martes, 2 de agosto de 2016

Crónicas

Crónicas, Primero y Segundo libro de, Últimos dos libros de la Biblia hebrea. Relatan la historia de Israel desde el comienzo del mundo hasta el comienzo del período postexílico. El enfoque principal está puesto sobre el período monárquico de la historia de Israel.

Panorama general

En la mayoría de las Biblias españolas, los libros de Crónicas están ubicados después de los libros de 1 y 2 Reyes y antes de Esdras y Nehemías, reflejando el orden de los libros del Antiguo Testamento de la Septuaginta. El título en hebreo significa "los hechos de los días" (דִבְרֵי הַיָּמִים, divrey hayyamim). El título "Crónicas" proviene del título puesto por Jerónimo a los libros, "Crónica de toda la Historia Divina" (Jerónimo Chronicon Totius Divinae Historiae).

Los libros llamados 1 y 2 Crónicas en las biblias españolas eran originalmente una única obra literaria. Fueron separados en dos libros con su traducción al griego en la Septuaginta. Juntos serían el libro más largo de la Biblia. Crónicas relata la historia de Israel, remontando sus orígenes hasta la creación del mundo con el primer ser humano, Adán, hasta el final del exilio en Babilonia y el comienzo del período postexílico. El enfoque de la historia está en el reino del sur de Judá. También se detiene extensamente en David y Salomón. El relato continúa este énfasis en David enfocando los reyes davídicos.

Crónicas es el último libro en el Antiguo Testamento en el ordenamiento hebreo de la Biblia. Curtis y Madsen han sugerido que Crónicas fue ubicado al final del Antiguo Testamento debido a su tardía aceptación en el canon (posiblemente a causa de la repetición del material que se halla en Samuel y Reyes), no obstante, efectivamente configura una conclusión adecuada al Antiguo Testamento (Curtis y Madsen, Chronicles, 3). Como el Génesis, Crónicas comienza con la creación (Gén 1:1; 1 Crón 1:1) y termina con la profecía de un regreso a la tierra (Gén 50:24; 2 Crón 36:22–23) y la esperanza de redención. Probablemente el orden en que Jesús conocía la Biblia, era con Crónicas como libro de conclusión del Antiguo Testamento, como se evidencia por el comentario de Jesús sobre los mártires del Antiguo Testamento (Mat 23:35; Luc 11:51). Al referirse a todos los mártires de principio a fin, Jesús dice "desde la sangre de Abel" que fue asesinado en Gén 4:1–16, "hasta la sangre de Zacarías" que sufrió el martirio en 2 Crón 24:17–22.

Bosquejo

(1 Crón 1:1–9:44)—Prólogo genealógico: de Adán a la actualidad

(1 Crón 10:1–2 Chr 9:31)—Monarquía unificada: Saúl, David y Salomón

(2 Crón 10:1–36:16)—La historia de Judá: los reyes davídicos posteriores

(2 Crón 36:17–23)—El exilio y el retorno

Autoría

Crónicas no menciona ningún autor. No ha habido intentos recientes de identificar al autor de Crónicas con algún nombre en particular o alguna personalidad conocida. El último intento de ese tipo se remonta a comienzos del siglo XX (Albright, "Date and Personality of the Chronicler", 104–24), cuando Albright sostuvo la interpretación tradicional de que Esdras había escrito el libro. La postura de Albright surgió de un debate con Torrey (Ezra Studies), quien había procurado demostrar que el cronista había escrito la mayor parte de Esdras-Nehemías por medio de su análisis de las palabras compartidas por Crónicas y las "Memorias de Esdras" (Esd 7–10).

Albright se convenció con los argumentos de Torrey, pero estaba en desacuerdo con su conclusión histórica de que Esdras-Nehemías era material falso. Sugirió que el cronista era Esdras, lo que apoyaba su visión de la historicidad de Esdras-Nehemías pero dejaba margen para la percepción literaria de Torrey que conectaba Crónicas con Esdras-Nehemías. No obstante, los argumentos de Albright no generaron consenso y los intentos de identificar el autor de Crónicas de manera tan específica han sido abandonados. En el pasado se consideraban a Esdras, Hageo, Malaquías y Zacarías como posibles autores del libro. Pero esas sugerencias son pura especulación, ya que no hay evidencias reales que pudieran señalar particularmente alguno de esos personajes. Riley ha especulado que una "escuela" de cronistas más que un cronista individual pudo ser responsable de la composición del libro (Riley, King and Cultus). Cross ha argumentado a favor de teorías complejas de redacción múltiple, (Cross, "Reconsideration of the Judean Restoration").

Al autor de Crónicas generalmente se lo nombra sencillamente como "el cronista". Se sabe muy poco sobre el cronista, salvo lo que se puede inferir del carácter y el contenido del texto mismo.

El cronista debió haber tenido formación como escriba.

Obviamente estaba muy familiarizado con los libros bíblicos que precedieron a sus propios escritos, ya que recurre explícitamente a muchas fuentes bíblicas diferentes a lo largo del libro.

El cronista también tuvo acceso a fuentes de archivo, ya que apela a esas fuentes en muchas oportunidades.

Relación con Esdras-Nehemías

La autoría común entre Crónicas y Esdras-Nehemías tenía un amplio consenso hasta hace poco tiempo. Este consenso se debía mayormente a las similitudes en el lenguaje entre estos libros y la forma en que Crónicas termina citando la mayor parte de los tres primeros versículos de Esdras al pie de la letra. No obstante, este consenso comenzó a venirse abajo en las décadas de 1960 y 1970 y ya no es aceptado. Japhet debilitó la evidencia léxica—uno de los pilares de los argumentos de la autoría común—demostrando que, aunque Crónicas y Esdras-Nehemías comparten cierto vocabulario gracias a que provienen de un mismo período general, la terminología léxica de Crónicas en realidad está enfrentada con la de Esdras-Nehemías en formas importantes (Ej., Esdras-Nehemías llama al sumo sacerdote "gran sacerdote" [הַכֹּהֵן הַגָּדוֹל, hakkohen haggadol] mientras que Crónicas usa el término "sacerdote principal" [כֹּהֵן הָרֹאשׁ, kohen harosh] Japhet, "Supposed Common Authorship", 332–72). Más adelante la obra de Williamson separó las dos obras literarias al destacar las importantes diferencias en los temas, el énfasis y la ideología (Williamson, Israel in the book of Chronicles):

Esdras-Nehemías hace hincapié en la elección de Abram, el éxodo, la conquista de la tierra, y la caída de Israel del norte, mientras que Crónicas no menciona ninguno de esos eventos.

El cronista pone énfasis en la "retribución inmediata" mientras que Esdras-Nehemías admite que la conducta buena puede traer problemas en lugar de bendición. (Ej., los que construyen el muro de Jerusalén son perseguidos).

Las fuentes del cronista

Las principales fuentes usadas por el cronista parecen haber sido los libros del Antiguo Testamento que precedieron a su obra:

En las extensas genealogías de Crónicas, el cronista se basa en el Pentateuco y en Josué.

En diversas oportunidades el cronista se inspira claramente en el salterio (comparar 1 Crón 16:8–36; Sal 96:1–13, 105:1–45; 106:1–48).

El libro termina (2 Crón 36:22–23) con una cita de Esd 1:1–3. No obstante, el cronista se apoya mucho más en los libros de Samuel a Reyes, como se evidencia por sus extensas citas textuales de estos libros a lo largo de su obra literaria. Es probable que haya utilizado otras fuentes no canónicas (Ej. la referencia al túnel de Ezequías en 2 Crón 32:30 que no tiene su paralelo en Reyes pero es históricamente preciso) aunque ya no están en existencia.

Fecha

No se conoce la fecha exacta de su composición. Crónicas posiblemente fue escrito entre el 450 y el 330 a.C. durante el período persa. Un posible espectro de fechas se ha determinado por indicios del texto.

1 Crón Crónicas 29:7 menciona el dárico persa (un tipo de moneda persa), que no fue acuñada hasta el 515 a.C. Para que el cronista supiera de su existencia, fue necesario que transcurriera cierto tiempo para que se difundiera el uso del dárico en todo el imperio persa, lo que resulta en una fecha posterior al 500 a.C. La genealogía de Jeconías que se halla en 1 Crón 3:17–24 se extiende por lo menos seis generaciones después de Zorobabel, que fue gobernador de Judea bajo el reinado de Darío I, el emperador persa (ca. 522–486 a.C.). Debido a que los últimos nombres mencionados en esta genealogía deben preceder o ser contemporáneos del cronista y Zorobabel, una fecha alrededor del 450 a.C. (suponiendo 20 años por generación) es la fecha más antigua posible para la composición de Crónicas.

El hebreo de Crónicas no evidencia ninguna influencia griega, sugiriendo con ella que Crónicas fue escrito antes de la conquista de Palestina por Alejandro el Grande en el 333 a.C.

Audiencia y trasfondo histórico

En el año 586 a.C., Jerusalén fue destruida por los babilonios, que a su vez deportaron el grueso de la población a Babilonia (2 Rey 25:1–30). En el exilio, la comunidad de Judea mantuvo su identidad singular y anhelaba regresar a su tierra. En el 539 a.C., Ciro, el emperador persa, conquistó Babilonia y ofreció enviar a los exilados de regreso a su tierra natal para que pudieran reconstruir el templo y restaurar Jerusalén. Los que regresaron enfrentaron muchos desafíos y se debatieron por la forma de reconstruir "Israel" en la tierra que Dios les había dado, que ahora estaba gobernada por los persas y había sido parcialmente ocupada por una población mixta. Después de reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén, la comunidad judía luchó por comprender cómo sería su relación con Dios en esa nueva situación. El libro de Crónicas fue escrito para esta comunidad exiliada que participó de la restauración.

Género

Crónicas es una "historiografía" (historia escrita) ya que presenta un informe del pasado de Israel. Este interés historiográfico se puede ver en diversos rasgos literarios. Crónicas comienza con nueve capítulos de pura genealogía (1 Crón 1:1–9:44), lo que manifiesta un evidente interés histórico. Crónicas también contiene muchas otras listas, que también revelan el interés del autor por ese aspecto.

La naturaleza de la historiografía del cronista está en discusión. El cronista demostró mucha libertad al elegir, organizar e incluso cambiar los materiales de sus fuentes. No obstante, toda escritura de historia implica creatividad y la selección, omisión e interpretación de las fuentes del historiador. La omisión del cronista de todo relato vinculado únicamente con el reino del norte de Israel, demuestra que era selectivo. También omite la mayoría de los relatos que contienen los pecados de David (Ej. su adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías) y de Salomón (Ej. sus muchas esposas y su participación en la idolatría). El cronista no necesariamente fue intencionalmente engañoso en su selectividad. McKenzie sostiene que el cronista daba claramente por supuesto que su audiencia conocía la historia completa de los pecados de David y Salomón y que sencillamente optó por omitirlos para poner atención a sus propios énfasis (McKenzie, "The Chronicler as Redactor", 70–90).

Las diferencias entre Samuel-Reyes y Crónicas puede deberse a la interpretación que dio el cronista a sus fuentes. En la revisión del cronista de 2 Sam 24:1, que describe al Señor instigando a David a hacer un censo, el cronista presenta a Satanás incitando a David en lugar del Señor (1 Crón 21:1). Este cambio puede deberse a que el cronista escribió en un período de tiempo posterior; puede representar un desarrollo teológico que entendía a Dios como obrando con frecuencia por medio de sus intermediarios divinos (comparar Evans, "Divine Intermediaries", 545–48). Este proceso refleja a los autores del Nuevo Testamento que citaban al Antiguo Testamento interpretativa y teológicamente. De manera similar, el cronista tenía libertad para poner en forma explícita en su nuevo texto lo que veía en forma implícita en sus textos de fuente.

Otras divergencias entre Crónicas y Samuel-Reyes son más difíciles de explicar. La historiografía del cronista tenía principalmente intereses teológicos lo que difiere de la historiografía moderna. La omisión de ciertos pasajes, o el agregado de nuevos relatos, se veía como algo necesario para comunicar el mensaje que el cronista pensaba que Dios quería que entregara. Tales omisiones y agregados eran típicos en la historia escrita de la antigüedad. Sin embargo, el cronista todavía estaba limitado por sus fuentes y la verdad de la historia. Por ejemplo, a pesar del claro deseo de destacar el papel de David en el establecimiento del templo de Jerusalén, no podía presentar a David como su constructor. Los textos fuente eran claros en este asunto, lo mismo que la historia conocida sobre el tema. La historiografía del cronista, como toda la historiografía antigua, era un intento creativo de interpretar los hechos del pasado y extraer de ellos su significado para el presente.

Temas

David y los reyes davídicos. Los reyes davídicos son los principales personajes de la historia de Israel escrita por el cronista. El cronista comienza su relato con el primer rey de Israel, Saúl, sólo para mostrar que Saúl fracasó y preparar a los lectores para el verdadero buen rey—David. El relato de Saúl es prácticamente omitido de la fuente del cronista, sólo se retiene la parte que relata la muerte del monarca (1 Crón 10:1–4). Inmediatamente después de la muerte de Saúl, se establece sobre todo Israel el reinado de David (1 Crón 11:1–3). Esto no refleja la larga lucha que experimentó David para llegar a ser rey, como se refleja en los libros de Samuel. El reinado de David se presenta claramente como para el bien de Israel, y al rey se lo presenta expresamente como un monarca ideal (1 Crón 14:2). David buscó a Dios de todo corazón y fue responsable de la institución de la verdadera adoración en Israel. Aunque en realidad fue Salomón quien construyó el templo, en Crónicas es David quien maneja toda la extensa preparación para el proyecto de construcción (1 Crón 22:1–19), lo mismo que su administración (1 Crón 23:1–25:31).

Al presentar a David como el fundador de la verdadera adoración, el cronista recalca la responsabilidad de los reyes davídicos de mantener la verdadera adoración en el reino. La relación del monarca con la adoración correcta es la medida para juzgar a los siguientes reyes. Algunos reyes abandonaron la verdadera adoración y siguieron a otros dioses (Ej. Acaz, Manasés), mientras que otros reyes fueron fieles y restauraron la verdadera adoración cuando había sido abandonada (Ej. Ezequías, Josías). Esta preocupación por la forma en que los reyes de Judá mantenían la adoración correcta y el templo, está caracterizada incluso en los relatos de Abías y Ezequías.

En Crónicas, los reyes davídicos también representaban al pueblo en oración ante Dios (2 Crón 6:18–42). El trono en que presidían los reyes davídicos no era otro que el trono de Dios (1 Crón 17:14; 28:5; 29:23). Para el cronista, cuando el reino de Israel del norte rechazaba al rey davídico, estaba rechazando al mismo Señor (2 Crón 13:4–12). Esta exaltación del ideal davídico puede significar que el cronista expresaba la esperanza de la reinstitución restitución de la monarquía davídica, a pesar del hecho de que en los días del cronista, gobernaban los persas y no había ninguna monarquía en Jerusalén.

El templo y los levitas. El cronista está claramente preocupado por el templo y los levitas. Incluso la introducción genealógica del libro (1 Crón 1:1–9:44) demuestra esta preocupación, ya que menciona el templo (1 Crón 6:10) y ubica la genealogía de los levitas en el centro (1 Crón 6:1–81). Sparks sostuvo que la genealogía levita forma el centro de la estructura de quiasmo de las genealogías que destacan a los levitas y el culto como centro de la vida de Israel (Sparks, Chronicler's Genealogies). A diferencia de la presentación de David en Samuel-Reyes, la carrera de David se centra en torno al templo en Crónicas:

Los primeros actos de David como rey están dirigidos a la conquista de Jerusalén (1 Crón 11:1–3) y a traer el arca a Jerusalén (1 Crón 13:1–16:43).

El profeta Natán luego le da un oráculo a David autorizando a su hijo a construir el templo (1 Crón 17:1–15).

En las guerras que siguieron (1 Crón 18:1–20:8), David acumula una vasta cantidad de bronce, que Salomón utilizó en la construcción del templo.

A pesar de que el relato del censo (2 Sam 24:1–25) estropea el que de otra manera hubiera sido un registro perfecto de David en Crónicas, se incluye la historia (1 Crón 21:1–30) para mostrar la elección divina del sitio del templo (1 Crón 22:1). David no solamente hace extensos preparativos para la construcción del templo (1 Crón 22:1–29:30), se dice que el diseño mismo del templo fue entregado por escrito explícitamente a David por Dios (1 Crón 28:19).

En Crónicas, el reinado de Salomón está dominado por su rol de constructor del templo; su importancia está principalmente ligada a ello. El cronista acortó el relato de la construcción del templo (2 Crón 3:1–4:22) comparado con el relato de 1 Reyes, pero alargó el relato de las ceremonias de la dedicación del templo (2 Crón 5:1–7:22). Esto demuestra que tenía menos interés en la estructura física del templo que en su importancia teológica.

En Crónicas, el sacerdocio levítico, junto con el rey davídico, eran los responsables de sostener la adoración a Dios. David trabajó estrechamente con los levitas (comparar 1 Crón 23:1–26:32) en el establecimiento de las prácticas de adoración (particularmente en el aspecto musical de la adoración). Sólo los levitas podían administrar la adoración correcta en el templo (2 Crón 26:16–18). Los levitas intervenían para preservar la línea davídica cuando ésta era amenazada (2 Crón 22:10–23:21). Este énfasis en los reyes davídicos y los sacerdotes levíticos refleja las reales condiciones de gobierno bajo las que vivía la audiencia original cuando regresaron del exilio (comparar Zac 2:4). Esto puede reflejar un aspecto del propósito del cronista en cuanto intentó legitimar las prácticas de la comunidad postexílica cimentándolas en la era preexílica y en la época de David mismo (McKenzie, Chronicles, 54).

Todo Israel. En Crónicas, el término "todo Israel" revela un importante énfasis del cronista. Lo utiliza para referirse al Israel del norte (2 Crón 13:4), al reino de Judá del sur (2 Crón 11:3), o todos los israelitas juntos (1 Crón 11:1). Para el cronista "Israel" hacía referencia a un pueblo que tenía una relación especial con el Señor y era responsable ante su Dios. A pesar del énfasis en la responsabilidad del rey davídico y de los sacerdotes levitas en la continuidad de la relación con el Señor por medio del culto, el pueblo mismo es visto como responsable ante Dios (Ej., 2 Crón 11:3–4, 16–17; 13:14; 15:9–15). Este uso de "todo Israel" permitió al cronista destacar la responsabilidad de cada generación de sostener una relación adecuada con Dios.

Profecía. En Crónicas, hay muchos profetas conocidos con los títulos tradicionales de "profeta" (נָבִיא, navi'), "vidente" (רֹאֶה, ro'eh), u "hombre de Dios" (אִישׁ הָאֱלֹהִים, ish ha'elohim). También hay otros que hablan proféticamente pero no se los menciona con esos títulos. Aunque los profetas oficiales se dirigen con frecuencia a los reyes, esos otros hombres que hablaban proféticamente se dirigen principalmente al pueblo y se los ve interpretando y aplicando tradiciones proféticas anteriores a las situaciones presentes. El cronista parece ampliar la definición de un profeta para incluir a los cantores y los levitas. Por ejemplo, en 1 Crón 25:1 dice que Asaf, Hemán, y Jedutún (músicos del templo) "profetizan" (נבא, nb') con sus instrumentos.

De manera similar, 2 Crón 34:30 muestra al cronista equiparando levitas con profetas cuando reescribe su texto fuente. 2 Rey 23:2 dice: "Y subió el rey a la casa de Jehová con todos los varones de Judá, y con todos los moradores de Jerusalén, con los sacerdotes y profetas, y con todo el pueblo". En Crónicas, esto se presenta como "Y subió el rey a la casa de Jehová, y con él todos los varones de Judá, y los moradores de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas, y todo el pueblo" (2 Crón 34:30). A la vez, algunos levitas son mencionados con títulos proféticos (2 Crón 20:20; 35:15) y se los presenta como si profetizaran tal como un profeta (2 Crón 20:14–17).

Crónicas puede representar una etapa de transición en que "la palabra del Señor" estaba comenzando a ser vista no sólo como profecías orales sino también escritas (como las de Moisés) o la Escritura (comparar Schniedewind, Word of God in Transition). Esto se puede ver en 2 Crón 34:21 NTV, donde el cronista reescribe la frase [no han] "obedecido las palabras de este libro" de su texto fuente (2 Rey 22:13 NTV) cambiándola por [no] "obedecieron la palabra del Señor". Este pasaje hacia el contenido escrito de las Escrituras, es fundamental tanto para el judaísmo como para el cristianismo ya que ambas son creencias basadas en textos.

Mensaje teológico

El cronista buscaba estimular la comunidad postexílica volviendo a contar su historia de una nueva manera. Los libros de Samuel-Reyes fueron escritos en el exilio, y procuraban explicar por qué había ocurrido ese exilio (el pecado de Israel), que era lo que necesitaba escuchar su audiencia original. En cambio, la audiencia del cronista postexílico necesitaba saber que Dios seguía interesado en ellos. Crónicas procura estimular a la comunidad de la restauración poniendo el énfasis en la continuidad entre su situación presente y el período preexílico, y resaltando su herencia como pueblo de Dios y herederos de las promesas a David. Samuel-Reyes había resaltado la idolatría como una de las razones principales del exilio (2 Rey 17:7–18); no obstante, el cronista mira más allá de este síntoma superficial a la raíz del problema de "abandonar al Señor". Este problema de raíz queda demostrado en Crónicas por el descuido de Israel de mantener su relación con el Señor a través de la verdadera adoración. "Buscar al Señor" exige una respuesta completa del pueblo a él.

En Crónicas el principal significado de los reyes davídicos es su relación con el templo y su religión. Riley ha sostenido que en Crónicas, el único propósito de la monarquía era establecer la adoración correcta en Israel a través del culto (Riley, King and Cultus)—el énfasis del cronista en la línea davídica no es animar al restablecimiento de la monarquía. Aunque los días de la monarquía habían terminado, el pacto davídico permanecía (Riley, King and Cultus, 201). Es así que el vínculo que estableció el cronista entre el pacto davídico y la adoración en el templo, estimuló a la audiencia del cronista a verse a sí misma como partícipe del pacto davídico, por medio del compromiso con la verdadera adoración.

Mientras que el texto fuente del cronista en Samuel-Reyes explicaba el exilio resaltando la creciente acumulación de pecados de los reyes (2 Rey 23:26; 24:3), según la perspectiva del cronista el destino de Israel nunca está sellado. Cada generación puede elegir buscar al Señor de todo corazón y ser bendecida. 2 Crón 7:14 demuestra este punto teológico: "si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra".

El mensaje del cronista requiere una respuesta en el presente. Al volver a contar la historia de Israel, la comunidad postexílica podría ver la relación de causa y efecto entre buscar o abandonar al Señor y aplicarlo a sus circunstancias presentes. "Todo Israel" no aplicaba únicamente a la nación en los gloriosos días de la monarquía. La comunidad de la restauración era "todo Israel" y podían buscar a Dios incondicionalmente en la verdadera adoración, y por medio de ello participar en las promesas de David en su situación presente. Crónicas exige a sus lectores (antiguos y modernos) buscar al Señor por sí mismos, y al hacerlo podrán esperar el flujo de la bendición del Señor.

Bibliografía

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Riley, William. King and Cultus in Chronicles: Worship and the Reinterpretation of History. Journal for the Study of the Old Testament: Supplement Series 160. Sheffield: JSOT Press, 1993.

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Paul S. Evans


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