sábado, 16 de marzo de 2013

La paradoja de la cruz

La paradoja de la cruz (Semana Santa)

Si alguien quisiera empezar una nueva religión y asegurar su aceptación mundial, ¿qué mensaje sería más atractivo para las multitudes? Algunos podrían pensar que la clave del éxito es un mensaje de auto estima, actitud mental positiva y confesión de cosas positivas, con el fin de obtener deseos terrenales. Pero, paradójicamente, la iglesia cristiana, en sus comienzos, proclamó que la verdadera victoria espiritual descansa en un mensaje de aparente derrota, esto es, la muerte de Jesucristo en una cruz: "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios" (1 Corintios 1.18).


En el primer siglo, la predicación acerca de la cruz era aparentemente un obstáculo para la aceptación de las creencias cristianas. El apóstol Pablo escribió que algunas personas pedían señales, mientras que otras buscaban sabiduría; pero él predicaba a "Cristo crucificado", aunque este mensaje fuera tropezadero para los primeros y locura (tontería) para los últimos (1 Corintios 1.22-23).


Algunos buscaban un líder ungido por Dios que traería la victoria militar y la liberación política del imperio romano. Para ellos constituía una ofensa escuchar que deberían seguir las enseñanzas de un joven que había sido ejecutado como un criminal (crimen, delincuente) cualquiera por las autoridades romanas. De esta manera, la predicación de la cruz era un impedimento.


Otros mostraban gran tolerancia y aun interés hacia una variedad de ideas religiosas y filosóficas, pero el mensaje de que la salvación viene por un hombre que murió, y más aun, que este hombre había obtenido la victoria al resucitar de entre los muertos de forma milagrosa parecía una tontería frente a las demás ideas (sinónimo). Por ejemplo, los atenienses estaban muy interesados en oír las ideas novedosas de Pablo, pero cuando él empezó a hablar acerca de la resurrección, la mayoría de ellos perdió el interés (Hechos 17.18-33). Su predicación sonaba como un cuento inútil a aquellos instruidos en la filosofía de aquella época.


En el primer siglo, todos consideraban la cruz como un instrumento de tortura y ejecución de criminales. La mención de la cruz traía a la mente una escena de humillación, el olor de la sangre y el sonido de lamentos agonizantes. Para la gente, en cualquier lugar, una cruz representaba dolor, condenación, crueldad y muerte.


En aquel entonces, predicar acerca de una cruz sería como predicar acerca de una silla eléctrica, hoy. Imagine spotting el edificio de una iglesia con una silla eléctrica, para su identificación visual. O imagine entrar a una iglesia y oír que la congregación está cantando "Oh, yo siempre amaré esa horca", "Cerca a la inyección letal" o "Cuando contemplo el maravilloso pelotón de fusilamiento".[1] Inevitablemente, se vería como una forma poco inteligente de atraer visitantes y tener nuevos creyentes.
Paradójicamente, los cristianos creen que Dios ha escogido la locura de la predicación y, específicamente, el aparentemente disparatado mensaje de la cruz como medio de salvación. Él ha transformado la cruz de un instrumento de sufrimiento, castigo y muerte en un instrumento de sanidad, liberación y vida eterna. De la misma manera, por el mensaje de la cruz, Él ha transformado pecadores en santos, blasfemos en misioneros y perseguidores en predicadores (como la propia vida de Pablo lo atestigua).


En resumen, el asunto principal del cristianismo es "Jesucristo, y éste crucificado" (1 Corintios 2.2). Las buenas noticias que traen liberación son las que anuncian que Jesucristo, como Dios manifestado en la carne, murió por nuestros pecados, fue sepultado en una tumba y resucitó al tercer día. Debemos responder a este mensaje y aplicarlo personalmente a nuestras vidas apartándonos del pecado en el arrepentimiento (muerte a la vida antigua de pecado y a la obstinación), siendo bautizado en el nombre de Jesucristo (sepultura con Cristo) y recibiendo el regalo del Espíritu Santo (vida resucitada). (Véase Hechos 2.38).


La cruz es tan poderosa que cambia los corazones de los hombres y transforma sus vidas. Una multitud de creyentes del siglo veintiuno pueden testificar que el mensaje de la cruz sana los cuerpos y las mentes enfermos, libera a aquellos que están atados por hábitos adictivos y comportamientos pecaminosos, restaura las relaciones entre matrimonios y familias, y da la oportunidad de comenzar de nuevo, tener nueva esperanza y nueva vida.

David K Bernard. "Apostolic Life"



[1] NOTA DE TRADUCCIÓN: Los dos últimos himnos hablan de la cruz, pero su traducción no es popular entre nosotros, así que se tradujeron tal cual del inglés. 
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