteo las ventajas de haber
aprendido desde pequeño la verdad salvadora de Dios. ¿Cómo la
aprendió?
a) Tuvo buenos maestros (v. 15) que le enseñaron bien. Debía
estarles agradecido.
b) Tuvo las Escrituras (v. 16)
Este hecho fue el decisivo. Porque ellas constituyen la suprema
garantía de la verdad salvadora.
6. ¿Cuál es el origen y el valor de las Escrituras?
a) Origen último de las Escrituras
«Toda Escritura es inspirada por Dios.…» (v. 16). El origen, o
causa primera, radica en «el soplo de Dios» («Toda Escritura es [lit.]
soplada por Dios»). Es el mismo soplo que estuvo presente en la
creación del mundo (Salmo 33:6) (Génesis 1:2); el mismo aliento divino
que crea al hombre como «alma viviente» (Génesis 2:7) y que le infunde
el espíritu de inteligencia (Job 32:8) es el que crea un depósito de
verdad revelada en forma escrita.
1) «¿Toda Escritura» o «Cada Escritura»? Podría traducirse
de ambas maneras, pero en cualquier caso dice lo mismo. Parece ser que
la mayoría de exegetas se inclinan, sin embargo, por «Cada Escritura».
2) Malas traducciones de este texto
Para arrancarle a este pasaje toda su fuerza —y guiados por
prejuicios— hay quien traduce (en realidad interpreta) así: «Cada
Escritura, inspirada de Dios, es útil.…» Como si en la Biblia hubiese
textos inspirados y otros que no lo son tanto. Sin la coma, el
malentendido es todavía mayor: «Cada Escritura inspirada de Dios es
útil.…» Esta versión no se ajusta, sin embargo, a las exigencias del
texto original.
3) La forma pasiva de «theópneustos»
El texto no dice que cada Escritura inspira de parte de Dios al
lector. Esta podría ser la versión tal cual les gustaría a los
liberales.
En el original se afirma que «Cada Escritura es inspirada por
Dios». El objeto de la inspiración es aquí el libro, la Biblia. El
sujeto es Dios. Exactamente como en 2.a Pedro 1:19–21, en donde el
objeto de la inspiración son los escritores sagrados pero el sujeto es
siempre Dios.
b) El valor de las Escrituras
«Util para enseñar, para redargüir.…» (vs. 16 y 17). El valor le
viene de su origen inspirado.
Estos dos versículos concretan el campo de Revelación que la
Escritura se asigna a sí misma. El objetivo de la Biblia es doble: 1.o
ofrecer el conocimiento salvador que es en Cristo (v. 15), y 2.o
enseñar, corregir, instruir, «a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto». En resumen: SALVACION Y EDIFICACION.
Se trata, pues, de una Revelación SOTERIOLOGICA y SANTIFICANTE.
7. ¿Qué abarcan las Sagradas Escrituras?
Las «Sagradas Escrituras» del v. 15 abarcan, por lo menos, todo el
Antiguo Testamento. La expresión usada por Pablo era una locución
técnica por la que los judíos de su tiempo (se da con frecuencia en
Filón y en Josefo) designaban la totalidad de los escritos canónicos
del Antiguo Testamento. Pero ¿no abarca implícitamente el Nuevo
Testamento, o parte del mismo, en la mente de Pablo? Así parecen
sugerirlo textos como 1.a Tesalonicenses 4:15–17 ó 2.a Timoteo 4:18
(cf. Mateo 10:10 y Lucas 10:7); pero más decisivo todavía es Pedro
3:16.
Para nosotros, 2.a Timoteo 3:16 incluye todos los escritos de la
Biblia, si bien no queremos ser dogmáticos en este punto. Aun cuando
2.a Timoteo 3:16 se refiera solamente al A.T., lo que aquí se dice
vale para toda la Escritura, tanto como para una parte de ella.
CUESTIONARIO:
1. Explique 2.a Timoteo 3:15–16.
2. ¿Podemos considerar como inspirada la totalidad de la
Escritura o solamente algunas porciones?
3. ¿Con qué objetivo nos ha dado Dios la Escritura?
4. ¿Qué incluye la expresión «Sagradas Escrituras» en 3:15?
Grau, J. (1973). Introducción a la Teología (Vol. 1, pp. 187–189).
Barcelona: Editorial Clie.
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ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor
http://adonayrojasortiz.blogspot.com
INSPIRACIÓN
2.a PEDRO 1:19–21
1. ¿Qué es la inspiración?
Una influencia externa que produce en su objeto efectos que van más
allá de sus poderes ordinarios intrínsecos.
Se trata de un término derivado de la traducción latina de la Vulgata:
«inspirare», para verter el concepto original bíblico: «soplo de
Dios».
Textos: Génesis 2:7; 2.a Timoteo 3:16 (verbo «inspirar»); 2.a Samuel
22:16; Job 32:8; Hechos 17:25; Salmo 33:6 (nombre inspiración).
Podemos comprobar que en estos textos tiene sentidos diversos, pero
siempre de alguna manera se hace referencia a la acción poderosa de
Dios. El origen de tal actividad es siempre divino.
2. El sentido técnico dei vocablo
Aplicado a los autores bíblicos o a los libros de la Biblia:
a) Autores inspirados: 2.a Pedro 1:21
Los hombres de Dios recibieron el impacto del Espíritu Santo de
manera que, como resultado, sus testimonios —orales o escritos—
trascienden la mera autoridad humana y se convierten en órganos de la
verdad revelada de Dios.
b) Libros inspirados: 2.a Timoteo 3:16
Los escritos bíblicos son productos determinados por la
inspiración divina que obraba en los autores.
3. ¿Qué significa, pues, el término "inspiración" ("soplo de") de Dios?
Tanto el vocablo hebreo («NeSHâMâH») como la expresión griega
(«theópneustos»), indican el poder omnipotente y creador de la Palabra
de Dios (Salmo 33:6). Se usa esta palabra cuando se describen las
operaciones de Dios. Ninguna otra hubiese enfatizado tanto el hecho de
que la Escritura es producto de la acción poderosa de Dios y de que
sus autores fueron objeto de la influencia omnipotente de Dios que
obró en ellos y por ellos, para bien de todos. En ocasiones, como es
el caso de 2.a Pedro 1:19–21, se usan expresiones sinónimas para
expresar la misma verdad.
Dudar de la inspiración de Dios, es dudar de su misma omnipotencia.
El «soplo de Dios» es portador del poder de la Palabra de Dios.
Examinemos algunos textos clave:
A) 2.a Pedro 1:19–21
En los versículos anteriores (16–18) se presentan los mismos apóstoles
como testigos audiovisuales de la verdad de Cristo.
En los versículos 19–21 se indica que la «palabra profética» es
todavía «más segura», porque recoge el testimonio, no de una
generación, sino de muchos siglos y, sobre todo, porque es «palabra
profética», es decir, se trata de la palabra de unos hombres
inspirados por Dios (véanse lecciones 3.a y 4.a).
1) ¿Qué es la «palabra profética»?
a) Toda la Escritura, ya que toda ella es palabra
profética. El profeta no es, primeramente, el que ve el futuro sino el
que transmite mensaje de parte de Dios.
En la división judía de las Escrituras (LEY, PROFETAS y SALMOS)
la segunda sección encierra más que lo que nosotros solemos entender
por profetas (Josué, Jueces, Samuel, Reyes, etc.).
Sería, cuando menos, todo el Antiguo Testamento.
b) Una sola sección de la Escritura
Aun cuando fuera así, lo que se dice de una sección es verdad de
toda ella.
Creemos que 2.a Pedro 1:20 es paralelo de 2.a Timoteo 3:16; la
«palabra profética» sería «toda la Biblia» y cada una de sus partes.
Porque toda la Escritura testifica de Cristo: Lucas 24:27.
2) ¿De dónde viene esta «profecía de la Escritura»?
a) Negativamente:
«.… toda profecía de la Escritura no es obra de la propia
iniciativa (solución, o explicación); que no por voluntad de hombre
fue traída la profecía.…» (trad. Bover-Cantera).
b) Positivamente:
«.… sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres
de parte de Dios» (trad. Bover-Cantera).
Esta versión se ajusta más literalmente al texto original que la
de la Biblia Reina-Valera, la cual aquí es tributaria de la Vulgata
latina. No aparece en el griego la palabra «inspirados», sino
«llevados», o «movidos» (B. de Jer. y Nácar-Col.), «impulsados» (Nuevo
Testamento Hispanoamericano), expresiones todas ellas sinónimas, en
este caso, de la «inspiración», o acción del Espíritu Santo en los
hagiógrafos, según Warfield y los mejores exegetas, de acuerdo con la
lógica del contexto.
(Cf. traducciones en el mismo sentido indicado: francesa de L.
Ségond e inglesa King James.)
«.… llevados, impulsados por el Espíritu Santo, hablaron algunos
hombres de parte de Dios» (Nuevo Testamento Hispanoamericano).
B) 2.a Pedro y la instrumentalidad profética
(Cf. lecciones anteriores sobre apostolado y tradición apostólica.)
El profeta, y el apóstol luego, fueron objeto de una operación
especial del Espíritu Santo que les hizo órganos capaces de la
Revelación divina. No sólo fueron guiados, orientados o controlados.
Las palabras «impulsados», «movidos», «llevados», etc., que traducen
el original de 2.a Pedro 1:21, implican mucho más que simple dirección
u orientación. Entrañan la misma idea de «inspiración» que se da en
2.a Timoteo 3:16, según Warfield en: The inspiration and authority of
the Bible.
Estos hombres que hablaron de parte de Dios, fueron tomados por el
Espíritu Santo de manera total y absoluta y conducidos a la meta
querida por Dios. Así, lo que hablaron —bajo la operación del Espíritu
que obraba en ellos— no procedía de ellos sino de Dios. De ahí que la
palabra profética sea segura, porque es palabra dada por inspiración
divina. Pero esta palabra tiene que permanecer.
C) De la palabra hasta el escrito profético
2.a Pedro 1:16–21 traza un puente entre la inspiración personal y la
inspiración de los escritos que fluyen de aquélla.
«Algunos hombres hablaron de parte de Dios.» Pero su testimonio nos
llega por sus escritos (Romanos 1:1–4). Era la situación a que se
refiere Pedro (2.a Pedro 1:20 = = «profecía de la Escritura»).
De modo que Pedro une el hablar y el escribir al considerar el hecho
de que los órganos de la Revelación fueron tomados y movidos por el
Espíritu para darnos la Palabra profética de verdad.
Es palabra segura por ser profética («inspirada», «movida» por Dios),
pero es tanto más segura cuanto que ha quedado fijada en escritos
igualmente infalibles por ser el producto de la acción del soplo de
Dios en sus autores (v. 19).
2.a Pedro 2:21 es el gran texto de la instrumentalidad humana en el
hecho de la revelación. Pero también lo es de la instrumentalidad
escriturística, porque ambas se dan cita en el testimonio profético.
Este texto abre el camino al otro de Pablo que le es afín y paralelo
(2.a Timoteo 3:16).
4. ¿Qué significa la instrumentalidad humana?
Es útil la analogía con Cristo —Palabra encarnada—: la humanidad del
Salvador no implicó jamás pecado, pero sí limitaciones. Así, el
elemento humano en las Escrituras (unos idiomas concretos, el
transfondo de unas culturas determinadas, de un tiempo y unas
civilizaciones dadas, etcétera) no implica tampoco nunca error, pero
sí limitaciones y ciertas dificultades que la crítica textual y el
estudio del fondo histórico-literario-geográfico de cada libro ayudan
a superar. «Tenemos el tesoro en vasos de barro.…» podría decirse
también del elemento humano en la formación de la Biblia. Pero el gran
milagro de Dios que llamamos «inspiración» ha hecho posible que, no
obstante, y pese a todos los condicionamientos humanos, tengamos el
gran tesoro: el registro infalible de la Palabra de Dios dada a los
hombres.
Parafraseando otro texto, también podríamos decir aquí: «¡Gracias a
Dios por su don inefable!»
CUESTIONARIO:
1. ¿Qué significa el término «inspiración» en su sentido bíblico?
2. ¿Qué texto enseña que los autores de la Escritura eran inspirados?
3. ¿Cuál es el tema de 2.a Pedro 1:19–21: la interpretación o
la inspiración de la Biblia?
4. ¿Qué significó la instrumentalidad humana para la Biblia?
Grau, J. (1973). Introducción a la Teología (Vol. 1, pp. 182–186).
Barcelona: Editorial Clie.
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ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor
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LA INSPIRACIÓN DE LAS ESCRITURAS
Vimos en la lección anterior cómo la Tradición Apostólica debía quedar
codificada en un libro (la Biblia) para poder ser así guardada y
proclamada.
El mensaje de este libro fue inspirado por Dios, quien controló a
profetas y apóstoles para librarles de todo error, exactamente como
les había guiado en la proclamación oral. La Biblia, pues, es la
Palabra de Dios dada a los hombres por medio de unos hombres
escogidos, controlados e inspirados por el Espíritu Santo. El Espíritu
de verdad obró de tal manera en los escritores sagrados —los mismos
hombres que antes habían sido testigos escogidos— que lo que ellos
escribieron no es ya simple palabra humana, sino plena y perpetuamente
la Palabra de Dios para todas las generaciones.
1. ¿Cómo hemos de entender la inspiración?
Digamos, en primer lugar, lo que no es la inspiración en términos bíblicos:
A) La inspiración mecánica, como si Dios hubiese dictado a la
oreja de los hagiógrafos lo que tenían que escribir, sin tener en
cuenta el estilo y la manera de ser personal de cada uno de ellos.
Cada libro de la Escritura refleja suficientemente las huellas humanas
de su autor.
B) La inspiración parcial (liberalismo o modernismo -
teológico) y personal, como si unos textos fuesen más «inspirados», o
mejor: inspirasen más que otros. En esta hipótesis, cada lector es
abandonado a su propio discernimiento para descubrir lo que es
«mensaje religioso de algún valor» y lo que es «error» o «mito». Esta
postura emplea indebidamente el vocablo «inspiración», ya que no le da
más valor que el que pueda tener al referirse a la inspiración
artística, literaria o de cualquier otra suerte.
C) La inspiración parcial de la neo-ortodoxia según la cual
la Biblia no es, objetivamente, la Palabra de Dios, sino que se
convierte en «Palabra de Dios para mí» en ciertos momentos únicamente,
y de manera esporádica. El reconocer que la Sagrada Escritura es
Palabra de Dios —o mejor dicho: que puede llegar a ser palabra de
Dios— es cosa subjetiva y constituye la experiencia esporádica de
algunos individuos.
Esta posición confunde el «encuentro» del alma con Dios con la
Revelación misma que hace posible tal encuentro. Confunde la verdad
objetiva del Señor que se revela, con nuestra apreciación subjetiva de
dicha verdad.
Cristo era igualmente Dios y Salvador cuando era creído por la
samaritana que cuando fue crucificado y desechado por los judíos y los
romanos; asimismo, la Biblia es Palabra de Dios tanto si se la rechaza
como si se la cree y acepta.
Positivamente, la inspiración bíblica es:
a) Una inspiración orgánica. El Espíritu Santo obró en los
escritores de acuerdo con su manera de ser, aprovechando su
idiosincrasia personal y cultural. Iluminó sus mentes, guió su memoria
y controló la influencia del pecado y del error para que no se
malograse su trabajo; en todo, sin embargo, los dejó expresarse a su
manera, según su estilo y vocabulario y de acuerdo con su tiempo. Por
ejemplo, el estilo de Amós es muy distinto del de Isaías y el de
Miqueas del de Oseas; en el Nuevo Testamento, los escritos de Juan
difieren mucho de los de Pablo y, no obstante, todos estos testimonios
nos dan Palabra de Dios. Es decir: Palabra de Dios a través de las
palabras de unos hombres (2.a Pedro 1:19–21).
b) Una inspiración plenaria. «Toda Escritura es inspirada por
Dios y útil.…» (2.a Timoteo 3:16).
El sentido original griego es que «Toda Escritura» se refiere a
cada uno de los escritos sagrados; «pasa graphé», distributivamente, o
sea: «las Sagradas Escrituras» —las «hierà grammata» del verso
anterior (v. 15)— en su totalidad, sin excepción. Y esta Sagrada
Escritura, en cada uno de sus partes y libros, «es inspirada». ¿Qué
significa la expresión «inspirada por Dios»? El vocablo griego
«theopneustos» quiere decir literalmente: «expirada —de dentro hacia
afuera—, soplada por Dios». Así, la Sagrada Escritura es el producto
de la acción de Dios en el hombre por El escogido para ser su
instrumento y escriba; la Biblia surge de Dios, viene de El y por
consiguiente es Palabra de Dios.
c) Una inspiración verbal. Si bien no mecánica (véase más arriba).
Pablo cita a Lucas y a Deuteronomio como Sagrada Escritura y Pedro
considera los escritos de Pablo dentro de la misma categoría (1.a
Timoteo 5:18; 2.a Pedro 3:16). Lo que está escrito no es tan sólo
palabra de hombres sino Palabra de Dios: Mateo 19:4, 5; Hechos 4:25,
26; 13:34, 35; Hebreos 1:6 y ss.; 3:7, etc.
2. ¿Para qué fue dada la inspiración?
El texto de Timoteo nos dice no sólo que «toda Escritura es
inspirada» sino que «es útil para que el hombre de Dios sea perfecto
en toda buena obra»; así su cometido es «enseñar, redargüir, instituir
en justicia» y equipar al creyente para su crecimiento espiritual. Tal
es su objetivo.
La autoridad divina de la Escritura es una autoridad revelacional, o
reveladora. En su esencia constituye la auto-revelación de Dios
consignada en unas páginas inspiradas por El mismo. De ello se sigue
que la autoridad de la Biblia no es científica, o política, o
económica, etc.
«Dios no nos ha dado la Biblia para que sepamos cómo es el cielo
sino para ir al cielo», dijo Galileo al ser procesado por la
Inquisición. Muchos siglos antes, Agustín había escrito: «Dios, al
darnos las Escrituras, no quiso enseñarnos matemáticas o astronomía;
El quería hacer santos y no sabios.»
Aunque no sea primariamente un libro de ciencia, la Biblia contiene
un cierto número de afirmaciones de tipo científico que, en ocasiones,
significa anticiparse a muchas verdades científicas modernas. Hay
asimismo otras verdades reveladas que rozan el ámbito de la ciencia;
por ejemplo, la afirmación de que toda la raza humana se deriva de una
pareja original —Adán y Eva— y que la materia no es eterna sino cosa
creada por Dios. Asimismo, hemos de admitir que la Escritura tiene
mucho que decir sobre las presuposiciones de todas las demás ciencias.
Sin embargo, no podemos perder de vista el hecho de que la finalidad
primera de la Escritura es la de llamar a los hombres a la fe en Dios
mediante la presentación de Jesucristo como Salvador y Señor. El
estudio de las realidades de la creación lo ha dejado Dios a la
investigación de los hombres. Para que se ocupasen en ello les dio la
razón y las demás facultades que constituyen al hombre en un ser hecho
a semejanza de la Divinidad (Gén. 1:26, 27). El descubrimiento de
estas verdades naturales no es objeto de Revelación. En cambio sí lo
es todo lo que atañe a Dios y a las relaciones del hombre con él,
ámbito éste que, como ya vimos en las primeras lecciones, sería
infranqueable si el ser humano fuera dejado a sus solas fuerzas.
«Estas cosas han sido escritas para que creáis.…» (Juan 20:31).
CUESTIONARIO:
1. ¿Por qué no podemos aceptar un concepto mecánico de la inspiración?
2. ¿Por qué es distinta la inspiración bíblica de la
«inspiración poética», por ejemplo?
3. Señale los errores de la teoría de la «inspiración parcial».
4. Defina la inspiración bíblica, tal como se desprende del
testimonio de la misma Biblia en pasajes como 2.a Timoteo 3:16 y 2.a
Pedro 1:19–21.
5. ¿Cuál es el objetivo primario de la Revelación bíblica?
Grau, J. (1973). Introducción a la Teología (Vol. 1, pp. 177–181).
Barcelona: Editorial Clie.
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ADONAY ROJAS ORTIZ
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