viernes, 13 de diciembre de 2013

Transformados a su imagen

Transformados a su imagen

2 de Corintios 3.18

 

David K Bernard, Austin, Texas, noviembre de 2008

 

Vamos a 2 de Corintios. He estado predicando los últimos meses acerca de nuestra maravillosa y gloriosa salvación. Tal vez usted se haya dado cuenta o tal vez no; pero he estado hablando sobre cómo somos salvos y lo que ocurre cuando somos salvos. Lo que Dios hace en nuestras vidas.

 

2 de Corintios capítulo 3, verso 18. Quiero leer un versículo de las Escrituras allí y mencionar algunos de los versos del contexto. 2 de Corintios 3.18: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor".

 

La salvación es pasada, presente y futura

 

Lo que quiero enfatizar hoy es: la salvación no es solamente un acontecimiento aislado; sino que es un proceso. Es una experiencia; pero es más que una sola experiencia. A decir verdad, la salvación es pasada, presente y futura. Deberíamos poder mirar a un momento del pasado y decir: "Yo fui salvo. Esa fue la ocasión en que salí del pecado y salí del mundo. Y tuve un nuevo comienzo".

 

Pero si somos sinceros, reconoceremos que todavía luchamos con las cosas de esta vida, con este mundo, con la tentación y aun con el pecado. Así que necesitamos la obra permanente de Dios y a medida que el obra en nosotros, podemos contemplar y decir: "Soy salvo". Tiempo presente. "Estoy siendo salvado". Y también somos conscientes de que "todavía tengo un largo trayecto por recorrer para convertirme en lo que Dios quiere para mí. En realidad, todavía lucho con esta carne y con este cuerpo. Aunque soy salvo; todavía me enfermo, todavía soy tentado, todavía fallo y un día voy a morir, a menos que el arrebatamiento ocurra primero.

 

Así que mi esperanza no está puesta solamente en lo que ya ha ocurrido o lo que está ocurriendo en este momento; pero para lograr la salvación que me muestra la Palabra de Dios, todavía hay algo que falta por ocurrir. En ese sentido, yo seré salvo. Todavía no he llegado ahí".

 

De manera que es un proceso. Dios nos transforma cada vez más por su poder. Así que el testimonio que todos nosotros deberíamos estar en condiciones de dar es: "Gracias a Dios, no soy lo que solía ser. Hay una diferencia. Ya no hago las cosas que estaba acostumbrado a hacer. Mi carácter, mi personalidad, mis actividades, mis actitudes, mis pensamientos, mi comportamiento, mi forma de hablar, mi forma de vestir. Todo es diferente de lo que solía ser antes de conocer al Señor".

 

"Pero, gracias a Dios, todavía no soy lo que voy a llegar a ser. Todavía tengo errores, fracasos, luchas, deficiencia, frustraciones y debilidad; pero uno de estos días, Dios me va a liberar y me va a transformar a su perfecta semejanza".

 

"Gracias a Dios, no soy lo que antes era; pero, gracias a Dios, no soy lo que voy a ser. Lo mejor está por venir".

 

Santificación

 

De lo que estamos hablando, para usar un término importante en la versión King James y en la teología, es lo que se conoce como "la santificación". Es una palabra importante que, sencillamente, significa "separación". El término original implica que nos hemos separado del pasado, de la vida antigua, de la vida de pecado, del comportamiento y la filosofía del sistema de este mundo.

 

2 de Tesalonicenses capítulo 2. Creo que vale la pena mirarlo por un momento para analizar lo que este proceso implica. 2 de Tesalonicenses 2.13: "Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante LA SANTIFICACIÓN –ese término clave– por el Espíritu y la fe en la verdad, 14a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.

 

Si usted observa, aquí dice "santificación". Como ya dije, significa "separación del pecado", significa "aprender a andar en santidad", significa "transformación interna y externa". Empieza en el interior, porque si usted no cambia sus pensamientos y sus actitudes, realmente usted no tendrá éxito en ningún otro cambio. Pero tiene que extenderse hasta el exterior, porque si no hay una diferencia palpable; entonces, realmente, ¿dónde estaría el efecto? La santidad es tanto interna como externa.

 

Pero, observe en el pasaje que acabo de leer: "Dios nos ha llamado a esto". Este fue el plan de Dios desde el principio. No fue que nos despertamos un día y dijimos: "Necesito cambiar. Veamos, ¿qué puedo hacer? Voy a hacer esto y aquello y lo otro. Y voy a dejar de hacer esto y aquello y lo otro". No. Dios tenía un plan… Remontándonos al principio, cuando él creó a Adán y a Eva, él tenía un plan acerca de cómo quería que fueran los seres humanos. Incluso después de que el pecado echó a perder ese plan, Dios no estaba derrotado. Él tenía el proyecto del Calvario; él tenía el plan de venir en carne, como Jesucristo, el hijo de Dios. Él aún tenía un plan: De esta manera es como tienen que ser los seres humanos; así que quiero tener una iglesia que será moldeada a la imagen de mi Hijo, Jesucristo.

 

Así que la santificación es el plan de Dios. Es el llamado de Dios y es la obra de Dios en nosotros. Nosotros no iniciamos el proceso, nosotros no nos separamos del pecado por nuestra propia capacidad, nosotros no nos hacemos santos por nuestra propia capacidad; sino que Dios nos llamó a la santidad. Nosotros respondemos y él hace la obra en nosotros, que luego se manifiesta exteriormente en nuestras vidas.

 

Mediante la santificación por el Espíritu

 

Observe que es "mediante la santificación por el Espíritu". La santificación o este proceso de la salvación es sobre todo la obra del Espíritu Santo. Es Dios quien está obrando en nosotros, es Dios quien nos está transformando. Por eso es que es tan importante orar, estudiar la Palabra de Dios, venir a los cultos, adorar, tener comunión con la gente piadosa; porque no es por nuestras obras que somos transformados; sino que necesitamos entrar en la atmósfera donde Dios está obrando, necesitamos estar en el ambiente donde Dios se está moviendo, necesitamos ser saturados por el Espíritu.

 

Y necesitamos mucho del Espíritu para contrarrestar la mucha maldad de este mundo. Necesitamos una gran cantidad de influencia santa para contrarrestar la influencia mundanal que nos rodea diariamente. No podemos esperar una sociedad moral, no podemos esperar una enseñanza piadosa en el sistema educativo, no podemos esperar un ambiente santo en el trabajo. Debemos tener la santificación por el Espíritu.

 

Es por eso que Hebreos 10.25 dice que no debemos dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; sino que necesitamos reunirnos aun más cuanto vemos acercarse el día del Señor. Mientras que la maldad se vuelve más y más abundante en nuestro mundo tanto más necesitamos la influencia piadosa en nuestras vidas. "La santificación por el Espíritu".

 

Y la fe en la verdad

 

Observe que nosotros respondemos al llamado de Dios mediante la fe, porque dice: "La santificación por el Espíritu Y LA FE EN LA VERDAD". Así que Dios llama y nosotros creemos. Y dice Pablo: "Mediante nuestro evangelio". Nosotros creemos al evangelio. Y gracias a que respondemos con fe, el Espíritu de Dios puede empezar a obrar en nosotros.

 

Ahora, hay un primer momento de santificación. Cuando usted se arrepiente de sus pecados, usted está respondiendo al llamado de Dios. Usted es bautizado en el nombre de Jesús y sus pecados pasados son quitados y usted adquiere una nueva identidad. Usted recibe el Espíritu Santo y ahora usted tiene poder de parte de Dios que no tenía antes.

 

Santificación instantánea

 

Justo en ese momento hay una santificación o separación instantánea. Usted puede establecer una línea divisoria. Ahora, aunque usted haya llegado a ese momento con un estilo de vida mundano, pensamientos mundanos, vestido mundano… No todo cambia de forma inmediata en la apariencia externa. –Puede ser que usted todavía tenga que mejorar su forma de hablar. Recuerdo que bauticé a alguien en el nombre de Jesús y cometí el error de pedirle que testificara inmediatamente después de su bautismo. Y esa persona dijo: "Gloria al Señor. Esta es la cosa más… –una palabra vulgar– que me ha ocurrido en la vida". Casi que lo meto al agua otra vez, para asegurarme de que fuera efectivo. Algunas damas han venido y me han solicitado que si puedo mantener un poco más de tiempo sumergidos a sus maridos –en el momento del bautismo–, que en verdad lo necesitan.

 

Así que el solo hecho de que la experiencia del nuevo nacimiento haya tenido lugar no significa que nosotros automáticamente entendemos: "Bien, hay una nueva forma de hablar, hay una nueva forma de manejar el dinero, hay una nueva forma de vestir, hay una nueva forma de abordar el entretenimiento y clasificar lo que entra a nuestros ojos y a nuestros oídos, etc". No siempre comprendemos eso de forma inmediata. Pero en ese momento, nacemos de nuevo, como bebés. Si el Señor viniera o esa persona muriera, yo creo que se iría al cielo, en ese momento, como un bebé en Cristo.

 

De manera que hay una santificación inicial; pero hay una gran parte del proceso que viene a continuación. Ahora, dije que hay una etapa inicial… He utilizado este verso en días anteriores: 1 de Corintios 6.11. Se refiere a gente que había experimentado toda clase de pecados en sus vidas. "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados –ahí aparece el término. 'Ustedes han sido separados'–, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios". 

 

Así que cuando usted es bautizado en el nombre de Jesús, cuando usted recibe el Espíritu Santo, en ese momento, usted es inmediatamente separado del pecado. Su identidad cambia. Usted ya no es más un pecador esclavizado por el mundo; sino que es un santo que pertenece a Jesucristo.

 

Santificación progresiva

 

Pero no se detenga allí. La justificación puede ser una experiencia única, en un momento determinado, en el sentido de que usted es considerado como justo ante los ojos de Dios. Un cambio de categoría. Pero la santificación es progresiva. Usted es un santo; pero usted es llamado a ser santo. La palabra santo significa "uno que es separado". En ese momento usted es un hijo de Dios, un miembro de la iglesia de Dios. Separado de su antigua identidad; pero usted debe avanzar en esa senda.

 

Usted es un santo; pero es llamado a ser un santo. Y estoy citando 1 de Corintios 1.2.

 

La santidad no consiste en hacernos santos a nosotros mismos; sino en someternos a Dios, para que él haga la obra

 

Es un proceso que consiste en participar de la santidad de él, como dice Hebreos 12.10. No es el proceso de hacernos santos a nosotros mismos: "Oh, tengo que lavarme a mí mismo". El asunto es que usted tiene que someterse a Dios y permitir que Dios lo limpie.

 

Claro que usted tiene que participar. Usted puede aceptar o rechazar la obra progresiva de Dios. Pero la buena noticia es que esto no consiste en que usted tiene que limpiarse a usted mismo; sino en que usted se somete a Dios día tras día: asistiendo a la iglesia; escuchando la Palabra de Dios, que nos lleva a decir: "Oh, no. No me había dado cuenta de que estaba viviendo de una forma mundana", "no me había dado cuenta de que estaba obrando de una manera pecaminosa". Pero la Palabra de Dios obra en usted y el Espíritu de Dios obra en usted y lo transforma en una nueva persona.

 

Mirando a cara descubierta como en un espejo

 

Ahora, el texto base que leí, 2 de Corintios 3.18. Espero poder resaltar todo el valor de este pasaje. Es poderoso. Si tan solo logramos entender lo que quiere decirnos. En 2 de Corintios 3.18 dice: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta…". Ahora, si usted lee todo el pasaje… No tengo el tiempo para hacerlo. El apóstol está hablando de cómo en el Antiguo Testamento, había un velo que cubría el rostro de Moisés, cuando descendió del monte Sinaí, donde estaba recibiendo la ley. Su rostro brillaba en extremo, de tal forma que tuvo que ponerse un velo en la cara, de tal forma que el pueblo no podía contemplar de forma directa la gloria de Dios. Por consiguiente, Pablo dice: "Eso mismo está ocurriendo en el presente". Se refiere a la gente que no conoce a Jesucristo. Todavía están mirando a través de un velo al tratar de comprender a Dios. Pero, ahora, bajo el Nuevo Pacto, ese velo es arrancado. Y ahora vemos a Jesucristo como Dios manifestado en carne. Usted puede tener una relación directa y personal con Dios. Usted puede ser rodeado por la gloria de Dios; es más, usted puede ser lleno de la gloria de Dios.

 

Así que usted y yo tenemos un privilegio que nunca tuvieron las generaciones pasadas, antes de la venida de Cristo y del derramamiento del Espíritu Santo: tenemos acceso directo al trono de Dios y él puede transformarnos.

 

Así que dice el versículo que es como mirar en un espejo. Ahora, todos estamos acostumbrados a hacerlo, algunos más que otros. Pero cuando miramos en un espejo, vemos exactamente nuestra apariencia. No la que creemos tener. Yo me considero a mí mismo bastante joven. Pienso joven, actuó joven. Me veo en el espejo: no parezco tan joven. El espejo me muestra la verdad; no lo que yo quiero ver. Y si mi cabello está desarreglado y tal vez no me he dado cuenta, no me preocupo; pero cuando me miro en el espejo: "Oh, qué mal". Así que, ¿qué hace usted…? ¿Para qué se mira en el espejo? Idealmente, para corregir las cosas. ¿No es así? Se espera que usted no se mire al espejo para admirarse; sino que usted se mira al espejo para ver si está bien y hacer las correcciones necesarias.

 

Así que esta obra del Espíritu es como mirarse al espejo; sin velo, sin tapaojos, sin nada que oculte la verdad. Y usted ve en la Palabra lo que se supone que tiene que ver en comparación… lo que se supone que usted tiene que ser comparado con lo que usted es y usted puede ser transformado cada vez más. Es como… Lyndsey[1] no está aquí para corroborar esto. Está fuera de la ciudad, en un viaje de la iglesia. Pero cuando yo me afeito, me gusta estirar el rostro lo más que se pueda, para tener la mejor afeitada. Así que estiro mi cuello, estiro mi mejilla, trato de darle forma con mi lengua. Y a Lyndsey le parecen lo más divertidos estos gestos: "¿Por qué haces así?". Bueno, solo estoy tratando de conseguir una afeitada lo más al ras posible. Así que me someto a todas estas muecas y giros; pero el resultado final es idealmente algo que luzca mejor.

 

Bien, cuando  usted se mira en el espejo de la Palabra de Dios, tal vez hay bastantes ajustes que parecen un poco extraños y se sienten un poco graciosos. No es a lo que usted está acostumbrado; pero está la expectativa de que usted está permitiendo que el Señor obre en su vida, de manera que el resultado final es lo que él quiere que sea.

 

La gloria del Señor

 

Y, observe… Este versículo tiene muchas riquezas. "mirando a cara descubierta como en un espejo LA GLORIA DEL SEÑOR". Así que la gloria del Señor es la presencia manifiesta de Dios. Cuando usted mira en su Palabra y cuando usted tiene una relación con Jesucristo, cuando usted está lleno del Espíritu Santo, usted tiene la gloria manifiesta de Dios. La gloria que Moisés encontró en el tabernáculo y en la cumbre del monte Sinaí. Tenemos el privilegio de participar de esa gloria.

 

En la misma imagen

 

Vemos la imagen de Dios, somos transformados a esa imagen. Esa imagen es Jesucristo. Él es el ejemplo perfecto de lo que se supone que un hombre debe ser. Un humano sin pecado. Él es Dios manifestado en carne. La verdad es que él revela a Dios, él es la imagen de Dios para nosotros. Así que estamos siendo moldeados a la imagen de Dios.

 

 

Somos transformados

 

Observe que dice en inglés: "Somos CAMBIADOS". Proviene del griego metamorfóo, del que, en inglés, tenemos la palabra metamorfosis. Y eso trae a mi mente… –lo sabemos de la biología de la primaria–. La metamorfosis se refiere al animal que, por completo, transforma su identidad. Es el mismo animal, la misma especie, antes y después. Pero si usted lo conociera, nunca entendería como el renacuajo se convierte en rana, como la oruga se convierte en mariposa. Quién… Yo no sé quién fue la primera persona que, realmente, se dio cuenta de que la mariposa y la oruga eran el mismo animal. No hay manera en que usted pueda comprenderlo; a menos que usted se siente allí y observe el proceso. Pero esa oruga se mete en el capullo y lentamente es transformada y afuera aparece una mariposa. La oruga se arrastra en la tierra, mientras que la mariposa vuela; la oruga come… vaya usted a saber qué, mientras que la mariposa succiona el néctar de las flores; la oruga es fea, u horrible o atemorizante, pero la mariposa es hermosa y elegante. Es una transformación total. Es el mismo animal; aunque transformado totalmente, con una nueva naturaleza. No solo una transformación paso a paso; sino una transformación progresiva que está concluida, que modifica incluso el carácter o naturaleza. Una transformación radical.

 

Esa es nuestra expectativa en Cristo. No es: "Estoy logrando un poquito aquí, un poquito allá; estoy utilizando algunas auto disciplinas; estoy reformando mis acciones". No. Estamos hablando de algo más grande que lo que usted podría lograr en un millón de años, por sus propósitos y por su capacidad. Pero estamos hablando de que Dios interviene y toma el control y lo transforma a usted, dándole una nueva identidad. Antes usted se arrastraba, ahora vuela; antes usted se movía atado a la tierra y a su fuerza de gravedad, ahora usted vuela y va siempre a donde Dios quiere, y usted es libre, y usted ha sido salvado y es una vida maravillosa.

 

"Somos transformados". Es una manifestación interna. Un acto, una obra internos; pero que, sin duda, tiene manifestaciones exteriores. La oruga… Es algo que sucede en el interior, de tal manera que nosotros no lo comprendemos plenamente; pero, desde luego, podemos ver las diferencias. Usted no tiene que suponer: "¿Es esa una oruga que ahora está convertida en mariposa?" "¿Te has transformado?". Nadie tiene que preguntárselo. Es obvio, es evidente. A decir verdad, es tan asombroso que usted dice: "¿Esa era una oruga? Increíble".

Yo espero que un día de estos, alguien va a contemplarnos y a exclamar: "¿Quiere decir que esa persona era un mentiroso, un ladrón, un estafador, un drogadicto, un adúltero?" "¿Quiere decir que esa persona era un pecador, que esa persona estaba siguiendo al diablo? Increíble". Es un santo, es un hijo de Dios, refleja algo glorioso, está lleno de la gloria de Dios". Esa es nuestra esperanza, ese es nuestro destino, ese es nuestro futuro en Cristo.

 

De gloria en gloria

 

¿Sabe?, "somos transformados de gloria en gloria". Sí, tenemos pruebas; sí, tenemos altibajos; pero no se enfoque en las luchas, enfóquese en lo que está ocurriendo: la gloria. Cuando, al principio, usted oyó el evangelio y su corazón fue tocado; por primera vez, sintió la presencia de Dios. Eso fue glorioso. Cuando usted fue bautizado en el nombre de Jesús, fue algo distinto a todo lo demás que usted jamás había recibido. Fue glorioso. Cuando recibió el Espíritu Santo, fue algo glorioso. Cuando usted consagró su vida a Dios para servirle, en ese culto misionero. Eso fue glorioso. Cuando Dios ha contestado sus oraciones, eso ha sido glorioso. Cuando Dios ha provisto para sus necesidades, eso ha sido glorioso. Cuando Dios lo ha usado a usted para orar por alguien y ha recibido el Espíritu Santo, eso ha sido glorioso. Cuando Dios habló a su corazón, y usted identificó por primera vez que Dios le estaba dando pautas de acción, y usted las puso en práctica, y el resultado fue exitoso. Eso fue glorioso.

 

No mire los problemas; mire lo que Dios está haciendo. Él lo está transformando a usted de gloria, en gloria, en gloria, en gloria; y un día, en gloria eterna.

 

Si somos santificados, Dios nos visitará y hará maravillas entre nosotros

 

Cuando Israel pecó, en Éxodo. Dios había dado los Diez Mandamientos, y ellos los quebrantaron todos. Se entregaron a la adoración de los ídolos. Y Dios no los exterminó, gracias a que la oración intercesora de Moisés los libró. Y Dios le dio un mensaje a Moisés. Éxodo 19. "Dile al pueblo que se santifique, que se separen". "Laven sus vestidos, despójense de sus joyas. Alístense, límpiense, purifíquense. Sepárense de forma visible, y yo descenderé y los visitaré".

Luego, en Josué 3.5, cuando Israel llegó a la tierra de Canaán. Se estaban preparando para conquistar la tierra que Dios les había dado para heredar las promesas. Josué les dio otro mensaje de parte de Dios: "Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros". Lo que él les dijo fue: "Sepárense, de tal forma que Dios pueda hacer cosas poderosas".

 

¿Sabe?, Dios nos atrae hacia él; pero nosotros debemos responder. Nuestra respuesta es necesaria; pero no suficiente. Sin la obra de Dios, realmente, nada sucedería. El privilegio que tenemos por encima de la gente del Antiguo Testamento consiste en que cuando Dios dice: "Santifíquense", no se refiere a que nosotros simplemente hagamos lo mejor que podamos; sino que nos sometamos a Dios Y DIOS HAGA ESA OBRA INTERIOR, QUE TIENE MANIFESTACIONES EXTERNAS.

 

Pero el principio es el mismo: Si nos santificamos, el Señor nos visitará; si nos santificamos, el Señor hará maravillas entre nosotros; si nos santificamos, que realmente no es otra cosa que responder al llamado de Dios y dejar que Dios obre en nosotros, entonces, podemos esperar milagros en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestras iglesias.

 

¡Qué promesa tan maravillosa! Podemos ser transformados a la misma imagen de Dios, podemos llegar a ser como Jesucristo. Ese poder milagroso está aquí, hoy; pero tenemos que responder. Si respondemos, Dios hará la obra.

 

"Santifíquense", dice él. "Sepárense; y, entonces, yo vendré y, efectivamente, haré la obra y los transformaré de un renacuajo, de una oruga en lo que realmente quiero que sean".

 

Somos santos en proceso. Estamos siendo hechos conformes a la imagen de Jesucristo; pero tenemos que responder al llamado. Dios puede hacer una obra. No importa qué tan grave sea su situación, Dios es muy capaz de hacer esa obra especial; pero él está esperando nuestra respuesta.

 

¿Cómo responde usted? Mostrando fe en la Palabra de Dios. Creyendo al evangelio, arrepintiéndose de sus pecados, siendo bautizado en el nombre de Jesús. Si usted nunca ha aceptado el nombre de Jesús, en las aguas del bautismo, usted necesita hacerlo. Incluso, si usted sido bautizado de alguna otra manera. Hay una gran cantidad de personas que pueden testificarle: "Bien, yo había sido bautizado de acuerdo a lo que me habían enseñado y  me habían dicho; pero cuando fui bautizado en el nombre de Jesús, sentí la diferencia, sentí la limpieza, sentí el poder, sentí la intervención de Dios, que me decía: "Te estoy separando".

 

Si nunca ha recibido el regalo del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, hablando en otras lenguas. Esa experiencia lo separara, lo transformará; usted verá la gloria y eso es solo el comienzo. Usted será transformado de gloria, en gloria, en gloria. Amén.

 

 

 

 

 

 



[1] El hijo menor de Bernard



Muchas gracias.

Paz de Cristo!



ADONAY ROJAS ORTIZ
Pastor




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