domingo, 16 de septiembre de 2012

VOLUNTAD DIVINA

Voluntad Divina

En palabras de Pablo (Ef 1:11 ), Dios hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Dios se presenta en toda la Biblia como ejerciendo siempre su voluntad. Todas sus acciones y todos sus propósitos son según el puro afecto de su voluntad (Ef 1:5).    ¡Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho! (Sal 115: 3)

¿Qué es voluntad?

1. f. Facultad de decidir y ordenar la propia conducta.

2. f. Acto con que la potencia volitiva admite o rehúye una cosa, queriéndola, o aborreciéndola y repugnándola.

3. f. Libre albedrío o libre determinación.

4. f. Elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue.

5. f. Intención, ánimo o resolución de hacer algo.

6. f. Amor, cariño, afición, benevolencia o afecto.

7. f. Gana o deseo de hacer algo.

8. f. Disposición, precepto o mandato de alguien.

9. f. Elección hecha por el propio dictamen o gusto, sin atención a otro respeto o reparo. Propia voluntad

10. f. Consentimiento, asentimiento, aquiescencia.

Es más hay una acepción especial para la voluntad divina según el diccionario de la real academia de la lengua:  Poder atribuido a la divinidad, cuya Providencia determina los acontecimientos naturales sustraídos al control humano.

Pero ya hemos estudiado que no necesariamente Dios "determina" lo que él, gracias a su presciencia, ya sabe que ocurrirá. Así que llegamos a la categórica afirmación que: La Voluntad De Dios No Es Inexorable.

El pensar que Dios impone su voluntad de forma inapelable nos llevaría a un fatalismo cruel en el que estaríamos a merced de un ser arbitrario y la existencia del mundo sería una simple pantomima en la que los hombre serian muñecos y el futuro no lo seria sino solo la ejecución de un guíon pre-establecido.

Si la voluntad de Dios fuera inexorable habría versos como: 1 Timoteo 2:4: el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, que perderían su razón de ser pues está claro en las escrituras que no todos serán salvos, aunque Dios si quiere que lo sean.

Solo basta examinar las escrituras para darnos cuenta que a través de toda la historia el hombre no ha hecho la voluntad expresa de Dios. Si fuera así la desobediencia no existiría. Así que eso nos lleva a el libre albedrio, tema que estudiaremos más adelante.

Por ahora dediquemos a este asunto particular de la Voluntad Divina.

¿Esto tenía que pasar o se puede cambiar el presente?

Juan Calvino, ilustre predicador suizo del s. XVI arregló el asunto con la explicación de la doctrina de la predestinación del ser humano, para salvación o para condenación. Insistió tanto en la doctrina de la soberanía de Dios insistiendo en que todo está predeterminado por él y que entonces el hombre viene a ser un agente pasivo del destino sin poder para cambiar lo que Dios ya ha decidido con relación al destino de la humanidad. La asimilación de esa doctrina errónea en el seno del cristianismo lo llevó a la ausencia de evangelización por más de dos siglos, hasta que en inglés William Carey, el padre de las misiones modernas, se rebeló contra esa enseñanza y empezó a predicar el evangelio con la firme covicción de que el hombre sí podía decidir por sí mismo acerca de su destino, pues esa era la voluntad divina, que el hombre decidiera por sí mismo.

Jacobo Arminio, holandés que nació cuando Calvino estaba ya en su ocaso de vida, comenzó a enseñar haciendo énfasis en el libre albedrío del ser humano y su responsabilidad a la hora de elegir si peca o no. El ser humano es personalmente responsable por sus acciones pues tiene la libertad de decidir. Esta doctrina del arminianisno, como se ha conocido, fue acagida por los teólogos más liberales de su época y proclamada en siglo XVIII por Juan Wesley, quien predicaba al aire libre.

Los calvinistas centran toda reponsabilidad en Dios, y los arminianistas en el ser humano. Ambos extremos son erróneos y perjudiciales, la verdad está en el equilibrio entre las dos corrientes. El ser humano es responsable en su condenación y Dios es responsable en su salvación.

¿Cómo puede Dios ser soberano y a la vez darle al hombre la libertad para tomar sus propias decisones a sabiendas de que muchas de ellas irán en contra de su voluntad?

La doctrina de la voluntad permisiva de Dios se confirma explícitamente por el apóstol Pablo en su discusión de la actitud de Dios hacia el pecado de Faraón en el capítulo 9 de Romanos. Después de indicar que no tenemos derecho a discutir con Dios aunque no entendamos sus decretos, somos barro en las manos del alfarero, Pablo sugiere: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder [para salvar], soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria? (Ro 9:22, 23). La palabra «soportó», enegken, claramente enseña que Dios por su propia voluntad eligió permitir el pecado para sacar bien de él.

La interpretación de José del pecado de sus hermanos, es una de las declaraciones más iluminantes en toda la Biblia sobre la voluntad permisiva de Dios. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador de toda la tierra de Egipto…. Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. (Gn 45:7, 8; 50:20).

Ahora bien, el asunto de la voluntad de Dios es tan amplio como específico, y eso genera conflictos en algunos.

La voluntad «general» de Dios se revela claramente en las Escrituras. Si deseamos conocer la voluntad general de Dios, debemos estudiar las Escrituras de forma sistemática, organizada. Algunas personas se preocupan por saber si están viviendo dentro de la voluntad de Dios. Si uno es un estudiante fiel de la Biblia y vive de acuerdo con la luz que ha recibido, estoy, en la práctica, viviendo dentro de la voluntad de Dios. La lectura bíblica regular desarrolla nuestro entendimiento de la voluntad general de Dios para nuestra vida. Su contenido se relaciona con la moral, la devoción, la alabanza, el servicio y la comunión.

Pablo cita en 1 Tesalonicenses, por ejemplo, una revelación inspirada que dicta la voluntad general de Dios para la moral cristiana: Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación que os apartéis de fornicación (1 Ts 4.3). En otras palabras, no hace falta preguntarle a Dios si uno puede ser infiel a su pacto matrimonial; la Biblia responde este tema en «general» y esta generalidad abarca todos los aspectos particulares de la fornicación.

Otro ejemplo: La voluntad general de Dios, como lo definen las Escrituras, responde de una vez y por todas, cuál debería ser la actitud del creyente con relación al gobierno instituido por los hombres: Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea el rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por El enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos (1 P 2.13–15).

Sin embargo, conociendo la voluntad general de Dios nos enfrentamos con casos que necesitan su dirección específica. La voluntad específica de Dios se refiere a nuestras decisiones y opciones, como a qué escuela ir, con quién casarse, qué profesión seguir, dónde vivir, en qué iglesia reunirse, qué personas tener como compañía cercana, qué aficiones tener si es que tiene alguna, qué servicio cristiano elegir, cuánto tiempo dedicarle a esa actividad, cuántos niños tener, cómo administrar el tiempo entre el trabajo, el hogar, la iglesia, la comunidad, etc. La voluntad específica de Dios se ilustra en este pasaje tomado de Romanos: Rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros (Ro 1.10).

Conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas es importante. El apóstol Pablo lo manifiesta claramente en Efesios 5.15–17: Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor. Si hemos de andar con diligencia, aprovechando bien el tiempo, es esencial que conozcamos la voluntad de Dios para nuestras vidas.

El conocimiento de la voluntad de Dios adquirió importancia para Pablo por el mensaje de Ananías, a quien Dios eligió para darle entendimiento a Pablo acerca de su milagrosa conversión y destino divino: Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca (Hch 22.14).

Es mucho más fácil descubrir la voluntad de Dios cuando vencemos la conformidad con los patrones del mundo: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Ro 12.2). Cuando nos entregamos de lleno a la consagración a Dios, caminando en el modelo de Jesús, ponemos en práctica la perfecta voluntad de Dios.

Cuando vivimos como siervos sinceros del Señor y no de los hombres, nos encontramos haciendo la voluntad del Señor, no por la fuerza, sino por amor: No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios (Ef 6.6).

Podemos ayudarnos unos a otros a conocer y obedecer la voluntad de Dios mediante la intercesión de los unos por los otros sobre este tema: Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual (Col 1.9).

ALGO MÁS SOBRE LA VOLUNTAD DE DIOS

A. El primerísimo paso esencial en el aprendizaje de la voluntad de Dios en cualquier situación es tener la disposición de hacer lo que Dios mande. Él no nos va a mostrar su voluntad para meditarla. Si uno no está dispuesto a hacer cualquier cosa que Dios mande, la búsqueda del conocimiento de su voluntad será un esfuerzo vano. Debemos orar: «Señor, muéstrame tu voluntad para que pueda hacerla», y nunca orar así: «Muéstrame tu voluntad para que la pueda considerar». La sumisión total es el primer paso hacia el descubrimiento del centro de la voluntad de Dios.

Jesús abundó acerca de este principio con los líderes religiosos de su época, quienes deliberaban sobre cuál era la voluntad de Dios. Él les declaró esta gran verdad: El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta (Jn 7.17). Al hablar de «doctrina» Jesús no se refiere a la teología formal, sino a Su enseñanza y estilo de vida: Su enseñanza y conducta eran la voluntad de Dios. Decía que sólo los que obedecen sus enseñanzas las entienden. Los fariseos no deseaban obedecer su verdad; por lo tanto, no la podían entender. No podían conocer la voluntad de Dios, porque no les interesaba obedecerla.

B. El Espíritu Santo es el guía fiel en la vida de los creyentes; sin embargo, habrá ocasiones en que parecerá que procedemos en base a «razonamiento santificado». Los cristianos maduros desarrollan sensibilidad e inteligencia espiritual y de ellas dependen para ser guiados hacia el centro de la voluntad del Señor. Pablo describe este razonamiento maduro así: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios (Flp 3.13–15). Vea cómo se combina la sabiduría del Espíritu Santo cuando se aplica al pensamiento lleno del Espíritu: pues ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias… (Hch 15. 28).

C. Otro par de instrumentos que nos ayudarán en la voluntad de Dios son la «experiencia» y la «circunstancia». Cuanto más experimentemos la voluntad de Dios en nuestra conducta o en nuestras decisiones, más fácil será encontrar la norma en la obra de Dios. Luego, en algunos casos, nuestras «circunstancias» indicarán la voluntad de Dios. Habrá momentos en que nuestras circunstancias se cerrarán de modo que sólo tenemos un camino a seguir. Si ese camino no esta fuera de la voluntad general de Dios, puede tener un grado elevado de seguridad de que ciertas circunstancias han sido ordenadas providencialmente por Dios.

D. Otra de las guías a la voluntad de Dios en algún tema es el consejo de otros creyentes.    Donde no hay dirección sabia, el pueblo cae; la seguridad está en los muchos consejeros…           Los pensamientos se frustran donde falta el consejo, pero se afirman con los muchos consejeros. Proverbios 11.14 y 15.22.

Si varias personas maduras con experiencia nos dan el mismo consejo en una situación que nos concierne, podemos estar bastante seguros de que el consejo es bueno. En la iglesia primitiva Dios revelaba a menudo su consejo mediante su cuerpo: La Iglesia. (Hch 13; 15).


Paz de Cristo!

ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor
Iglesia Pentecostal Unida de Colombia
Calle 30 # 22 61 Cañaveral, Floridablanca
Reuniones Martes, Jueves y Sábado 7 PM. Domingos 8 AM, 10 AM y 5 PM
Le esperamos!

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