Bautismo
Bautismo y Salvación
Un Análisis Exegético de su Relación Indispensable
Introducción: La Cuestión Fundamental
El presente estudio aborda una de las cuestiones soteriológicas más cruciales del Nuevo Testamento: la relación entre el bautismo y la salvación. Lejos de ser un rito opcional o meramente simbólico, un análisis riguroso de los textos bíblicos revela el bautismo como una condición divinamente establecida e indispensable en el proceso de la salvación. Esta aplicación interactiva explora los pilares exegéticos que fundamentan esta doctrina, invitando al estudiante de las Escrituras a examinar la evidencia tal como fue presentada por Cristo y sus apóstoles.
La Gran Comisión: Una Secuencia Inalterable
El punto de partida ineludible es el mandato de Jesucristo mismo, registrado en el Evangelio de Marcos. Aquí, el Señor no presenta dos ideas separadas, sino una proposición condicional unificada. La estructura gramatical es precisa y su orden, teológicamente significativo. No se contempla la salvación para el creyente que omite el bautismo.
"El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea, será condenado."- Marcos 16:16
Análisis de la secuencia salvífica:
Nótese que la condenación se vincula únicamente a la incredulidad porque esta es la raíz que impide dar el siguiente paso ordenado por Cristo: el bautismo. El que no cree, naturalmente, no se bautizará. Sin embargo, para el que cree, el bautismo es el paso consecuente y necesario para completar la condición de la salvación.
La Tipología del Diluvio: Salvación a Través del Agua
El apóstol Pedro ofrece una de las analogías más poderosas, conectando el bautismo con el evento del diluvio. El arca de Noé, un instrumento de salvación, fue levantada y llevada a la seguridad precisamente por el agua que juzgó al mundo. Pedro declara que este evento es un "tipo" o prefiguración del bautismo, el cual ahora nos salva.
"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) mediante la resurrección de Jesucristo."- 1 Pedro 3:21
TIPO: El Diluvio
- Un mundo corrompido destinado al juicio.
- El agua actúa como agente de juicio y destrucción.
- Ocho personas se salvan a través del agua (δι᾽ ὕδατος) al estar dentro del arca.
- El arca es el único medio de salvación provisto por Dios.
ANTITIPO: El Bautismo
- Una humanidad pecadora bajo condenación.
- El agua del bautismo simboliza la sepultura del viejo hombre.
- El creyente es salvado a través del bautismo, que es la respuesta de fe.
- La obediencia a Cristo en el bautismo es el medio de salvación que nos une a Su muerte y resurrección.
Pedro aclara que su poder no es meramente físico ("no quitando las inmundicias de la carne"), sino espiritual: es la respuesta de una conciencia que apela a Dios por limpieza, una limpieza que se hace efectiva en el acto del bautismo por la autoridad de la resurrección de Cristo.
El Instrumento para el Perdón de los Pecados
El Nuevo Testamento vincula consistentemente el bautismo con el perdón de los pecados, que es un componente esencial de la salvación. Sin remisión de pecados, no hay reconciliación con Dios. Los siguientes pasajes establecen esta conexión de forma explícita e inequívoca.
Hechos 2:38 - El Sermón de Pentecostés
+"Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..."
La preposición griega "eis" (para) indica propósito y dirección. El bautismo no es una celebración de un perdón ya recibido, sino el medio divinamente señalado para recibir dicho perdón, posterior al arrepentimiento.
Hechos 22:16 - La Conversión de Saulo
+"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre."
A pesar de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco y de haber sido un creyente arrepentido por tres días, los pecados de Saulo (Pablo) aún no habían sido lavados. Ananías le ordena ser bautizado para que este lavamiento ocurra.
Marcos 1:4 - El Bautismo de Juan
+"Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados."
Incluso el bautismo precursor de Juan, que preparaba el camino para Cristo, estaba intrínsecamente ligado al concepto de "perdón de pecados". El bautismo cristiano, superior al de Juan, lleva esta realidad a su pleno cumplimiento en el nombre de Jesús.
La Exhortación Apostólica: "Sed Salvos"
El clímax del primer sermón del evangelio en Hechos 2 no es solo una explicación teológica, sino una exhortación urgente a la acción. La respuesta a la pregunta "¿qué haremos?" fue "Arrepentíos y bautícese". La narrativa confirma que la salvación estaba ligada a esta obediencia.
"Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas."- Hechos 2:40-41
Análisis de la Conexión Causal:
- La Exhortación: "Sed salvos". Este es el objetivo final presentado a la multitud.
- La Condición: Pedro ya había establecido el arrepentimiento y el bautismo como la respuesta requerida (v. 38).
- La Reacción: "Los que recibieron su palabra..." (es decir, aceptaron la exhortación y sus condiciones).
- La Acción Consecuente: "...fueron bautizados".
La secuencia es clara: la salvación fue ofrecida, y aquellos que la aceptaron lo demostraron y la hicieron efectiva a través del bautismo. La adición de las 3,000 almas a la iglesia se registra después de su bautismo, no antes.
miércoles, 20 de junio de 2007
Jesús en el libro de Génesis Parte 1
en el libro de génesis
-alegoricemos un poco-
1. EL PRINCIPIO:
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Gn 1: 1
En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Este estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Juan 1: 1 -3
Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia, y es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia Col 1: 18
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida —pues la vida fue manifestada y la hemos visto, y testificamos y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó— 1 Juan 1: 1 y 2
«Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin», dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso Apocalipsis 1. 8
»Escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: »“El Amén, el testigo fiel y verdadero, el Principio de la creación de Dios, dice esto. Apocalipsis 3: 14
Y me dijo: «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida. Apocalipsis 21: 6
Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Apocalipsis 22: 13
2. EL ESPÍRITU DE DIOS:
La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Génesis 1: 2
Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían tras ellos. 1 Pedro 1 : 10 y 11
Dios es Espíritu. Juan 4: 24
El Señor es el Espíritu. 2 Corintios 3: 17
un solo cuerpo y un solo Espíritu. Efesios 4: 4
3. LA PALABRA DE DIOS:
Dijo Dios. Génesis 1: 2
Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos; y todo el ejército de ellos, por el aliento de su boca. Salmo 33: 6
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié. Isaías 55. 10 y 11
Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Hebreos 11: 3
En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla…
Aquel que es la Palabra estaba en el mundo; y, aunque Dios hizo el mundo por medio de él, los que son del mundo no lo reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron. Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.
Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad.
Juan 1: 1 -5 y 10 -14 DHH
en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Colosenses 1: 16
Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida —pues la vida fue manifestada y la hemos visto, y testificamos y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó— 1 Juan 1: 1 y 2
4. LA LUZ:
«Sea la luz» Génesis 1: 3
porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz. Salmo 36: 9
Él revela lo profundo y lo escondido, conoce lo que está en tinieblas y con él mora la luz. Daniel 2: 22
Yo, Jehová, te he llamado en justicia y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos y de casas de prisión a los que moran en tinieblas. Isaías 42: 6 y 7
¡Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti! Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová y sobre ti será vista su gloria. Andarán las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu amanecer. Isaías 60: 1 y 2
Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado, porque irás delante de la presencia del Señor para preparar sus caminos, para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz. Lucas 1: 76 -79
Mas para vosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación. Saldréis y saltaréis como becerros de la manada. Malaquías 4: 2
Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra, porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Lucas 2: 29 -32
El pueblo que habitaba en tinieblas vio gran luz, y a los que habitaban en región de sombra de muerte, luz les resplandeció. Mateo 4: 16
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron.
Hubo un hombre enviado por Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino un testigo de la luz. La luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo. Juan 1. 4 -8
Y esta es la condenación: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas, pues todo aquel que hace lo malo detesta la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean puestas al descubierto. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Juan 3: 19 -21
Otra vez Jesús les habló, diciendo: —Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8: 12
Mientras estoy en el mundo, luz soy del mundo. Juan 9: 5
Entonces Jesús les dijo: —Aún por un poco de tiempo la luz está entre vosotros; andad entretanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas, porque el que anda en tinieblas no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Juan 12: 35 y 36
Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Juan 12: 46
por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. 2 Timoteo 1: 10
Este es el mensaje que hemos oído de él y os anunciamos: Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él. 1 Juan 1: 5
Allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos. Apocalipsis 22: 5
lunes, 18 de junio de 2007
Algunos aspectos importantes a considerar sobre la justificación. III
Es importante que entendamos la atribución de la justicia de Dios[1], tanto los principios sobre los cuales Dios condena al pecador como los principios sobre los cuales Dios salva al cristiano.
Vamos despacio:
1. El hecho de la atribución es resaltado cuando Dios por causa del pecado de Adán le atribuye a toda la raza humana el título de pecador; en efecto todos los hombres son considerados pecadores por Dios [2]. Ante él todos prevaricamos en aquel que era el progenitor y responsable de todos nosotros, Adán.
Esto se desarrolla más aún en el hecho de que el pecado del hombre fue atribuido a Cristo cuando Él se ofreció como ofrenda por el pecado del mundo [3]. Así también la justicia de Dios es atribuida a todos los que creen, para que ellos puedan permanecer delante de Dios en toda la perfección de Jesucristo. Por causa de esta provisión se puede decir de todos los que son salvos en Cristo que ellos son hechos justicia de Dios en Él [4]. Siendo que esta justicia es de Dios y no del hombre y que, según lo afirma la Escritura, ella existe independiente de toda obra u observancia de algún precepto legal, es obvio que esta justicia atribuida no es algo que el hombre pueda efectuar. El que una persona haya sido buena no aumenta la justicia que Dios le atribuye, ni si ha sido mala disminuye la justicia atribuida por Dios a él. Sólo hay que creer en aquel que justifica a quien es de la fe de Jesús[5].
2. Los resultados de la atribución se ven en que la justicia de Dios es atribuida al creyente sobre la base de que el creyente está en Cristo por medio del bautismo. A través de esa unión vital con Cristo por el Espíritu el creyente queda unido a Jesucristo como un miembro de su cuerpo [6], y como un pámpano a la Vid verdadera [7].
El creyente es constituido justo en virtud de su posición en Cristo. Por causa de la realidad de esta unión Dios ve al creyente como una parte viviente de su propio Hijo. Por lo tanto, Él ama al creyente tanto como ama a su propio Hijo [8], y considera que el creyente es lo que su propio Hijo es: la justicia de Dios [9]. Cristo es la justicia de Dios; por consiguiente, aquellos que son salvos son hechos justicia de Dios por estar en Él. En este orden de ideas nosotros estamos completos en Él [10] y somos hechos perfectos en Él para siempre [11].
3. En las Escrituras se nos dan muchas ilustraciones de la atribución.
Dios proveyó túnicas de pieles para Adán y Eva y para obtenerlas fue necesario el derramar sangre [12], es decir Dios le atribuyó a los inocentes animales la culpa del hombre y al hombre le atribuyó la inocencia de los animales que fueron desnudados para que con su vestido se vistieran Adán y Eva.
A Abraham le fue atribuida justicia por haber creído a Dios [13], y así como los sacerdotes del tiempo antiguo se debían vestir de justicia [14], así el creyente es cubierto con el manto de la justicia de Dios. [15]
La actitud del apóstol Pablo hacia Flemón es una ilustración tanto del mérito como del demérito atribuido a otro. Refiriéndose al esclavo Onésimo, dice el apóstol: < (atribución de mérito). Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta (la atribución de demérito)>> 16]
4. Esta atribución de la justicia divina afecta la posición –justificación instantánea- y no el estado –santificación progresiva-. Existe, por lo tanto, una justicia de Dios, que nada tiene que ver con las obras humanas, que está en y sobre aquel que cree [17]. Esta es la posición de todos los que son salvos. Pero en su vida diaria, o estado, aún los creyentes se hallan lejos de ser perfectos, y es en este aspecto de su relación con Dios en el que se debe
5. La justicia atribuida es la base de la justificación. De acuerdo a su uso en el Nuevo Testamento, las palabras <> y <> vienen de la misma raíz. Dios declara justificado para siempre a aquel que Él ve en Cristo. Este es un decreto objetivo, ya que la persona justificada está vestida de la justicia de Dios. La justificación no es una ficción o un estado emotivo; sino más bien una consideración voluntaria en la mente de Dios. Al igual que la justicia imputada, la justificación es por fe [19], por medio de la gracia [20], y se hace posible a través de la muerte y resurrección de Cristo [21]. La justificación es permanente e inmutable, siempre que se permanezca en Cristo pues descansa solamente en los méritos del Hijo de Dios.
La justificación es más que el perdón, porque el perdón es la cancelación de la deuda del pecado, mientras que la justificación es la atribución de justicia. El perdón es negativo (supresión de la condenación), en tanto que la justificación es positiva (otorgamiento del mérito y posición de Jesucristo).
--------------------------------------------------------------------------------
[1]David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras Romanos 4: 6
[2]Romanos 5: 12 -21
[3]2 Corintios 5: 21
[4]1 Corintios 1: 30
[5]Romanos 3: 26
[6]1 Corintios 12: 13
[7]Juan 15: 5
[8]Efesios 1: 6
[9]2 Corintios 5: 21
[10]Colosenses 2: 10
[11]Hebreos 10: 14
[12]Génesis 3: 21
[13]Génesis 15: 6; Romanos 4: 9 -22;
[14]Salmo 132: 9
[15]Isaías 61: 10
[16]Filemón 17 y 18
[17]Romanos 3: 22
[18]2 Pedro 3: 18
[19]Romanos 5: 1
[20]Tito 3: 4 -7
[21]Romanos 3: 24 y 4: 25
sábado, 16 de junio de 2007
Algunos aspectos importantes sobre la justificación II
A. LA AUTOJUSTICIA DEL HOMBRE[1]
En completa armonía con la revelación de que Dios es justo tenemos la correspondiente declaración que ante la mirada de Dios la justicia del hombre, que ha olvidado la justicia de Dios y ha querido establecer la suya propia[2], esta resulta ser es como trapo de inmundicia[3]. Aunque el estado pecaminoso del hombre se revela constantemente a través de las Escrituras, no hay descripción más completa y final que la que se encuentra en el capítulo tres de la carta a los romanos[4]; y debe notarse que, como en el caso de otras evaluaciones bíblicas del pecado, tenemos aquí una descripción del pecado como Dios lo ve.
Las normas que los hombres han establecido para vivir en familia y en sociedad no son la base sobre la cual han de ser juzgados delante de Dios. En su relación con Dios los hombres no son sabios comparándose consigo mismos[5]. Porque no están perdidos solamente aquellos que la sociedad condena, incluso algunos de ellos son salvos, sino que los que realmente están condenados por la inalterable justicia de Dios[6].
Por lo tanto, no hay esperanza alguna fuera de la gracia divina; porque nadie puede entrar en la gloria del cielo si no es aceptado por Dios como lo es Cristo. Para esta necesidad apremiante del hombre Dios ha hecho una provisión abundante.
jueves, 14 de junio de 2007
Algunos aspectos importantes a considerar sobre la justificación I
Algunos aspectos importantes a considerar sobre la justificación.
"Mas al que no hace obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia." -Romanos 4:5.
La Biblia hace énfasis en una diferencia trascendental entre Dios y el hombre, y es que Dios es justo[1], mientras que, el cargo fundamental hecho a los seres humanos es que no hay justo, ni aun uno[2]. Pero en este mismo orden de ideas, una de las glorias de la gracia divina es el hecho de que una justicia perfecta, semejante a la blanca e inmaculada vestidura de una novia, ha sido provista en Cristo y es gratuitamente concedida a todos los que creen en El[3].
¿De qué manera podrá justificarse el pecador delante de Dios?[4] Este es el asunto que nos compete resolver hoy y es de trascendental importancia. En él radica el cimiento de toda nuestra esperanza, puesto que mientras que estemos en enemistad con Dios, no puede haber paz verdadera ni gozo perdurable, en esta vida ni en la eternidad.
La doctrina de la justificación afirma que nuestra posición de justos ante los ojos de Dios es algo que se nos regala, no algo que hemos de conseguir por nuestros méritos.
A. DIOS ES JUSTO
Esta justicia de Dios es invariable e inmutable. Él es infinitamente justo en su propio Ser e infinitamente justo en todos sus caminos.
Dios es justo en su Ser: Es imposible que Él se desvíe de su propia justicia, ni siquiera hay en él sombra de variación[5]. Dios no puede mirar el pecado con el mínimo grado de tolerancia. Por consiguiente, puesto que todos los hombres son pecadores, tanto por naturaleza como por práctica, el justo juicio divino ha venido sobre todos ellos para condenación[6]. La aceptación de esta verdad es de gran importancia para llegar a un correcto entendimiento del evangelio de la gracia de Dios.
Dios es justo en sus caminos: Debe también reconocerse que Dios es incapaz de considerar con ligereza o con algún grado de superficialidad el pecado, o de perdonarlo en un acto de flojedad o debilidad moral. La gloria del evangelio no radica en que Dios haya tratado con suavidad o blandura el pecado; sino más bien en el hecho de que todos los juicios que la infinita justicia tenía necesariamente que imponer sobre el culpable, el Cordero de Dios los sufrió en nuestro lugar, y que este plan que procede de la mente misma de Dios es, de acuerdo a las normas de su justicia divina, suficiente para la salvación de todo el que cree en Él[7].
Por medio de este plan Dios puede satisfacer su amor salvando al pecador sin quebranto de su justicia inmutable; y el pecador, que en sí mismo está sin ninguna esperanza, puede verse libre de toda condenación creyendo en Jesús[8].
Dios manifestó Su voluntad al hombre en estado de inocencia de una forma apropiada a su condición[9] y, después de la Caída, no le dejó sin testimonio, sino que le habló por medio de la naturaleza y de la conciencia, siendo ésta la voz interna que acusa o excusa los actos del hombre[10].
Pero la plena manifestación de la voluntad de Dios para con los hombres fue dada en el Sinaí, donde Dios enunció los diez mandamientos, y luego instruyó a Moisés con otros muchos preceptos complementarios. La Ley representa lo que Dios, en justicia, requiere de los hombres en las circunstancias reales de la vida, y el mandamiento es siempre santo y justo y bueno[11].
Pero, bajo repetidas pruebas, se demostró que el hombre era incapaz de cumplir la justicia exigida por Dios, ya que su naturaleza pecaminosa siempre le arrastraba a la desobediencia. Una ley quebrantada no puede salvar a nadie, sino que condena inflexiblemente al infractor de ella. El que no la cumple, muere.
Cuando Moisés, al ver que Israel había quebrantado la Ley en todos sus capítulos antes de recibirla en forma escrita, quebró las tablas de piedra al pie del Sinaí[12], y con esto dio a entender, en forma simbólica, el fracaso del hombre ante las santas exigencias de la Ley divina[13].
[1] Salmo 119: 137; Juan 17: 25; Romanos 3: 26; 2 Timoteo 4: 8; 1 Juan 1: 9 y 2: 1
[2] Romanos 3: 10
[3] Romanos 3: 22
[4] ¿Cómo, pues, se justificará el hombre delante de Dios? ¿Cómo será puro el que nace de mujer? Si ni aun la misma luna es resplandeciente ni las estrellas son puras delante de sus ojos, ¿cuánto menos el hombre, ese gusano, ese gusano que es el hijo de hombre? Job 25: 4 -6
[5] Santiago 1: 17
[6] Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios Romanos 2: 5
[7] Juan 3: 16 -18; 5: 24
[8] Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús Romanos 8: 1
[9] Génesis 2: 16 y 17
[10] Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos Romanos 2: 14 y 15
[11] Romanos 7: 12
[12] Éxodo 32: 19
[13]Todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición, pues escrito está: «Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas» Gálatas 3: 10
viernes, 8 de junio de 2007
El Precio de ser mensajero del Rey de reyes III
1. La cruz: solo muriendo viviremos.
¡NO A LAS COMODIDADES!
El camino del discipulado no es un camino de comodidades y de arreglos económicos.
La cruz era un instrumento de tortura, al parecer de origen persa, que los romanos la usaban para infligir la pena de muerte; el condenado mismo tenía que llevar a cuestas su cruz o, más bien, la viga transversal de ella, hasta el lugar de la ejecución.
Por medio de esta imagen Jesús prepara a sus discípulos para enfrentarse a la muerte y hasta para considerarse ya muertos respecto de sí mismos y del mundo. La idea que la cruz suguiere es la de un criminal condenado a muerte.
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. [1]
No podemos amarnos a nosotros mismos más que a Jesucristo, el amor a Dios debe sobrepasar todos los demás amores incluyendo el amor propio.
“Puede que haya que sacrificar ambiciones personales, la tranquilidad, la comodidad que se hubiese podido disfrutar, puede que haya que sacrificar una excelente carrera que se pudiese haber completado en la vida, puede que tengamos que darnos cuenta que las cosas luminosas que antes nos habían deslumbrado ya nunca serán para nosotros. Pero vale la pena con tal de encontrar la verdadera felicidad encerrada en el servicio a Dios.”
“Seguramente hay que sacrificar nuestra propia voluntad, pues ningún verdadero siervo de Dios puede hacer lo que asimismo le agrada, pues el día que lo haga dejará de ser siervo, es su deber hacer lo que a su amo le agrada. El verdadero cristiano siempre lleva una cruz a cuestas.”