“No había entre ellos ningún necesitado”: La normatividad de la comunidad de bienes en Hechos 2–6
Mauricio Acuña
Misionero
Querétaro, México
La comunidad de bienes en Hechos 2 y 4 se ha interpretado como un experimento social que fracasó, una idealización lucana no realista o una fuente de principios valiosos para hoy, pero pocas veces como una práctica que se debe imitar. Sin embargo, su normatividad se mira por su relación estrecha con la teología económica del Evangelio de Lucas, su papel fundamental en la vida de la primera iglesia y la manera en que se presenta en Hechos 2:42–47 y 4:32–37. De esta conclusión se desprende una serie de implicaciones para las iglesias y su misión hoy.
Palabras clave: Comunidad de bienes, Lucas 12:33, Hechos 2:44–45, 4:32–35, Deuteronomio 15:4
The community of goods in Acts 2 and 4 has been interpreted as a social experiment that failed, an unrealistic Lukan idealization, or a source of valuable principles for today, but rarely as a practice that should be imitated. However, its normativity is seen in its close relationship with the Gospel of Luke’s economic theology, its fundamental role in the life of the first church, and the way it is presented in Acts 2:42–47 and 4:32–37. This conclusion leads to a series of implications for the churches and their mission today.
Key words: Community of goods, Luke 12:33, Acts 2:44–45, 4:32–35, Deuteronomy 15:4
INTRODUCCIÓN
Este artículo argumentará que la práctica de la comunidad de bienes en la iglesia de Jerusalén, descrita en Hechos 2:44–45 y 4:32–37, es normativa para las iglesias de hoy. Primero repasa interpretaciones tradicionales al respecto y luego expone y defiende una interpretación alternativa.
INTERPRETACIONES TRADICIONALES
Hay dos corrientes principales de interpretación del llamado “fondo común” mencionado en Hechos 2:44–45 y 4:32–37. La primera niega su utilidad histórica y su normatividad para las iglesias de hoy, mientras que la otra lo evalúa más positivamente pero no al punto de afirmar su normatividad hoy.
Interpretaciones que niegan la normatividad de los pasajes
Los autores más radicales consideran que el fondo común de la primera iglesia en Jerusalén fue un rotundo fracaso. Este tipo de acercamiento se resume en un comentario sobre Hechos 2:44 en una Biblia de estudio católica:
Posiblemente Lucas se está refiriendo a varios casos que suscitaron admiración, pero que no fueron la regla general. Jesús no había pedido esta puesta en común; sin embargo en tiempos posteriores ha sido un aguijón o un reproche para las comunidades cristianas. Parece que desde un punto de vista económico el resultado fue negativo; tal vez vivieron en una santa despreocupación hasta el día en que todo su capital se consumió… Desde luego fue un fracaso, pero fue bueno haber corrido el riesgo; lo mismo pasará a lo largo del tiempo con innumerables ensayos parecidos.1
Así también en un tratado sobre hermenéutica escrito por un evangélico:
Que la experiencia comunitaria de la primera iglesia cristiana no tuvo carácter normativo se desprende de la ausencia de datos confirmantes en tiempos posteriores. Cuando la “iglesia madre” se vio más adelante en apuros económicos, la solución no vino de una ampliación del sistema comunal a las restantes iglesias locales, sino de ofrendas enviadas a Jerusalén desde diversos lugares (11:27–30; Ro. 16:1–4; 2 Co. 8:1–4; 9:1 y ss.).2
Así, algunos sostienen que el “experimento comunitario” de la iglesia primitiva pronto fue abandonado por haber resultado no funcional, e incluso contraproducente.3 Se argumenta que la incapacidad de la iglesia de Judea de hacer frente al hambre profetizada en Hechos 11:27–30 se debía a que sus miembros se habían desprendido de todo su capital,4 y que la pobreza que les sobrevino tiempo después se debió a lo mismo, en parte al menos. Sin recursos para hacer frente a la nueva situación de necesidad, tuvieron que depender de la caridad de sus hermanos cristianos en otros lugares.5
Por otra parte, hay intérpretes que han visto en estos pasajes una idealización no realista de la vida de los primeros cristianos. Según Bosch,
Lucas presenta un cuadro de la iglesia como él piensa que debe ser y no tanto como realmente es. Pero, aun si su cuadro resulta idealizado, no cabe duda de que esta comunidad incipiente era una confraternidad extraordinaria.6
Esta interpretación se basa en paralelos entre la narración de Hechos y fuentes griegas donde filósofos como Platón, Aristóteles y especialmente Pitágoras establecen cómo debe ser una comunidad ideal.7
Otros han presentado argumentos que permiten desestimar e incluso desechar completamente estas interpretaciones negativas de la comunidad de bienes. Aquí lo más que podemos hacer es remitir al lector a esos autores y sus análisis.8 La conclusión de Keener es particularmente pertinente:
Aquellos que argumentaron que la iglesia primitiva cometió un error en 2:44–45 están leyendo sus propios puntos de vista acerca de la Biblia; no están escuchando el mensaje de Lucas, debido a que él describe este estilo de vida radical como resultado del derramamiento del Espíritu.9
Interpretaciones que extraen principios de los pasajes
Otros autores han entendido Hechos 2:44–45 y 4:32–37 de una forma más positiva. Aún sin reconocer la normatividad de las experiencias narradas en estos pasajes, ven en ellas principios pertinentes para las iglesias de nuestros tiempos. Así, René Padilla escribe lo siguiente acerca de Hechos 2:45:
Si bien el pasaje es descriptivo, no prescriptivo, ilustra bien cómo la comunión cristiana que surge de una común experiencia del Espíritu afecta las relaciones personales hasta incursionar en el campo económico.10
George Ladd se une a esta manera de pensar al afirmar que el sentido de comunión expresado en el “experimento social” de la comunidad de bienes debería asumir otras formas de expresión en situaciones históricas diferentes.11 John Stott sugiere que no todos los discípulos de Cristo están llamados a desprenderse de sus posesiones materiales para ayudar a los necesitados, pero, comentando Hechos 2:45–46, señala que la misma compasión que tenía la iglesia primitiva para cuidar de los pobres y compartir generosa y voluntariamente debería caracterizar a los creyentes de todos los tiempos.12 Justo González y Craig Blomberg también concluyen que hoy debemos buscar formas de aplicar los principios expresados en Hechos 2:44–45 y 4:32–37, sin necesariamente copiar la práctica de la comunidad de bienes.13
Aún Bosch, quien piensa que Lucas “idealizó” la experiencia comunitaria de la iglesia primitiva, puede extraer principios misionológicos importantes de ella.
Lucas no se cansa de recordarnos la actitud sacrificial prevaleciente en los primeros días de la Iglesia en Jerusalén (Hech. 2:44s.; 4:32), con el resultado de que no había ningún necesitado entre todos ellos (4:34). Si los cristianos ricos de hoy sólo practicasen la solidaridad con los cristianos pobres, para no mencionar los [miles de millones] de pobres no cristianos, ello en sí sería un poderoso testimonio misionero… El evangelio no puede ser buenas nuevas si los testigos son incapaces de discernir la problemática real y las preocupaciones de los marginados.14
El documento redactado por los 85 líderes evangélicos de 27 países que participaron en la Consulta Internacional sobre un Estilo de Vida Sencillo en 1980 es representativo de la manera en que muchos evangélicos entienden hoy la comunidad de bienes del libro de Hechos. Con referencia a Hechos 4:32–37 dice:
Este principio de un compartir generoso y desprendido, expresado en el ponernos nosotros mismos y nuestros bienes a la disposición de los necesitados, es una característica indispensable de toda iglesia llena del Espíritu.15
Luego menciona como implicaciones prácticas provenientes de este “principio” que los cristianos más pudientes se comprometan a hacer más para aliviar las necesidades de los creyentes menos privilegiados, y que las iglesias e instituciones paraeclesiásticas busquen formas de llevar a cabo sus funciones administrativas con un mínimo de gastos en viajes, alimentación y alojamiento.16
A pesar de su perspectiva positiva hacia el mensaje de los pasajes bajo estudio, estos autores y escritos se quedan cortos en cuanto a la normatividad del fondo común para las iglesias de hoy. A continuación se presenta otra manera de entender esta práctica.
INTERPRETACIÓN PROPUESTA
Se presentarán a continuación tres clases de argumentos para validar la importancia de la comunidad de bienes tanto en el libro de Hechos como en el tiempo presente. El primer argumento proviene de unir la práctica narrada en Hechos con la teología económica del Evangelio de Lucas; el segundo, de mostrar el papel fundamental que la comunidad de bienes jugaba en la vida de la primera iglesia; y el tercero, de un análisis de Hechos 2:42–47 y 4:32–37, los dos pasajes clave sobre el tema.
La comunidad de bienes y la teología económica de Lucas
En su Introducción al Nuevo Testamento, publicada originalmente en inglés en 1964, Everett Harrison afirmó que “uno de los rumbos más fructíferos para los estudios futuros está posiblemente en el área de una comparación paciente y detallada entre el Evangelio de Lucas y el libro de Hechos”.17 Desde entonces han sido muchos los que se han dado a esta tarea.18 Han descubierto que Lucas quiere que veamos en Hechos la continuación y el cumplimiento de muchos temas introducidos en su Evangelio.19
Sin embargo, aunque se reconocen cada vez más las correspondencias literarias y teológicas entre los dos libros, no se ha llevado hasta sus últimas consecuencias la estrecha relación entre la teología económica del Evangelio y las prácticas de la iglesia en Hechos. Algunos sí han visto cierta relación entre estas dos cosas, pero no interpretan los pasajes pertinentes de Hechos partiendo de la teología económica de Lucas.20
Aquí radica la tesis central de esta parte del ensayo: la comunidad de bienes practicada por la iglesia de Jerusalén era cumplimiento literal de mandatos económicos de Jesús registrados por Lucas en su Evangelio21 y, por tanto, modelo normativo para la iglesia de nuestro tiempo. Lo que hicieron aquellos primeros creyentes fue simplemente organizar su vida comunitaria en los términos económicos que Jesús mismo les había indicado y ejemplificado.22 Así que, primero hay que sintetizar esa teología económica que sirvió como fundamento para la comunidad de bienes.
El tema económico aparece repetidas veces a lo largo del Evangelio de Lucas. Hay por lo menos doce pasajes importantes: las respuestas de Juan el Bautista (3:10–14), el sermón del llano (6:20–36), las acusaciones de Jesús a los líderes religiosos (11:37–54), la petición para que Jesús intervenga en una disputa sobre una herencia (12:13–21), la enseñanza a no afanarse por las necesidades básicas (12:22–31), la exhortación a hacer tesoros en el cielo (12:32–34), las parábolas del mayordomo infiel (16:1–15) y de las diez minas (19:11–27), la narración sobre el rico y Lázaro (16:19–31) y las historias del joven rico (18:18–30), Zaqueo (19:1–10) y la viuda pobre (21:1–4). Un detalle que muestra la importancia del tema económico para Lucas es que, de estos doce pasajes, nueve son exclusivos de su Evangelio (3:10–14; 6:20–36; 11:37–54; 12:13–21, 32–34; 16:1–15, 19–31; 19:1–10, 11–27).
En estos pasajes, oraciones estrechamente relacionados con la práctica de la comunidad de bienes en Hechos 2–6 se hallan en 3:11 (“El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene comida, haga lo mismo”); 6:30 (“A todo el que te pida, dale”), 35 (“Presten, no esperando nada a cambio; y será su recompensa grande, y serán hijos del Altísimo”); 11:41 (“Den limosna”);23 16:9 (“Hagan amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, los reciban en las moradas eternas”);24 y 19:8 (“Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres”). Particularmente relevante es Lucas 12:32–34. Después de un resumen de los aspectos más importantes de la teología económica lucana se analizará este texto con mayor profundidad.
Lucas presenta seis principios fundamentales en el “discipulado económico” de su Evangelio. (1) Tanto el arrepentimiento (3:8–14; 19:8–9) como la piedad (11:39–41; 21:1–4) tienen manifestaciones económicas concretas. Entrañan una transformación radical en el uso de los bienes materiales, particularmente en beneficio de los necesitados. (2) Los genuinos discípulos de Jesús deben caracterizarse por manifestar el amor aun a sus enemigos en términos económicos prácticos (6:27–36). (3) La avaricia impide tener una correcta relación con Dios, e incluso puede cerrar la entrada al Reino (12:13–21; 16:13). El uso de los bienes materiales es un buen indicio de la relación con Dios (16:19–31). (4) Los discípulos deben evitar toda preocupación ansiosa por sus necesidades básicas, confiando en que su Padre les proveerá todo lo que necesiten (12:22–31). (5) Los discípulos son llamados a renunciar a sus posesiones por seguir a Jesús (12:32–34; 14:33; ver los ejemplos específicos en 5:11, 27–28; 9:57–62). Deben usarlas para beneficio de los más necesitados, y no de manera egoísta. Este principio se aplica especialmente a los ricos que deseen ser discípulos (18:18–30; 19:1–10). (6) Los discípulos fieles en el uso de sus posesiones ahora serán promovidos y recompensados en el Reino futuro, pero los infieles en este aspecto serán castigados (16:1–15; 19:11–27).
Precisamente la vivencia concreta de estos principios de discipulado económico es lo que se aprecia en la comunidad de bienes de los primeros creyentes. Particularmente, ellos se tomaron muy en serio el mandamiento expresado en 12:33: “Vendan sus posesiones y den limosnas”.25 Sobre este texto se centrará ahora la atención.
En 12:13–34 Jesús establece tres niveles de desprendimiento económico en un proceso de compromiso ascendente: (1) no a la avaricia y acumulación egoísta de riquezas (vv. 13–21); (2) no a la preocupación por necesidades básicas (vv. 22–31); (3) vender las posesiones y dar limosna para de esta manera hacerse tesoro en el cielo (vv. 32–34). La expresión “ser rico para con Dios” (v. 21) encuentra su explicación en el v. 33: significa hacerse tesoro en los cielos dando limosna a los necesitados. Por su parte, el contexto posterior indica que un desprendimiento semejante es posible únicamente con una perspectiva escatológica adecuada, una expectativa activa del regreso del Señor (vv. 35–48).
El primer mandato de Jesús a sus discípulos en los vv. 32–34 es a no temer por su propio bienestar económico y material,26 pues el Dios que ha prometido suplir sus necesidades si buscan su Reino (vv. 22–31) también ha tenido a bien dárselo.27 De manera que el Reino ya les ha sido dado (v. 32), pero también se les exhorta a buscarlo (v. 31), y esta búsqueda tiene que ver con el uso de sus bienes (vv. 33–34). Al llamar a sus discípulos “manada pequeña”, Jesús no se refiere únicamente al tamaño del grupo (por cierto pequeño en ese momento), sino también a su fragilidad y dependencia en Dios.
Luego viene el mandamiento positivo (unido a la prohibición de temer): “Vendan sus pertenencias y den limosnas a los necesitados” (v. 33).28 El cumplimiento de esta orden les permitirá hacerse tesoro en los cielos y tener bien orientado su corazón (vv. 33–34). Esto es precisamente lo que hicieron los primeros creyentes en Jerusalén.29
Papel de la comunidad de bienes en Hechos 2–7
El libro de los Hechos otorga más espacio a la iglesia en Jerusalén (caps. 1–7) que a cualquier otra, sin duda porque se presenta como modelo para todas las demás iglesias. Hay dos temas prominentes e íntimamente relacionados en el relato de su vida: unidad y testimonio.
“Testimonio” sintetiza la misión que Jesús encargó a sus primeros seguidores (1:8). Constituye su principal actividad hacia fuera de la comunidad30 y recibe los mayores ataques de parte de la oposición (4:1–22; 5:17–41; 6:11–7:60). El propósito de esta oposición es acallar el testimonio de la iglesia, destruir su misión externa.
Por otro lado, la unidad es la principal cualidad interna de la primera iglesia,31 y la comunidad de bienes se convirtió en la práctica más importante y representativa de esta profunda unidad. Lejos de ser un aspecto secundario, constituía una parte imprescindible de su vida interna. Vale la pena ahondar un poco más en este asunto.
Tan importante es la comunidad de bienes, que Lucas le dedica cuatro secciones en los capítulos 2–7 (2:43–47; 4:32–37; 5:1–11; 6:1–6). De los cuatro resúmenes en estos capítulos (2:42–47; 4:32–37; 5:12–16; 6:7), los primeros dos tienen que ver con la unidad de la iglesia y su principal manifestación, la comunidad de bienes.
Así como el testimonio externo fue amenazado por la persecución, también corrió peligro la unidad de la iglesia, y fue precisamente por dos problemas con la comunidad de bienes: la mentira de Ananías y Safira (5:1–4, 8) y la repartición deficiente a las viudas helenistas (6:1). Tan importante era proteger la unidad de la iglesia y el fondo común que Dios quitó la vida a Ananías y Safira (5:5, 9–10) y los apóstoles ordenaron la primera elección en la iglesia para conseguir administradores idóneos del fondo común (6:2–6). El crecimiento de aquella iglesia llega a su clímax precisamente cuando se aseguran tanto la unidad como el testimonio (6:7). A partir de ahí la oposición se tornará tan feroz que los creyentes deberán abandonar Jerusalén (8:1).
A la luz del papel fundamental que la comunidad de bienes cumplía en la vida de la primera iglesia, iglesia presentada como modelo para todas las demás en la historia del cristianismo, el hecho de que aquella práctica comunitaria no se vuelve a mencionar en Hechos no le resta importancia. Si bien las condiciones históricas, sociales y económicas de la iglesia de Jerusalén pudieron hacer esta práctica más necesaria allí que en otros lugares, para Lucas los temas de unidad y solidaridad radical van inseparablemente unidos.
Análisis de Hechos 2:42–47 y 4:32–37
Hechos 2:42–47 constituye el primero de una serie de resúmenes que aparecen a lo largo del libro para mostrar un cuadro general del crecimiento de la iglesia.32 Describe la vida de la primera comunidad de creyentes en Jesucristo surgida a raíz de la experiencia del día de Pentecostés: venida poderosa del Espíritu, sermón de Pedro y bautismo de tres mil personas (2:1–41). Esta iglesia surge por obra del Espíritu que Jesús envió como consecuencia de su muerte, resurrección y ascensión a la diestra del Padre como Señor y Cristo (2:22–36).
La vida de estos primeros creyentes se resume como “perseverancia”33 en la doctrina, comunión, partimiento del pan, oraciones y reuniones en el Templo, con énfasis sobre todo en la comunión entre ellos.34 Esta comunión constituía un modo de vida compartido, como especifican los vv. 44–47: (a) todos estaban juntos, (b) tenían todas las cosas en común, (c) vendían sus propiedades y bienes para repartirlos según la necesidad de cada uno, (d) no dejaban de reunirse en el Templo para orar y adorar (cp. 3:1), (e) partían el pan en las casas, donde comían juntos con alegría y sencillez de corazón y (f) alababan a Dios y hallaban el favor de todo el pueblo. En parte como resultado de esta vida comunitaria, “el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos” (v. 47). Su presencia en medio de esta comunidad era evidente por los muchos milagros y señales que realizaban los apóstoles (v. 43) y recordada mediante la celebración de la “cena del Señor”.35
Los datos principales derivados de 2:42–47 acerca de la comunidad de bienes pueden resumirse de la siguiente manera: (1) fue resultado de la manifestación poderosa del Espíritu, quien dio nacimiento a la comunidad cristiana, (2) era parte constitutiva de la vida de la primera iglesia, caracterizada por la comunión expresada de múltiples maneras, (3) se dio por la presencia real y activa del Señor Jesús entre ellos, (4) era una manifestación de solidaridad y amor concreto conforme iban surgiendo las necesidades entre los miembros de la comunidad y (5) contribuyó al crecimiento numérico de la comunidad. La venta de propiedades y bienes no significó un desprendimiento absoluto de una vez por todas de sus posesiones por parte de todos los miembros de la comunidad, sino un vender y compartir continuado (expresado en los verbos en tiempo imperfecto en el v. 45) y voluntario (cp. 5:4) por parte de algunos, según iban surgiendo las necesidades en el grupo.36
Así, la comunidad de bienes formó parte importante de la vida de la iglesia desde sus mismos inicios. A partir de aquí, constituirá el elemento principal de la unidad de la iglesia de Jerusalén.
El segundo resumen, en 4:32–37, describe la vida de esa comunidad cristiana en un ambiente de oposición, persecución y sufrimiento a manos de las autoridades religiosas (4:1–5:42). De nuevo, la característica más enfatizada es la unidad,37 manifestada a través de una solidaridad radical: “todas las cosas eran de propiedad común” (v. 32 LBLA). Quienes poseían tierras o casas las vendían y daban el dinero a los apóstoles, quienes lo repartían a los creyentes según sus necesidades (vv. 34–35; nótese el uso de nuevo de verbos en tiempo imperfecto, indicando un vender y entregar continuado). Bernabé se presenta como ejemplo positivo de esta generosidad (vv. 36–37), y Ananías y Safira como ejemplos negativos de los abusos en que se podría caer cuando las acciones de caridad se realizan con motivación egoísta (5:1–11).38 La práctica de la comunidad de bienes iba acompañada por el testimonio poderoso y efectivo de la resurrección del Señor Jesús por parte de los apóstoles (v. 33), de modo que, como en el pasaje anterior, la unidad de la iglesia iba de la mano con el testimonio hacia los de afuera. El v. 34, al afirmar que “no había ningún necesitado entre ellos”, da a entender que la iglesia cumplió un ideal económico expresado por Dios para su pueblo Israel: “Entre ustedes no deberá haber pobres” (Dt. 15:4 NVI).39
Las ideas más importantes derivadas de este pasaje son: (1) la comunidad cristiana en medio de un ambiente hostil y adverso debe mostrar una unidad real y profunda; (2) de nuevo la comunión interna está unida al testimonio externo; (3) el ideal perseguido mediante las muestras de amor sacrificado es eliminar la pobreza entre los miembros de la comunidad; (4) las personas con mayor autoridad espiritual dentro del grupo eran los encargados de administrar y distribuir los fondos comunitarios; (5) los líderes deben ser los primeros en poner el ejemplo de un dar generoso y sacrificado (caso de Bernabé); y (6) así como hay ejemplos positivos de prácticas solidarias radicales, debe tenerse cuidado con las falsas motivaciones en este tipo de comunidad.
La pregunta que queda por contestar es si en el pensamiento de Lucas esta vida comunitaria es normativa para la iglesia de todos los tiempos, o fue un caso aislado y único. Muchos intérpretes consideran que no se puede sacar mandamientos o normas de la literatura narrativa.40 Sin embargo, debe recordarse que Hechos no es un libro únicamente histórico, sino un libro histórico con propósitos teológicos y una forma literaria particular. En la interpretación de esta narrativa, deben tomarse en cuenta los tres elementos: el histórico, el teológico y el literario.41 Lucas busca no solamente relatar sucesos, sino también mostrar su relevancia para los lectores.
En el plano literario, es claro que Lucas quiere mostrar la comunidad de bienes de los primeros cristianos como un caso positivo, digno de ser imitado. Al destacar la comunión en los primeros dos resúmenes de la vida de la iglesia (2:42–47; 4:32–37), él estaría diciendo que es prototipo para todas las iglesias posteriores. Todas las iglesias deberían tener esa calidad de vida comunitaria y responder a las necesidades de sus miembros de manera igualmente sacrificada.42 Si bien este no es el único modelo en Hechos en cuanto a cómo responder a necesidades económicas de los hermanos, es tan válido como lo son los otros (cp. 11:27–30; 20:33–35). Además, 4:32–37 muestra cómo debe reaccionar una iglesia en medio de circunstancias de abierta oposición y hostilidad (4:1–8:3). Cuando los creyentes son atacados por su medio externo, deben vivir en unidad visible, concreta y radical. Cuanto mayor sea el grado de oposición y rechazo en medio del cual vivan, mayor debe ser su solidaridad y comunión.
Por otra parte, sin desestimar las razones o causas propiamente históricas que hayan hecho surgir la comunidad de bienes en Hechos 2, no fueron primeramente esas condiciones, sino las convicciones teológicas de los primeros cristianos las que los llevaron a vender sus propiedades y compartirlas son sus hermanos necesitados. Estas convicciones incluirían las siguientes: (1) los mandamientos económicos de Jesús expresados en el Evangelio de Lucas, (2) el pronto regreso del Señor y la necesidad de estar preparados y vigilantes (Lc. 12:32–48), (3) la venida del Espíritu, quien crea la nueva comunidad, (4) la unidad entre los miembros de la comunidad, (5) la presencia entre ellos del Cristo vivo y exaltado, a quien la iglesia adora y por cuyo poder realiza su misión, (6) la importancia de las necesidades de los hermanos por encima del concepto de propiedad privada, (7) el ideal de erradicación de la pobreza en medio del pueblo de Dios y 8) el testimonio que tal vivencia compartida tendría hacia quienes no pertenecieran a la comunidad.
En conclusión, tanto el contexto literario como el teológico del relato de la comunidad de bienes en Hechos apuntan a su normatividad para la iglesia cristiana de nuestros días.
IMPLICACIONES DE HECHOS 2:44–45 Y 4:32–37 PARA LAS IGLESIAS Y SU MISIÓN HOY
Actualmente, los países de América Latina están siendo golpeados por crisis económicas que afectan el mundo entero. En muchos países la tasa de desempleo se mantiene a un nivel alto. Ante tales situaciones, siguen siendo acertadas las palabras de Padilla:
La Iglesia está llamada a constituirse en una sociedad alternativa caracterizada por la práctica del amor y la justicia, la reconciliación y la equidad… El lugar más apropiado para la manifestación de los valores del Reino es la iglesia local. Es allí donde esos valores tienen que hacerse carne y transformar las relaciones hasta tal punto que la comunidad de fe sea el paradigma de lo que Dios quiere que sea la sociedad en general.43
La manera más radical y concreta de ser esa “sociedad alternativa” en un mundo cada vez más individualista, consumista, hedonista y egoísta es la práctica de la comunidad de bienes al estilo de la iglesia primitiva. En medio de un sistema que desecha cada vez más la solidaridad, la iglesia debe vivir como una familia donde los bienes de unos sirvan para satisfacer las necesidades de otros. El ideal de “no había entre ellos ningún necesitado” debe marcar nuestra práctica económica. Como Stott lo ha expresado, “la iglesia debiera ser la primera entidad en el mundo en la cual se aboliera la pobreza”.44
Sin embargo, para que esto llegue a ser una realidad, las iglesias, y particularmente sus líderes, deben adquirir y fomentar las mismas convicciones teológicas que motivaron a los primeros creyentes a esa clase de vida comunitaria. Particularmente, se debe enseñar y ejemplificar un sentido profundo de unidad que lleve a todos a asumir la actitud de “ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía” (Hch. 4:32). El Señor Jesucristo no solamente mandó a sus seguidores tal estilo de vida, sino que primeramente lo vivió con ellos. Cada creyente debe comprender y vivir la realidad de que, en la familia de Dios, las necesidades de los hermanos están primero que las posesiones personales.
Uno de los resultados más sobresalientes de esa clase de comunión es un fuerte testimonio. Como señala Juan Driver, “las prácticas económicas de esta comunidad guardaban una relación estrecha con su testimonio evangelístico”.45 Hechos 2:47 presenta como resultado final de la vida comunitaria de la primera iglesia que “el Señor añadía cada día a la iglesia los que iban siendo salvos”. Más que un programa evangelístico agresivo (aunque desde luego sí había testimonio continuo de Cristo), lo que atraía a las personas a la fe era el amor sacrificado entre los creyentes. Después de todo, ¿quién no querría pertenecer a una comunidad donde se le ama hasta el punto de sacrificar los bienes personales para suplir sus necesidades?
Finalmente, valdría la pena señalar algunos principios que se desprenden de la práctica de la comunidad de bienes en Hechos 2–6, como directrices para iglesias que deseen implementar este modelo hoy. Primero, cualquier donación debe ser completamente voluntaria (5:4). En ningún momento el dar debe ser resultado de una reglamentación por parte de la iglesia, y todos los miembros deben estar seguros de que pueden conservar sus posesiones sin sentirse culpables ni ser juzgados por los demás hermanos de la congregación.
En segundo lugar, la iglesia debe desarrollar estructuras que permitan conocer las circunstancias y necesidades de todos los creyentes. En este sentido, posiblemente la práctica de reunirse en las casas de los miembros facilitó la implementación de la comunidad de bienes en la primera iglesia (Hch. 2:44–46; 5:42).
Tercero, la repartición de las donaciones debe ser estrictamente de acuerdo al principio de “según la necesidad de cada uno” (Hch. 2:45; 4:35). No se trata de un tipo de “comunismo” donde todos reciben lo mismo.
En cuarto lugar, el dinero de las donaciones debe ser administrado por líderes competentes, que comprendan claramente la naturaleza, propósitos y finalidad del fondo común (Hch. 4:34–37). Podría ser necesario contar con un equipo específico para este ministerio, cuyos miembros incluyan a por lo menos alguno de los líderes principales de la iglesia (Hch. 6:1–6).
Por último, sería útil e importante desarrollar ministerios para satisfacer las necesidades continuas de personas vulnerables (Hch. 6:1–6; cp. 1 Ti. 5:3–16). Tales ministerios necesitarán de un fondo continuo para su mantenimiento y crecimiento.
CONCLUSIÓN
Después de explicar las interpretaciones tradicionales de Hechos 2:42–45 y 4:32–37, se pasó a presentar argumentos a favor de la normatividad de estos pasajes. El estudio de la teología económica del Evangelio de Lucas mostró el fundamento para la práctica de la comunidad de bienes de la iglesia primitiva. El comentario de los pasajes en Hechos señaló convicciones teológicas que llevaron a los primeros cristianos a expresar su amor solidario de una manera tan radical, así como principios directrices para iglesias que deseen poner en práctica este modelo.
La situación actual de América Latina requiere de iglesias que funcionen como verdaderas familias, donde los bienes de unos suplan las necesidades de otros. El ideal bíblico está claramente definido: “no había entre ellos ningún necesitado”. Ahora solo falta que los creyentes e iglesias contemporáneos asuman en toda su radicalidad el ejemplo establecido por los primeros cristianos.