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lunes, 9 de marzo de 2009

PEDRO Y LA CASA DE CORNELIO


Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada «la Italiana», piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba siempre a Dios. Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba y le decía: —¡Cornelio!

Él, mirándolo fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor?

Le dijo: —Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. Envía, pues, ahora hombres a Jope y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro. Este se hospeda en casa de cierto Simón, un curtidor que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas.

Hechos 10: 1 al 5

 

1.      Introducción:

Es claro que este relato es de suma importancia para Lucas. No es casualidad que el relato del capítulo diez sea el más extenso del libro, y el tema va hasta el verso dieciocho del capítulo once.

Lo acontecido en la casa de Cornelio daría un nuevo giro a la iglesia en cuanto a las misiones.

El episodio representa un cambio en la dirección y el enfoque de la iglesia. Aunque es probable que el eunuco etíope fuera el primer convertido no judío al cristianismo, la conversión de Cornelio fue lo que despertó la controversia sobre los convertidos gentiles entre los cristianos judíos que probablemente no habían oído sobre Felipe y el eunuco. El relato sugiere que la comunidad cristiana en general, y Pedro en particular, no estaban preparados para la aceptación directa de los convertidos gentiles y necesitaban entonces un tratamiento de preparación.

2.      Preliminares:

El capítulo nueve de Hechos de los Apóstoles narra la visita de Pedro a las iglesias de Lida, Jope y Sarón, como indicativo de que ya era natural entre ellos la conversión de los samaritanos.

Es decir ya habían avanzado en el proceso de aceptar a no judíos en la iglesia, ya se había adelantado el proceso de educación a que el Espíritu tuvo que someterlos para arrancarles todo clase de prejuicios raciales y religiosos, pero nótese que han pasado unos diez años desde que se derramó el Espíritu Santo por primera vez en Jerusalén.

Después de la sanidad de Eneas y de la resurrección de Dorcas, Pedro se quedó muchos días en Jope en casa de un tal Simón curtidor.

El oficio de curtir pieles era considerado impuro por los judíos, sin embargo Pedro se hospedó en esa casa. Este Simón curtidor excluido del judaísmo era ahora un creyente del evangelio en cuya casa se hospedó Pedro ya sin esos prejuicios religiosos tradicionales en su época.

3.      Pedro y la casa de Cornelio:

Vivía en Cesarea un centurión llamado Cornelio, del regimiento conocido como el Italiano.

La primera escena de esta compleja historia comienza con una presentación de Cornelio, como centurión. Este era un puesto de cierta limitada autoridad. Servía en la compañía llamada la Italiana, de la que sabemos poco. Nuestro hermano Álvaro Torres hace referencia  a que "una secta" conocida como la Italiana había sido fundada por Sócrates y mantenían la creencia que solo existía un Dios.

Un regimiento de 600 soldados se dividía en seis "centurias" que eran comandadas por un centurión.

Él y toda su familia eran devotos y temerosos de Dios.

Aunque era un militar romano, era piadoso y temeroso de Dios, junto con toda su familia, esto demuestra lo importante que es compartir con los de la casa las verdades espirituales.

La frase temeroso de Dios parece haber sido usado con frecuencia para un tipo de gente que creía, y en cierta medida seguía la religión judía, sin ser plenos conversos al judaísmo (En la Biblia de Jerusalén se dice más exactamente "que adoraba a Dios", lo que presumiblemente se refiere a lo mismo). Este hombre y su familia no eran judíos ni conversos al judaísmo, pero tampoco eran paganos que adoraban a otros dioses.

Realizaba muchas obras de beneficencia para el pueblo de Israel y oraba a Dios constantemente.

Las buenas obras de Cornelio merecen ser destacadas. De todos modos no se considera esto como gran cosa, ya que los judíos habían "sembrado para él cosas espirituales", ellos debían segar de él cosas carnales.

Un día,  como a las tres de la tarde, tuvo una visión.  Vio claramente a un ángel de Dios que se le acercaba y le decía: --¡Cornelio!

--¿Qué quieres,  Señor?  --le preguntó Cornelio,  mirándolo fijamente y con mucho miedo.

Estas palabras temblorosamente pronunciadas, indicaban reverencia y humildad sinceras.

--Dios ha recibido tus oraciones y tus obras de beneficencia como una ofrenda --le contestó el ángel--. Envía de inmediato a algunos hombres a Jope para que hagan venir a un tal Simón,  apodado Pedro. Él se hospeda con Simón el curtidor,  que tiene su casa junto al mar.

Fue su fe devota y activa, no meras palabras sino sus oraciones y obras, lo que fue destacado por el visitante angelical.

Las oraciones denotan un ejercicio espiritual del alma para con Dios, las donaciones, su ejercicio práctico para con los hombres.

¿Cuál sería el tema de las oraciones de Cornelio? Por lo que el ángel responde, Cornelio estaba buscando su salvación.

Es interesante que el ángel no dió las buenas nuevas del evangelio sino que éste privilegio es humano. Dios no les ha dado a los ángeles el ministerio de hablar del evangelio a los pecadores. ¡Qué privilegio tenemos al contarles el evangelio a las almas perdidas!  Como cantamos muchas veces en nuestros servicios misioneros:

Los ángeles no son enviados a cambiar

Un mundo de dolor, por un mundo de paz

Me ha tocado a mí hacerlo realidad

Dispuesto estoy Señor a hacer tu voluntad.

Cornelio era devoto, honesto, generoso y sincero; pero no era salvo. ¡Es posible ser muy religioso y aún así estar perdido! Sólo Jesucristo trae la salvación, pues él es el salvador del mundo, y Cornelio estaba listo para recibirlo.

Después de que se fue el ángel que le había hablado, Cornelio llamó a dos de sus siervos y a un soldado devoto de los que le servían regularmente. Les explicó todo lo que había sucedido y los envió a Jope.

Obedeció de inmediato la orden, demostrando así la sencillez de su fe.

Estos tres enviados especiales debían poseer un tesoro espiritual que les daba unidad de propósito. Compartían la fe de su amo.

Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar. Era casi el mediodía. Tuvo hambre y quiso algo de comer. Mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis.

Las casas tenían en la azotea un cuarto o un toldo, que se utilizaba como lugar de descanso.

Con la aclaración de que le sobrevino un éxtasis, Lucas nos quiere dar a entender que ésta fue una "visión" que otra persona que estuviera al lado de Pedro en aquel techo no habría visto.

Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que,  suspendida por las cuatro puntas, descendía hacia la tierra. En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves. --Levántate, Pedro; mata y come --le dijo una voz. --¡De ninguna manera,  Señor!  --replicó Pedro--. Jamás he comido nada impuro o inmundo. Por segunda vez le insistió la voz: --Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro. Esto sucedió tres veces,  y en seguida la sábana fue recogida al cielo.

El Espíritu Santo quiere asegurarse de haber quitado de Pedro todo prejuicio y le da una visión que se repite por tres veces.

La distinción de comidas era un sacramento de distinción, separación y consagración nacionales. La única carne permitida a un judío era la de los animales puros, según Levíticos 11; cualquier otra carne era común y los haría ritualmente impuros.

En Pedro estaban tan arraigados los prejuicios culturales y religiosos que rehúsa obedecer la orden directa de Dios de matar y comer.

Dios que formuló las leyes sobre la alimentación, puede también anulara dichas leyes de acuerdo a su soberana voluntad.

La barrera está siendo quitada por Dios, el mismo que la había establecido.

Pedro no atinaba a explicarse cuál podría ser el significado de la visión.

Aunque Jesús "declaró limpias todas las comidas"[1], algunas traducciones ponen este comentario entre paréntesis. El significado del dicho de Jesús no era evidente en el contexto original, y sólo con el beneficio de la percepción tardía los discípulos pudieron ver la implicación de lo que él decía en aquel momento; por eso Pedro aún no entiende lo que acaba de ver y oír.

Pedro debe haber recordado la enseñanza de Jesús que no contamina al hombre lo que entra por su boca.

Mientras tanto,  los hombres enviados por Cornelio,  que estaban preguntado por la casa de Simón, se presentaron a la puerta. Llamando, averiguaron si allí se hospedaba Simón,  apodado Pedro.

Dios tenía algo más para enseñar a Pedro que una lección sobre comida, por importante que eso fuese.

Existía un paso corto entre comprender que la comida gentil era limpia y reconocer que los mismos gentiles también lo eran. El Señor no abarcó esto en la visión de Pedro, porque tenía preparada una señal más dramática y maravillosa.

Pedro tenía que aprender a sobreponerse a sus prejuicios religiosos y aceptar como verdaderos hermanos y hermanas a los gentiles. Al final iría a dejar de considerar impuro lo que Dios ha declarado limpio.

Mientras Pedro seguía reflexionando sobre el significado de la visión, el Espíritu le dijo: "Mira, Simón, tres hombres te buscan. Date prisa, baja y no dudes en ir con ellos,  porque yo los he enviado."

La iniciativa de llevar a Pedro a casa de un gentil la tomó el Espíritu Santo. El Señor Jesucristo considera que Pedro ya está listo para el siguiente paso misionero y lo envía a casa del militar romano.

¿Quién está tomando decisiones acerca de la misión universal?  La respuesta es obvia: El Espíritu Santo. Es Dios quien determina la dirección y el desarrollo de la Iglesia.

Pedro bajó y les dijo a los hombres: --Aquí estoy; yo soy el que ustedes buscan. ¿Qué asunto los ha traído por acá?

Dos asuntos debía superar Pedro:

1.    Las restricciones judías acerca de la asociación con gentiles.

2.    La tensión y el temor que provocaba la presencia de un soldado romano en tiempos de enfrentamiento político entre Judea y Roma.

Ellos le contestaron: --Venimos de parte del centurión Cornelio, un hombre justo y temeroso de Dios, respetado por todo el pueblo judío. Un ángel de Dios le dio instrucciones de invitarlo a usted a su casa para escuchar lo que usted tiene que decirle.

Excelente testimonio éste de parte de sus propios siervos.

Pedro debe estar admirado y a la expectativa de lo que Dios estaba por hacer.

Entonces Pedro los invitó a pasar y los hospedó.

Al entender que son enviados por el Espíritu Santo no vacila en recibirlos y atenderlos.

Al día siguiente, Pedro se fue con ellos acompañado de algunos creyentes de Jope. Un día después llegó a Cesarea.

Es mejor llevar testigos para algo tan trascendental. El viaje generalmente se hacía en dos jornadas de cinco horas cada una.

Cornelio estaba esperándolo con los parientes y amigos íntimos que había reunido.

Cornelio también sabe que este es un hecho trascendental por lo que comparte su alegría con sus allegados.

Al llegar Pedro a la casa,  Cornelio salió a recibirlo y,  postrándose delante de él,  le rindió homenaje.

En el oriente, esta manera de demostrar respeto era común, no sólo a reyes, sino también a personas de alta distinción; pero entre los griegos y romanos era un homenaje reservado para los dioses.

Un oficial de alto rango  a los pies de Pedro.

Pero Pedro hizo que se levantara,  y le dijo: --Ponte de pie,  que sólo soy un hombre como tú.

Pedro, por lo tanto ve esto como impropio para ser ofrecido a mortal alguno y lo rechaza. "Aquellos que pretenden ser sucesores de Pedro no han imitado esta parte de su conducta".

Pedro entró en la casa conversando con él,  y encontró a muchos reunidos.

Entonces les habló así: --Ustedes saben muy bien que nuestra ley prohíbe que un judío se junte con un extranjero o lo visite.  Pero Dios me ha hecho ver que a nadie debo llamar impuro o inmundo. Por eso,  cuando mandaron por mí,  vine sin poner ninguna objeción.  Ahora permítanme preguntarles: ¿para qué me hicieron venir?

Por motivos religiosos, los judíos procuraban tener el menor contacto posible con gentiles; entrar en sus casas los haría ritualmente impuros. Estas leyes estrictas de separación ofendían a los gentiles, considerados inmundos por los judíos.

Cornelio contestó: --Hace cuatro días a esta misma hora,  las tres de la tarde,  estaba yo en casa orando. De repente apareció delante de mí un hombre vestido con ropa brillante, y me dijo: 'Cornelio, Dios ha oído tu oración y se ha acordado de tus obras de beneficencia. Por lo tanto,  envía a alguien a Jope para hacer venir a Simón,  apodado Pedro,  que se hospeda en casa de Simón el curtidor,  junto al mar.' Así que inmediatamente mandé a llamarte, y tú has tenido la bondad de venir. Ahora estamos todos aquí, en la presencia de Dios, para escuchar todo lo que el Señor te ha encomendado que nos digas.

Hermosa expresión de perfecta disposición de recibir la esperada enseñanza divina de parte de este enseñador enviado por el cielo, y grato aliciente para Pedro para dar franca expresión a lo que estaba ya sin duda en sus labios.

Un predicador y una congregación preparados forman un equipo maravilloso.

Pedro tomó la palabra,  y dijo: --Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia.

Dios envió su mensaje al pueblo de Israel,  anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo,  que es el Señor de todos.

Jesucristo es también Señor de Cornelio y los suyos.

Ustedes conocen este mensaje que se difundió por toda Judea, comenzando desde Galilea,  después del bautismo que predicó Juan.

Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder,  y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo,  porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén.

Lo mataron,  colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día y dispuso que se apareciera, no a todo el pueblo,  sino a nosotros,  testigos previamente escogidos por Dios,  que comimos y bebimos con él después de su resurrección.

Él nos mandó a predicar al pueblo y a dar solemne testimonio de que ha sido nombrado por Dios como juez de vivos y muertos.

De él dan testimonio todos los profetas,  que todo el que cree en él recibe,  por medio de su nombre,  el perdón de los pecados.

Cristo es el tema general del testimonio profético. Y el corazón del evangelio es que Cristo Jesús limpia a todo pecador que con fe viene a él arrepentido y recibe su nombre en las aguas del bautismo.

Lo contrario también es verdad, todo el que rehúse a creer y obedecer a Jesús tendrá que ir a condenación.

Mientras Pedro estaba todavía hablando,  el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje.

Los defensores de la circuncisión que habían llegado con Pedro se quedaron asombrados de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los gentiles, pues los oían hablar en lenguas y alabar a Dios. 

La llenura del Espíritu Santo de los que estaban en la casa de Cornelio convence a Pedro que los gentiles no son impuros y que pueden ser parte de la iglesia.

Las lenguas son la señal inicial del bautismo del Espíritu Santo.

 Entonces Pedro respondió: --¿Acaso puede alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?

El Señor es soberano para trastocar le secuencia de que primero es el bautismo en agua y después el bautismo del Espíritu Santo.

Nótese que no dice: "Ellos han recibido el Espíritu Santo, ¿qué necesidad tienen del agua?"

Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo.

Desde esta experiencia en la casa de Cornelio se legitimó teológicamente hablando la misión entre los gentiles.

Ya han pasado unos doce años desde el día de Pentecostés; pero aún no se inauguran las misiones entre los gentiles; esto solo preparaba el terreno para lo que significaba llegar hasta los confines de la tierra.

Entonces le pidieron que se quedara con ellos algunos días.

Al quedarse allí Pedro y sus amigos demuestran que aceptan a sus hospedadores como miembros iguales de la Iglesia cristiana.

Los apóstoles y los hermanos de toda Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.

La escena final de este relato ocurrió más tarde en Jerusalén.

Así que cuando Pedro subió a Jerusalén,  los defensores de la circuncisión lo criticaron diciendo: --Entraste en casa de hombres incircuncisos y comiste con ellos.

El proceso educativo del Espíritu ha avanzado entre algunos de los líderes; pero es más lento en el pueblo de creyentes, y entre uno que otro líder ortodoxo.

Al regresar Pedro a Jerusalén tiene que justificar su comportamiento ante la iglesia, que no concebía admisible que un hombre de la talla de Pedro se fuera a mezclar con impuros gentiles. Si entrar en casa de gentiles estaba prohibido a un judío, peor aún era haber comido con ellos, puesto que aquellos no observaban las reglas judías sobre la pureza ritual de los alimentos.

Entonces Pedro comenzó a explicarles paso a paso lo que había sucedido:

--Yo estaba orando en la ciudad de Jope y tuve en éxtasis una visión.  Vi que del cielo descendía algo parecido a una gran sábana que,  suspendida por las cuatro puntas,  bajaba hasta donde yo estaba. Me fijé en lo que había en ella,  y vi cuadrúpedos,  fieras,  reptiles y aves. Luego oí una voz que me decía: 'Levántate, Pedro; mata y come.' Repliqué: '¡De ninguna manera,  Señor! Jamás ha entrado en mi boca nada impuro o inmundo.' Por segunda vez insistió la voz del cielo: 'Lo que Dios ha purificado,  tú no lo llames impuro.' Esto sucedió tres veces,  y luego todo volvió a ser llevado al cielo.

 "En aquel momento se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres que desde Cesarea habían sido enviados a verme. El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar.  También fueron conmigo estos seis hermanos,  y entramos en la casa de aquel hombre.

No se menciona el nombre de Cornelio, ni su categoría, como si esto pudiera afectar el asunto. A la denuncia de "has entrado a hombres incircuncisos", Pedro solamente habla de aquel "varón" al cual fué enviado por mandato divino.

Él nos contó cómo en su casa se le había aparecido un ángel que le dijo: 'Manda a alguien a Jope para hacer venir a Simón,  apodado Pedro. Él te traerá un mensaje mediante el cual serán salvos tú y toda tu familia.'

 "Cuando comencé a hablarles, el Espíritu Santo descendió sobre ellos tal como al principio descendió sobre nosotros. Entonces recordé lo que había dicho el Señor: 'Juan bautizó con agua,  pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.'

"Puesto que Dios mismo los ha puesto en el mismo nivel con nosotros, impartiéndoles lo que el Señor Jesús había llamado el bautismo superior del Espíritu Santo, ¿no hubiera yo mostrado oposición a Dios, si les hubiera privado del bautismo inferior de agua, y si me hubiera mantenido alejado de ellos, como si fuesen aún inmundos?"

Por tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo,  ¿quién soy yo para pretender estorbar a Dios?

Se hace notorio que aun con la talanquera de una iglesia no convencida de la misión universal, los apóstoles hacen lo que el Espíritu Santo les pide, sin replicar. Ahora Pedro tenía que enfrentar la crítica, pero explicó a la iglesia todo lo sucedido.

Al oír esto,  se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo: --¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!

Si ya habían aceptado a los samaritanos y a algunos prosélitos judíos  ahora llegaba el momento de aceptar a los abominables gentiles.

Ese trabajo misionero era controvertido, pero era ordenado por el Espíritu Santo.

4.      Aplicación:

El desarrollo de la misión, según lo relatado en el libro de Hechos de los Apóstoles, implica un proceso en el que Dios mismo va educando a su pueblo, por eso se toma tiempo avanzar. Si el Espíritu Santo guía las misiones de la iglesia lo normal será ir a todos las etnias.

La casa de Cornelio es el clímax de Pentecostés, el pan de los gentiles pasando por el fuego.  Así se abre el camino para llevar el evangelio a todos las etnias sin distinción, la meta es contarle de Jesús, a cada persona que existe en el planeta tierra (esa es la etapa que aún vive la iglesia hoy).

Dios no mira la apariencia externa de una persona, ni su nacionalidad, recursos económicos, nivel social o logros. Si Cornelio hubiese sido aceptado sobre basado en su pureza moral o su religiosidad personal, Pedro no hubiese tenido que predicar el evangelio en su casa.

La barrera entre Israel y los gentiles ha sido derribada por Dios mismo. Sin embargo la obediencia a Dios es requisito para ambos pueblos, solo así pueden ser  parte de la Iglesia que es el nuevo pueblo de Dios.

 



[1] Marcos 7: 19


 
ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor IPUC
http://www.adonayrojasortiz.blogspot.com/
 




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