El Redentor es el mismo Creador
Jesús es Jehová
La Identidad Divina como Fundamento de la Redención
La proposición central de la teología cristiana histórica y, en particular, de la soteriología bíblica, no es meramente que Dios ha provisto un medio de salvación, sino que Dios mismo es la salvación. La redención no es una tarea delegada a un agente subordinado, ni una operación administrativa realizada por una criatura exaltada, sino la intervención personal, directa y sacrificial del Arquitecto del Universo. La identidad de Jesucristo, por tanto, no puede reducirse a la de un profeta, un maestro moral o un "dios secundario" como proponían las antiguas herejías arrianas o gnósticas. La Escritura exige el reconocimiento de que quien cuelga de la cruz es el mismo que colgó las estrellas en el firmamento.
Me propongo presentar la identidad de Jesús como Jehová (YHWH), el "Yo Soy" del Antiguo Testamento. Este análisis no se limita a la acumulación de textos probatorios, sino que busca establecer una coherencia narrativa y teológica que abarque desde el Bereshit (Génesis) hasta el Apokalypsis. Si el axioma de la teología monoteísta es que "la salvación es del Señor" (Jonás 2:9), y el Nuevo Testamento identifica inequívocamente a Jesús como el Salvador, la conclusión silogística es inevitable. Como argumentaba Anselmo de Canterbury en su tratado Cur Deus Homo, la ofensa del pecado contra un Dios infinito requería una satisfacción infinita que solo Dios mismo podía ofrecer, pero que debía ser pagada por la humanidad; de ahí la necesidad de que el Creador asumiera la naturaleza humana.
A lo largo de este presentación, examinaremos la evidencia lingüística de la exclusividad de Jehová en la creación según Isaías, la existencia eterna del Logos en Juan, la causalidad cósmica de Cristo en las epístolas paulinas, la inmutabilidad divina en Hebreos y la unidad del trono en el Apocalipsis. Demostraremos que los atributos, nombres, obras y adoración reservados exclusivamente para Jehová en el Antiguo Testamento son aplicados, sin restricción ni modificación, a Jesucristo en el Nuevo Testamento, confirmando así que el Redentor es, en esencia y persona, el mismo Creador manifestado en carne.
1: El Monoteísmo Exclusivo y la Agencia Solitaria de Jehová en la Creación
Para sostener la tesis de que Jesús es el Creador, primero es imperativo establecer la premisa veterotestamentaria: la creación fue un acto solitario, exclusivo y no compartido de Jehová. No hubo intermediarios, demiurgos, ni ángeles arquitectos. La cosmología bíblica es estrictamente monoteísta.
1.1 La Cláusula de Soledad Divina
El profeta Isaías, en el contexto de una polémica judicial contra la idolatría de las naciones, presenta una de las declaraciones más contundentes sobre la identidad de Dios.
"Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo." (Isaías 44:24, RV60)
Este versículo funciona como un gozne teológico que une la soteriología ("tu Redentor") con la cosmología ("que extiendo solo los cielos"). La estructura del pasaje elimina cualquier posibilidad de agencia delegada.
Análisis Filológico del Texto Masorético
La fuerza argumentativa de este pasaje reside en dos términos hebreos que denotan exclusividad absoluta:
La afirmación "Yo Jehová, que lo hago todo" es exhaustiva. El uso del participio (hacedor/que hace) indica una característica definitoria y continua de su ser. Si Jehová declara bajo juramento profético que extendió los cielos (completamente solo), cualquier teología que proponga que Jesús fue un "agente secundario" o un "maestro de obras" creado a través del cual Dios trabajó (como sugieren el arrianismo y los Testigos de Jehová modernos), entra en contradicción directa con el testimonio de Jehová mismo.
Si el Nuevo Testamento afirma que Jesús creó todas las cosas, y el Antiguo Testamento afirma que Jehová creó todas las cosas solo, la lógica no permite dos creadores. La única resolución hermenéutica que respeta la inerrancia de ambas escrituras es la identidad: Jesús es la manifestación del mismo Jehová que habló en Isaías 44:24.
1.2 La Conexión Intrínseca entre el Redentor y el Formador
El versículo comienza con "Así dice Jehová, tu Redentor" (Goel). En la ley hebrea, el Goel (pariente redentor) debía tener un vínculo de sangre y derecho de propiedad para efectuar la redención (Levítico 25). Al identificarse simultáneamente como el que "te formó desde el vientre", Dios establece el fundamento jurídico de la redención: Él tiene derecho a redimir a Israel (y a la humanidad) porque Él los fabricó.
El acto de creación otorga los derechos de propiedad necesarios para el acto de redención. Si Jesús fuera el Redentor pero no el Creador, sería un intruso pagando una deuda ajena sin derechos de propiedad. Si fuera el Creador pero no el Redentor, sería un juez distante. La belleza del Evangelio radica en que el mismo que formó al hombre del polvo (Génesis 2:7) es el que vino a rescatarlo del polvo de la muerte. La identidad del Creador valida la legalidad de la Redención.
1.3 La Polémica contra los Ídolos y la Prueba de la Divinidad
En el contexto de Isaías 40-48, Dios desafía a los ídolos a probar su divinidad mediante dos evidencias: la predicción del futuro y la creación del mundo.
En Isaías 45:12, reitera: "Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé".
En Isaías 48:12-13, declara: "Óyeme, Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero. Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos".
Dios utiliza su labor creativa solitaria como la prueba definitiva de que Él es el único Dios verdadero ("y fuera de mí no hay Dios", Is 44:6). Si Jesús fuera un "dios" creado encargado de la creación, Jehová habría perdido su propio argumento contra los ídolos, pues habría compartido su gloria y su obra distintiva con otro ser. Pero Jehová declara: "A otro no daré mi gloria" (Is 42:8).
2: El Logos de Juan
El Prólogo del Evangelio de Juan (1:1-18) constituye la exposición teológica más densa del Nuevo Testamento sobre la relación entre la Deidad eterna y su manifestación temporal. Juan no presenta a un segundo dios, sino la auto-expresión racional y personal del Dios único.
2.1 Análisis Sintáctico y Teológico de Juan 1:1
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Juan 1:1)
Este versículo se divide en tres cláusulas que definen la ontología del Redentor:
A. La existencia Eterna: "En el principio era el Verbo"
Juan abre con Ἐν ἀρχῇ, una referencia deliberada a בְּרֵאשִׁית (Génesis 1:1). Sin embargo, mientras Génesis describe el comienzo de la acción ("creó"), Juan describe el estado del ser ("era"). El verbo griego usado es ἦν ēn (imperf. de eimi), que denota existencia continua y atemporal. Cuando el tiempo comenzó, el Verbo ya existía. Esto lo coloca categóricamente fuera de la creación y dentro de la eternidad divina. El Logos es el Archē (principio/origen) no creado de todas las cosas.
B. La Distinción Relacional: "Y el Verbo era con Dios"
La preposición pros (πρὸς τὸν θεόν pros ton theon) implica orientación y comunión íntima ("cara a cara"). Aquí radica el misterio de la Deidad: hay una distinción en el modo de subsistencia. El Logos no es el Padre en su modo trascendente e invisible, sino Dios en su modo expresivo y revelador. La teología de la Unicidad entiende esto no como una separación de personas eternas distintas, sino como la distinción entre su esencia (Padre) y su pensamiento/expresión (Verbo). El Verbo es Dios expresándose a sí mismo; inseparable de Él, pero distinto en función reveladora.
C. La Identidad Esencial: "Y el Verbo era Dios"
La cláusula final, καὶ θεὸς ἦν ὁ λόγος kai theos ēn ho logos, ha sido objeto de intensos debates gramaticales. En el griego, theos (Dios) aparece sin el artículo definido ὁ (ho), lo que ha llevado a grupos como los Testigos de Jehová a traducir erróneamente "y el verbo era un dios". Sin embargo, la regla gramatical de Colwell establece que un predicado nominativo definido (Dios) que precede al verbo (era) usualmente pierde el artículo para resaltar la cualidad o esencia del sujeto. Juan está diciendo que el Verbo era "el Padre" pero haciendo una distinción funcional), no era "un dios" (politeísmo). Está afirmando que todo lo que constituye la esencia de la Deidad reside en el Verbo. El Logos posee la misma divinidad del Theos.
2.2 El Creador en su Tabernáculo
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:14)
El versículo 14 es el clímax de la identidad. El sujeto de la encarnación es el mismo sujeto del versículo 1: el Dios eterno. El verbo "fue hecho" ἐγένετο (egeneto) marca la entrada del Eterno en el tiempo. La palabra "habitó" ἐσκήνωσεν (eskēnōsen) significa literalmente "entabernaculizó" o "puso su tienda". Esto es una alusión directa al Tabernáculo del Éxodo, donde la gloria de Jehová (Shekinah) moraba entre su pueblo. Jesús es el nuevo Tabernáculo; su carne es el velo (Hebreos 10:20) que alberga la presencia gloriosa del Creador. Al ver a Jesús, vemos la "gloria del unigénito". El término monogenēs (unigénito) no implica origen creado, sino unicidad en su género; Él es el Hijo único y singular que comparte la naturaleza del Padre.
2.3 El Testimonio de Juan el Bautista y los Títulos de Jehová
Juan 1 presenta una serie de títulos aplicados a Jesús que corresponden a Jehová en el AT:
La Luz Verdadera (Juan 1:9): Corresponde a Salmos 27:1 ("Jehová es mi luz").
El Cordero de Dios (Juan 1:29): El sacrificio provisto por Dios mismo (Génesis 22:8, "Dios se proveerá de cordero").
El Primero (Juan 1:15): Juan el Bautista, aunque nació antes que Jesús, declara: "es antes de mí" πρῶτός μου ἦν (protos mou en), afirmando su preexistencia absoluta.
El evangelio de Juan está estructurado para demostrar que este hombre, Jesús, es el "Yo Soy" ἐγὼ εἰμί (Ego Eimi) que habló a Moisés en la zarza ardiente. Sus afirmaciones absolutas ("Antes que Abraham fuese, YO SOY", Juan 8:58) son reivindicaciones directas de la identidad del Creador auto-existente.
3: La Cosmología Paulina
La herejía que amenazaba a la iglesia en Colosas parece haber sido una forma incipiente de gnosticismo o misticismo judío que enfatizaba la adoración de ángeles y la necesidad de intermediarios espirituales para acceder a la plenitud de Dios. Pablo responde con una de las cristologías más elevadas del Nuevo Testamento, presentando a Cristo como el Creador absoluto y el Sustentador del cosmos, apropiándose del lenguaje de la "Sabiduría" judía y aplicándolo a Jesús.
3.1 Exégesis de Colosenses 1:15-17: El Señorío Cósmico
"El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra... todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten." (Colosenses 1:15-17, RV60) 15
A. La Imagen (Eikōn) del Dios Invisible
Dios, en su esencia espiritual, es invisible ("A Dios nadie le vio jamás", Juan 1:18). Cristo es la Eikōn visible de esa realidad invisible. El término no denota una mera semejanza superficial, sino una "representación exacta" y manifestación. Cristo porta la totalidad de la Deidad en forma visible. En la teología de la Unicidad, esto explica la dualidad bíblica: el Padre es Dios en su invisibilidad trascendente; el Hijo es Dios en su visibilidad humana y manifestada.10 No son dos dioses, sino el Dios invisible hecho visible.
B. La Controversia del Prototokos (Primogénito)
El título "primogénito de toda creación" ha sido malinterpretado históricamente para sugerir que Cristo fue la primera criatura hecha por Dios (arrianismo). Sin embargo, el análisis léxico y contextual refuta esto contundentemente.14
Definición Léxica: Pablo usa prototokos, no protoktistos ("primer creado"). Prototokos en la LXX y el uso judío enfatiza primacía de rango, herencia y soberanía, no necesariamente orden cronológico de nacimiento.
En Salmos 89:27, Dios dice de David: "Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra". David era el hijo menor de Isaí, pero fue hecho "primogénito" (rango supremo).
Israel es llamado "mi hijo, mi primogénito" (Éxodo 4:22), indicando su elección sobre otras naciones, no que fuera la primera nación en existir.
Argumento Contextual: El versículo 16 comienza con la conjunción causal "Porque" (hoti). Pablo argumenta: Jesús es el Primogénito (Soberano) sobre toda la creación PORQUE él creó todas las cosas.
Si Jesús fuera una criatura, sería parte de "todas las cosas".
El texto dice que "todas las cosas" (ta panta) fueron creadas por Él. Para ser el creador de todo, Él debe estar fuera del conjunto de cosas creadas. Se auto-excluye de la categoría de criatura.
C. Las Preposiciones de la Causalidad Divina
Pablo utiliza tres preposiciones griegas para atribuir a Cristo la totalidad de la causalidad filosófica de la creación, un lenguaje que los estoicos y platónicos usaban para el Logos supremo.20
3.2 El Argumento de la Causa Final: Comparación con Romanos 11:36
La prueba más contundente de que Pablo identifica a Jesús con Jehová se encuentra al comparar la doxología de Colosenses con la de Romanos.
Romanos 11:36 (Referido a Dios/Jehová): "Porque de él, y por él (di autou), y para él (eis auton), son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos." 22
Colosenses 1:16 (Referido a Jesús): "...todo fue creado por medio de él (di autou) y para él (eis auton)." 23
Si el universo existe para la gloria de Jehová, y el universo existe para Jesús, la conclusión lógica es la identidad. No puede haber dos "Fines Últimos" del universo. Si Jesús fuera una criatura, y el universo fuera hecho para él, Dios estaría cometiendo idolatría al desviar la gloria de la creación hacia una criatura. Pero Jehová dijo: "A otro no daré mi gloria" (Isaías 42:8). El hecho de que el universo sea para Jesús confirma que Jesús es Jehová.21
3.3 La Sustentación Continua
"Y todas las cosas en él subsisten" (Col. 1:17). El verbo συνέστηκεν sunesteken (perfecto de sunistemi) significa "mantenerse unido", "coherir". Jesús es el principio de cohesión cósmica. Él previene que el cosmos se disuelva en el caos. Esta función de providencia continua es atribuida exclusivamente a Jehová en el judaísmo (Nehemías 9:6: "Tú vivificas todas las cosas"). Atribuir esto a Jesús es identificarlo como el Dios de la Providencia.
4: Hebreos y el Uso del Salmo 102
La Epístola a los Hebreos presenta una apología dirigida a creyentes judíos tentados a volver al judaísmo antiguo. El autor demuestra la superioridad de Cristo sobre los ángeles, Moisés y el sacerdocio levítico. En el capítulo 1, construye una cadena de citas del Antiguo Testamento que, sorprendentemente, aplican pasajes exclusivos de YHWH directamente a Jesús.
4.1 La Apropiación del Salmo 102 en Hebreos 1:10-12
El argumento alcanza su clímax en los versículos 10-12, donde el autor cita el Salmo 102:25-27.
"Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces... y tus años no acabarán." (Hebreos 1:10-12,)
Contexto Original del Salmo 102
El Salmo 102 es la oración de un afligido. En el versículo 1, se dirige a Jehová: "Jehová, escucha mi oración". En el versículo 24, clama: "Dios mío, no me cortes...". Los versículos citados (25-27) son una alabanza a la eternidad e inmutabilidad del Creador YHWH en contraste con la transitoriedad del hombre y la creación física. No hay duda exegética: el sujeto del Salmo es Jehová.
La Aplicación Cristológica
En Hebreos 1, el Padre se dirige al Hijo (v. 8: "Mas del Hijo dice..."). Y en el versículo 10, continúa esta dirección atribuyendo al Hijo las palabras del Salmo 102.
Significado: El autor inspirado de Hebreos afirma que el "Tú, oh Señor" que fundó la tierra es Jesús.
Implicación: Identifica a Jesús como el YHWH Creador del Salmo 102.
Exclusividad: La obra de "fundar la tierra en el principio" es la definición misma de Dios. No se puede transferir a un agente. Al decir que el Hijo hizo esto, se le declara como el Dios Eterno, no el Hijo eterno.
4.2 La Inmutabilidad Divina: "Tú eres el mismo"
El texto destaca el atributo de la inmutabilidad: "Pero tú eres el mismo" (Heb. 1:12). La frase griega su de ho autos traduce el hebreo attah hu ("Tú eres Él"), que es una fórmula de auto-identificación divina usada en Isaías (Is. 43:10, 46:4 "Yo mismo").
Esta inmutabilidad es esencial para la función sacerdotal y redentora de Cristo.
Los sacerdotes levíticos morían y cambiaban.
La creación (cielos y tierra) envejece y cambia como un vestido.
Pero el Redentor permanece inmutable. "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Hebreos 13:8).
Solo porque el Redentor es el Creador inmutable, puede garantizar una salvación eterna. Si Él fuera una criatura cambiante, nuestra salvación estaría sujeta a mutación. Su identidad divina es el ancla del alma.
5: El Trono Único en el Apocalipsis
El libro de Apocalipsis cierra el canon bíblico con una visión de la consumación de todas las cosas. Lejos de presentar una jerarquía de dioses, el Apocalipsis revela una unidad asombrosa en la adoración y el gobierno del universo.
5.1 El Alfa y la Omega: La Fusión de Identidades
En Isaías, Jehová declara repetidamente: "Yo soy el primero, y yo soy el postrero" (Is. 44:6, 48:12). Este es un título de eternidad exclusiva; no puede haber dos "primeros" ni dos "últimos".
En Apocalipsis, vemos un intercambio de estos títulos que colapsa cualquier distinción ontológica:
Apocalipsis 1:8: "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." (Generalmente atribuido al Padre/Jehová).
Apocalipsis 1:17-18: Jesús aparece y dice: "No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto". Aquí, el que murió (Jesús) se apropia del título exclusivo de Jehová (Is. 44:6).
Apocalipsis 22:13: "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último."
Apocalipsis 22:16: "Yo Jesús he enviado mi ángel..."
El hablante en 22:13 que se llama Alfa y Omega es el mismo Jesús del 22:16. Jesús es el Jehová de Isaías, el Primero y el Último. Es el Creador (Principio) y el Juez Final (Fin).
5.2 Exégesis de Apocalipsis 22:3: El Trono Singular
La descripción de la Nueva Jerusalén ofrece una prueba gramatical sutil pero poderosa de la unidad divina.
"Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán." (Apocalipsis 22:3)
Análisis Gramatical
"El trono" (ho thronos): Sustantivo en singular. No hay dos tronos (uno grande para Dios y uno chico para Jesús). Hay un solo trono de gobierno universal.
"De Dios y del Cordero": Dos designaciones para el ocupante, unidas por la conjunción kai. Esto refleja la distinción funcional en la economía de la salvación (Dios como Soberano trascendente, Cordero como Redentor sacrificado).
"Le servirán" (latreusousin auto): El verbo latreuo denota adoración sagrada y servicio religioso (culto). El pronombre auto (a Él) está en singular.
Si fueran dos personas divinas separadas, la gramática exigiría el plural autois ("les servirán").
El uso del singular indica que "Dios y el Cordero" constituyen una sola realidad ontológica digna de adoración. Servir al Cordero es servir a Dios. El Cordero es el templo y la luz de la ciudad (Apoc 21:22-23).
Esta singularidad pronominal confirma la teología de la Unicidad: Dios se manifiesta como el Cordero para la redención, pero sigue siendo el Único Dios entronizado.
5.3 La Nueva Creación como Obra del Redentor
En Apocalipsis 21:5, el que está sentado en el trono dice: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". Esta labor de re-creación es paralela a la creación original. En 2 Corintios 5:17, Pablo dice: "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es". La redención es descrita bíblicamente como una "nueva creación" (kaine ktisis). Solo el Creador original tiene la competencia y autoridad para re-crear. La redención es la restauración de la Imago Dei por aquel que es la Imagen original. El Redentor debe ser el Creador, porque redimir es volver a crear.
6: Síntesis Doctrinal
La Necesidad del Dios-Hombre
La identidad del Redentor como Creador no es solo una conclusión exegética de textos aislados, sino la lógica interna necesaria de la soteriología cristiana. La historia de la teología ha luchado para articular por qué era necesario que Dios mismo se encarnara.
6.1 Ireneo de Lyon y la Recapitulación (Anakephalaiosis)
En el siglo II, Ireneo enfrentó a los gnósticos que separaban al Dios Redentor (bueno y espiritual) del Dios Creador/Demiurgo (malo y material). Ireneo defendió la unidad de las Escrituras argumentando que el Redentor es el mismo Creador. Desarrolló la doctrina de la Recapitulación: Cristo, el segundo Adán, retomó la historia humana desde el principio. Pasó por cada etapa de la vida humana (nacimiento, niñez, adultez) que Él mismo había diseñado, para santificarla y redimirla. Para Ireneo, era fundamental que el mismo Dios que formó el barro en el Edén fuera el que tomara forma de barro en María. Si fueran dioses distintos, la redención sería una invasión ilegal de una propiedad ajena. La identidad Creador-Redentor valida la restauración de la carne humana.
6.2 Anselmo y la Lógica de la Satisfacción Infinita
En su obra monumental Cur Deus Homo (¿Por qué Dios se hizo hombre?), Anselmo de Canterbury (siglo XI) proporcionó el argumento racional definitivo:
La Deuda Infinita: El pecado es una ofensa contra la majestad infinita de Dios. Por tanto, la deuda de honor incurrida es infinita.
La Insolvencia Humana: El hombre, siendo finito y pecador, no puede pagar una deuda infinita. Cualquier sacrificio humano o animal es insuficiente.
La Necesidad Divina: Solo Dios posee un valor infinito para satisfacer una deuda infinita.
La Necesidad Humana: Pero la deuda fue contraída por el hombre, y la justicia exige que el hombre pague.
Solución: Debe haber alguien que sea Dios (para tener poder de pago infinito) y Hombre (para tener la obligación de pagar).
Por consiguiente, el Redentor tiene que ser el Creador encarnado. Si Jesús fuera un ángel o un hombre creado (como dicen los unitarios o arrianos), su muerte no tendría valor infinito y no podría salvar al mundo. Solo la sangre de Dios (Hec 20:28) puede redimir a la creación.34
6.3 La Perspectiva de la Unicidad: Dios Manifestado en Carne
La teología contemporánea de la Unicidad sintetiza esta evidencia afirmando que la distinción Padre-Hijo no es una distinción de personas eternas en la Deidad, sino una distinción de naturalezas y modos de existencia en la obra redentora.
Padre: Es Dios en su naturaleza divina, eterna, invisible, Creador y Espíritu omnipresente.
Hijo: Es Dios en su naturaleza humana, engendrada en el tiempo, visible, Redentor y sufriente.
Jesús: Es el nombre del Padre revelado en el Hijo (Juan 5:43).
Decir que "El Redentor es el mismo Creador" significa que el Espíritu Eterno (Padre) habitó en una humanidad perfecta (Hijo) para reconciliar al mundo consigo mismo. Como dice Pablo en 2 Corintios 5:19: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo". No era el Hijo reconciliando al mundo con el Padre (como un tercero), sino el Creador mismo, dentro del velo de la carne, efectuando la redención.
Jesús, el Rostro Humano de Jehová
La evidencia acumulada a través de la exégesis del Antiguo y Nuevo Testamento, apoyada por la gramática griega y hebrea, y confirmada por la lógica teológica histórica, nos lleva a una conclusión gloriosa e ineludible. La Biblia RV60 no presenta una comisión divina a un subordinado, sino la condescendencia suprema del Único Dios.
Isaías cerró la puerta a cualquier co-creador: Jehová lo hizo solo.
Juan abrió el misterio: Ese Jehová (Logos) se hizo carne.
Pablo detalló la mecánica: Todo fue creado por Él y para Él (títulos de Jehová).
Hebreos confirmó la identidad: Él es el YHWH del Salmo 102 que fundó la tierra.
Apocalipsis reveló el destino: Adoraremos a un solo Dios en el trono del Cordero.
Afirmar que Jesucristo es el Creador es afirmar que cuando miramos la cruz, no vemos a un tercero apaciguando la ira de un Dios distante; vemos al mismo Dios Creador, quien, amando a su propia creación hasta el extremo, se despojó de su gloria (Filipenses 2:7) para vestirse de nuestra mortalidad y rescatarnos de la muerte. Las manos que formaron las galaxias son las mismas manos que fueron taladradas por los clavos. El aliento que dio vida a Adán es el mismo que expiró en el Calvario diciendo: "Consumado es".
Jesucristo no es solo el Señor de la Creación; Él es el Creador que se hizo su propia criatura para salvarla. Él es, verdaderamente, el Señor Dios Todopoderoso.